A Sala Llena

Frozen, una aventura congelada (Frozen)

Frozen,
una aventura congelada
(Frozen, Estados Unidos, 2013)

Dirección: Chris
Buck, Jennifer Lee. Guión: Jennifer
Lee  Elenco: Kristen Bell, Idina Menzel,
Jonathan Groff, Josh Gad. Producción:
Peter Del Vecho. Distribuidora: Buena
Vista. Duración: 108 minutos.

Powerful
Girls

La historia de Disney demuestra que las fórmulas
que siempre la sacan de cualquier pozo son las propias, por más que le compre a
George Lucas los derechos de Star Wars,
a Paramount los de Indiana Jones, y previamente haya adquirido -incluso-
un competidor, los Estudios Pixar. La estructura símil cuento de hadas y el
poder narrativo de sus películas más clásicas han renacido tres años atrás con Enredados, aquel film basado en Rapunzel. En Frozen, la gran aventura de una princesa se desarrolla de la misma
manera que otros cuentos adaptados por Disney en su época de oro, casi a la par
del clasicismo de Hollywood. Es el renacer de ese gusto por las narraciones
clásicas, por las historias que se deslizan por la senda de un devenir preconfigurado
pero cargado de variaciones, en un rango que va desde la sutileza hasta la evidencia
firme. En este último extremo encontramos el riesgo tomado por el gigante de la
animación, riesgo que funciona como un ajuste de la dioptría de los tiempos actuales.

Frozen es ante
todo una aventura y no hay dudas de eso. El archiconocido camino del héroe
(aquí tachamos “héroe” y escribimos “heroína”) se despliega en pocos minutos.
La joven princesa Anna se lanza a la búsqueda de su hermana Elsa, recientemente
coronada reina, luego de que se le revelase su poder/ maldición de convertir
todo lo que toca en hielo, hasta eventualmente provocar el congelamiento y el
invierno eterno de su reino. Que Anna sea el vector de la historia y su hermana
el “tesoro” demuestra que -si bien Disney decide apostar a su vieja fórmula de
cuentito popular- los tiempos han cambiado, un poco al menos. En Frozen, las mujeres pueden tomar las riendas de la historia y resolver sus
propios problemas, mientras que algunos personajes masculinos colaboran -siempre
en segundo plano- y otros se muestran cínicos y sedientos de poder, rasgos
psicológicos que anteriormente estaban restringidos a brujas, hechiceras y
reinas malvadas.

La pequeña curva de estos tiempos que toma Frozen, para encausar una historia bien femenina, no quita que se le
escape las chances de enviar sus mensajes sobre el “amor verdadero” y otros
motivos similares, amén de esa mirada perversa y cruel que suele aparecer;
pensemos sin ir más lejos en El Rey León
o en la clásica Bambi, probablemente
una de las películas infantiles más desalmadas de la historia. Aquí esta característica
aparece en un tono algo apagado. En oposición, personajes queribles como el
hombre de nieve Olaf y los animales (infaltables) equilibran el peso dramático
con algo de slapstick comedy, especialmente
hacia la segunda mitad. Si ignoramos el habitual tratamiento de Disney sobre
culturas diferentes (hay pequeñas estelas de racismo sobre la cultura Sami en Frozen), el clasicismo formal y la
mirada actualizada -en particular sobre los personajes femeninos- de esta nueva
entrega del estudio del ratón más famoso prueban que las historias (y la
construcción de los relatos) son su patrimonio más importante.

Por José Tripodero


Clásica y moderna

Reinas, princesas, príncipes, castillos, animales parlantes
(o casi), un bufón bien gracioso y villanos llenos de maldad. Todos los
elementos están a la orden del día para que Disney nos entregue otra de sus
historias clásicas. Sin embargo, así como Pixar nos brindó hace poco en Valiente una heroína más moderna, la
empresa del ratón más famoso también acomodó su historia dándole un par de
vueltas de tuerca a los tópicos tradicionales. Es como si hubiera tomado nota
del video que se viralizó en los últimos meses en donde una niña acusaba a las
princesas de Disney de ser “unas boludas” que esperaban a que su príncipe las
salvara en vez de tomar la sartén por el mango.

Frozen: Una Aventura
Congelada
cuenta la
historia de Elsa, la futura reina de Arendelle, y su hermana Anna. Elsa tiene
el desafortunado poder mágico de congelar todo lo que toca y por eso se ha
distanciado de su hermana. El día de la coronación, Elsa provoca por accidente que
todo el pueblo se congele y Arendelle deba sufrir un invierno eterno.
Empecinada en alejarse de Anna para no lastimarla, la Reina escapa a las montañas
y su pequeña hermana hará todo lo posible por encontrarla y deshacer el hechizo
de hielo. En el camino, conocerá a Kristoff -un vendedor ambulante bastante gruñón-,
a Sven -su simpático reno-  y a Olaf -un
muñeco de nieve algo tontuelo, pero de gran corazón-.

Los componentes clásicos y los giros más modernos están bien
mezclados a lo largo de esta historia escrita por Jeniffer Lee (también
directora junto a Chris Buck) y basada en el cuento La Reina de las Nieves, de Hans Christian Andersen. No faltarán las
canciones -de hecho, son bastantes- que transformarán por momentos a este
cuento en un musical y harán que los niños salgan cantando de la sala. El
humor, sostenido fuertemente por las tonterías de Olaf y los gestos compinches
de Sven, se apoya también en una cuota importante de humor físico, en donde
Anna y Kristoff tienen un papel preponderante.

Si bien es un filme apuntado hacia un público pequeño y principalmente
femenino y que no cuenta con ningún guiño hacia el espectador adulto, Disney
sabe cómo hacer una historia apta para todo público. Frozen acierta en la diversión, en la aventura y en darle un
pequeño toque distintivo que corre de lugar al cuento de hadas que vimos desde
pequeños.

Por Juan Pablo Ferré

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