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CRÍTICAS - CINE

X-Men: Primera Generación

X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, EE.UU, 2011)

Dirección: Matthew Vaughn. Guión: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Matthew Vaughn. Elenco: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, Jennifer Lawrence, Oliver Platt, Michael Ironside, Hugh Jackman. Producción: Gregory Goodman, Simon Kinberg, Lauren Shuler Donner, Bryan Singer. Distribuidora: Fox. Duración: 132 minutos.

Secuelas agotadas, seguimos con precuelas…

Esta es una fórmula recurrente en la actualidad, ya hace varios años que cuando un film exitoso comienza a engendrar secuelas y el producto se desgasta se busca la vuelta de volver a las bases con dos posibles ideas: 1) Realizar una remake del original. 2) Realizar una precuela, siempre y cuando esto sea posible argumentalmente.

Gracias a la conjunción Donner / Singer, la saga del comic X-Men brindó una fresca revitalización sobre aquellos superhéroes de acción que no habían encontrado hasta el momento su salida cinematográfica; la respuesta del público en interesarse por este tipo de propuestas permitieron que superhéroes como Daredevil, Hulk, Watchmen, Iron Man lo logren. Abierta esta brecha gracias a Spider-Man también, ya los héroes como Superman habían quedado un poco en el olvido, resurgieron igualmente con la puja de Singer entre dejar la franquicia de X-Men por una nueva del encapotado. La saga de Batman jamás vió misfortuna, salvo por la segunda incursión de Joel Schumacher que hizo temblar a los chairmans de Warner, por suerte Christopher Nolan no sólo reinventó esta saga sino que le dio un aire fresco y garantizó por el momento unas cuantas secuelas más.

Con X-Men y su trilogía que no daba pie a secuelas, comenzó una nueva etapa, la de contar la historia de origen de cada personaje, surgió el olvidable producto X-Men Origins: Wolverine y ahora continuando con Magneto, el proyecto spin off que debería denominarse X-Men Origins: Magneto, curiosamente tomó otra rienda pluralista y abarcar así con su título al resto de los mutantes X-Men: Primera Generación, aunque la columna vertebral del film es la historia de cómo Eric Lensherr se convierte en Magneto.

El film inicia al igual que la primer entrega de la saga, con Eric de pequeño torciendo con su poder las barras metálicas de un portón, en pleno auge del nazismo donde se ve confinado por un experto en genética que toma conocimiento de su don, con el afán de adquirir genéticamente las mismas cualidades. Es así como Eric, ante una fortuita e irrecuperable pérdida, matan a su madre frente a sus ojos por no haber podido utilizar sus poderes como le habría sido solicitado. Esto genera en el una fuerza motora que años después despierta tras el conocimiento del paradero del asesino, búsqueda que lo lleva a nuestra región, la Argentina que alberga nazis en una desacertada Villa Gesell con ¡¿montañas?!.

Paralelamente se narra la historia de origen de Xavier, el mutante que dirigiera y se convirtiera en el prócer de la escuela de X-Men, con su facilidad para poder ingresar en las mentes y un equipo que le permite rastrear a los demás mutantes sobre la faz de la Tierra. La incorporación de miembros que van conformando un grupo y mostrándose unos a otros sus distintos dones tampoco es novedoso, sí limitado, son pocos, se bautizan con sobrenombres y realizan actos demasiado infantiles en comparación con la violencia y tono que tenía el primer film de la saga. Esto es algo que se ha hecho notar demasiado, el cambio radical de postura, la infantilidad de diálogos, se extirpó la crueldad de los personajes iniciales, todo vestigio de fluidos como lo es la sangre, todo indica que el motivo no es otro más que comercial, debido al reiterado cuidado que estos proyectos tienen para no ser clasificados del tal manera que no puedan concurrir menores a las salas y esto quite una abundante porción de asistentes a las salas de proyección.

Primera Generación es un film bastante monótono, algún cameo y posterior comicidad en un diálogo revitalizan la narración, cuyos últimos minutos, grandielocuentes y repletos de efectos visuales terminan por brindarle mayor notoriedad al olvidable producto que en las otras ¾ partes se había convertido. Se torna inimaginable creer que Matthew Vaughn, director de una de las sorpresas cinematográficas del 2010 (Kick Ass), haya concebido otra de superhéroes, tan desabrida en comparación con su anterior proyecto.

PD: ¿por qué esta copia se veía y escuchaba tan mal en su función de prensa?

