A Sala Llena

Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío

 

Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío.

Autoría / Dirección: Patricio Abadi. Vestuario: Ana Nieves Ventura. Escenografía: Lorena Booth, Luciana Rodríguez. Iluminación: Hernando Dávalos. Maquillaje: Viviana Aronno. Colaboración artística: Marcelo Gil Coreografía: Sofía Mazza Letras de canciones: Patricio Abadi. Elenco: Patricio Abadi, Sergio Barattucci, Umbra Colombo, Natalia Farano, Marcelo Frasca, Coral Gabaglio, Junior Lareo, Cecilia Layus, Ana Nieves Ventura, Sofia Vilaro.

Ya el nombre llama la atención, es original, lo mismo sucede con la obra. Desde el vamos se rompen los esquemas, la sala se usa de forma no convencional, los personajes salen de lugares inesperados y al igual que en el título, en escena también se juega, mucho, con las palabras.

Para explicar de que va la obra se puede decir que es una sucesión de monólogos. Dista de ser “stand up”, genero que suele caer en cierta pose desde la que se tiran los textos sin afectación emocional, en este caso pasa todo lo contrario. Los personajes están alterados lo que dicen lo sienten, lo que sienten lo dicen y eso es lo que afecta de manera positiva, catártica, al espectador. Quizá se podría etiquetar como un Vodevil, en realidad le cabe mejor, como se auto identifica la obra, el término Cárnevil.  

Como se sugiere en el título la carne es el hilo conductor,  lo que une a los monólogos, el punto en común entre los personajes. La carne en todas sus acepciones, la que comemos, la que tocamos, la que deseamos, la que llevamos bajo la piel. Esto desemboca en erotismo, violencia, dolor y casi sin buscarlo llega el humor, en palabras del autor / director:  “La felicidad como ráfaga inasible, el suicidio, la muerte, el humor. humor como huída de la muerte, humor para no esperar pasivamente aquello que se presenta inexorable, humor como suspensión, humor que se piensa inteligente, humor filosófico, humor poético, humor idiota, humor que fracasa, humor que no logra ser percibido como humor”

Si bien se basa en monólogos, además de tener puntos en común en sus discursos, los personajes se cruzan, se relacionan entre si, cantan y bailan. Se le podrían agregar más acciones, más situaciones independientes del texto, pero a veces es mejor sugerir que mostrarlo todo. Así tal como se representan los textos logran generar imágenes,  podemos representarnos mentalmente las situaciones gracias a que los personajes están bien construidos, con una psicología definida (para el diván, pero definida) inmersos en historias y contextos particulares. Bien interpretados, con buenas actuaciones, manteniendo cierto nivel de intensidad, haciendo que podamos sentir que los textos salen de las entrañas de los personajes.

Se ve que los actores tienen los textos bien digeridos, no es un dato menor el hecho de que sea la cuarta temporada consecutiva, lo que hace que este todo consolidado, pero también demuestra la solidez de la obra  para sostenerse en el tiempo.

El fuerte de la obra es contar con textos y personajes muy bien logrados. Los textos son certeros, contundentes, no tienen desperdicio. Cabe destacar a Patricio Abadi tanto en su rol de autor como de director por elaborar una digna pieza dramatúrgica, que pasa muy bien del papel al escenario, al cuerpo de los actores, los textos se hacen carne.

A la hora de ir al teatro pueden pensar en matambre.

 

Por Jonathan Sassón

De Carne Somos…

Posiblemente estemos frente a un nuevo clásico del teatro porteño. Uno de esos espectáculos que trascienden el paso del tiempo y permiten que se renueve el público, que se renueven los artistas, pero que la carne quede en el asador.

Así como La Lección de Anatomía ha sobrevivido desde su creación, y por ella han pasado muchos de los mejores comediantes y actores de hoy en día. Así como Mosquito Sancineto sigue siendo el patriarca de los shows de improvisación, Patricio Abadi ha encontrado su localcito y muy posiblemente tengamos morcilla para rato.

Como maquina de cortar chorizos van pasando los intérpretes de estos divertidísimos monólogos. Abadi, jugando el rol de estanciero tejano nos invita a reposar en su corral, a relajarnos y pasar un rato alegre… supuestamente.

Lo que sigue es un verdadero festival de tripas hecho a puro seso. Los personajes, son patéticos miembros de esta sociedad, que transforman la depresión en humor, la convivencia con la soledad en risa, las relaciones con los suegros en una clara muestra de originalidad macabra, el sexo en un box de ring orgiástico, la muerte y el recuerdo toman vuelo futbolero, y la nostalgia se incorpora en deseo.

Sueños, fantasías, desilusiones, frustraciones, recuerdos podridos. Todo es carne, todo tiene piel y hueso. Ante el absurdo absoluto, Abadi nos muestra a esta manga de perdedores, que van rumbo al matadero. Uno por uno. Diez monólogos en una hora.

Los personajes son ni más ni menos que un reflejo, una observación de nuestra existencia… Una existencia vacía. ¿Acaso quien nunca pensó en matambre?

Dinámica, divertida, ingeniosa, honesta, sencilla, original. La falta de pretensiones es lo que provoca que sea una obra rica y dinámica. 5 minutos por número, perfecto para no soltar los chinchulines del público, mantener atenta la visión. Cada espectador va a conectarse más o menos con otro número, pero es infalible el espectáculo entero. Ni uno solo de los intérpretes sale de la manada. Cada uno es sensacional, desde Sergio Baratucci, que el sábado pasado hizo dos monólogos soberbios, pasando por la gracia y agilidad de Junior Lareo, la violenta sensualidad de Anahí Ribeiro, el descalabro sexual y psicológico que se atreven a exhibir Natalia Farano y Ana Nieves Ventura hasta el ingenio puro a cargo del propio Abadi y el magistral monólogo final que inspira un poco la estructura de esta crítica.

En la misma presentación, hubo tres noveles invitados: María Inés Pasel, Sofía Guggiari y Agustín Lambiase. Los tres demostraron gran desenvolvimientos escénico en números para nada fáciles.

Para reir o llorar, Ya no Pienso en Matambre ni le temo al Vacío, da pie a reflexiones sobre nuestras costumbres, relaciones sociales o instintos más básicos.

Una patada a la criadilla.

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Por Rodolfo Weisskirch

Teatro: La Clac – AV. de Mayo 1156

Funciones: Sábado – 23:00 hs – Ultimas 10 Funciones del Año

Entrada: $35 

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