Por: Jose Luis De Lorenzo

 

Los mutantes también nacen pequeños

Otra película de superhéroes, otra película basada en un comic, otra “franquicia” que se vuelve a comer de cero. Si ves películas desde 2000 o antes, sabes qué significa esto, no es la primera vez que pasa y no será la última. Ahora bien, aunque tal vez innecesario, esa movida de borrón y cuenta nueva ha tenido resultados interesantes. Sin tener la intención de desprestigiar las Batman de Tim Burton, la mirada de Nolan sobre el héroe de Ciudad Gótica es por demás interesante, y es la prueba más fácil de señalar que, retomar buenos personajes, vale la pena. Como si fuera poco, aquellos que son amigos de las novelas gráficas (Comics para el resto de los mortales), saben que esto es algo que pasa todo el tiempo, tanto en Marvel como en DC. Los personajes de historietas, han nacido y muerto tantas veces como historias ha habido para contar. Al final de cuentas, los superhéroes son solo una excusa para hablar de otra cosa, acá lo que importa es que tiene Matthew Vaughn para decir, y sobre eso me explayo.

La infancia puede ser dura, ser un “outsider”, un “rechazado”, no es fácil. Todos en algún momento nos sentimos así, pero lo interesante es como esto nos define, o en este caso, define a los personajes. Está quien se acepta su distinción, su naturaleza, quien se define por quien es, y está quien rechaza esta idea, y que se define por quien no es. Entre esos dos polos, en esos grises que se van abriendo, se van ubicando cada uno de los personajes de la saga, ya desde sus primeros pasos. Lo curioso de todo esto, es que esa definición, ese “quien soy”, no necesariamente mantiene una relación con el objetivo o meta del personaje. La riqueza de X-Men siempre estuvo en que, más allá de que siempre hubo una figura negativa, el villano no es, necesariamente un “malo”, sino que siempre fue un personaje que se para del otro lado de esa escala de grises. Esta versión de X-Men se dedica a explicar esos origines, situando al film como una suerte de espejo que nos devuelve la mirada de cada uno de los mutantes, no desde el punto de vista del ser humano, sino de cómo se ven ellos a sí mismos, y esta es una distinción que vale la pena hacer. Acá no hay una mirada sobre la legalidad, o metáfora sobre la discriminación, al menos no es sobre eso “de lo que va” la película. Aquí el eje es la identidad.

Este cambio de posición sobre la saga, en cierto punto similar al cambio que se dio con el hombre murciélago cuando lo tomó Cristopher Nolan, le otorgó a los mutantes, a falta de una mejor palabra, humanidad. X-Men: Primera Generación se aleja del festival de FX de los últimos dos largometrajes relacionados con el comic de Marvel, y se acerca a algo más emotivo y dramático. Digo esto sin tener la intención de hablar de la película como un drama, sino haciendo clara referencia a que lo que importa no es tanto lo que pasa en la pantalla, que de hecho es por demás entretenido, sino a que la verdadera riqueza está en aquello que le pasa a los personajes a nivel interno, la tensión que se construye entre quiénes son, quiénes creen ser, y como creen ser vistos. Eso es, de hecho, la esencia de la narración.

Una vez aclarado eso y yendo directamente a lo cinematográfico, Vaughn logró trasladar esa emotividad a la pantalla. Desde la paleta de colores, ya alejados de los trajes negros, la película propone y va construyendo algo distinto y fresco. El recambio de generación era un desafío para el casting, y debo confesar que si bien se alejan del registro actoral de los interpretes anteriores, el reparto logró adaptarse a las necesidades tanto del film como de los propios personajes, no me cabe duda de que no todos estarán felices con el camino tomado, pero debo decir que James McAvoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence, lograron algo interesante, principalmente el primero. Dejando de lado el trío protagónico, tenemos a Kevin Bacon en un rol muy peculiar, ya que si bien es un actor que ha demostrado ser muy dúctil para trabajar en distintos géneros, logra un personaje muy rico de algo que tranquilamente podría ser un clisé. Siguiendo con lo actoral, estén atentos a los cameos, no solo de gente vinculada al mundo X-Men, sino a actores reconocidos en pequeños roles.

Si bien el film en su afán de dramatizar y darle humanidad a los personajes se topa con algunos detalles inconclusos y escenas que se podrían señalarse como defectuosas, el resultado es claramente positivo. Hay acción bien dosificada, acompañada por una narración encarada con inteligencia, generando un film entretenido y fresco, que no solo resiste la comparación con las X-Men de Singer sino que en más de un aspecto las supera.

Por: Tomás M. Luzzani
[email protected]

 

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