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Cine

El vengador tóxico (The Toxic Avenger)

Totalmente salvaje e incontrolado, incondicional con sus fanáticos al punto de preanunciar el fan service, irreverente como un niño malcriado, iconoclasta como un anarquista, maleducado, tosco, rústico, barato, hilarante y subterráneamente viral es el cine de Troma Entertainment, empresa fundada por Lloyd Kaufman y Michael Herz hace más de cuarenta años para proponer otro tipo de abordaje a la guerrilla de las películas no convencionales, de las películas narrativas de ficción construidas bajo parámetros de producción vinculados a lo monetariamente paupérrimo y con una posición ambiciosa pero no codiciosa frente al mercado. 

Ambos son también los productores y directores de El vengador tóxico, la original de 1984, aquel caballito de batalla que dio como resultado hijastros ultraviolentos (por lo menos tres secuelas) y otros productos de bajísimo presupuesto que somatizaban la amoralidad de una década de los ochenta ensamblada a los inicios de los noventa de manera tan cruenta como lo hiciera la novela “American Psycho” de Bret Easton Ellis, pero desde el territorio del humor negro, no menos cruel que las sesiones de tortura del yuppie que años después interpretó Christian Bale. 

Con la llegada de este remake se publica nuevamente su retorcida génesis, que inicia en 2010 con una lista de actores que incluía a Arnold Schwarzenegger (¿?) y continúa con la batalla por los derechos que finalmente obtiene Legendary Pictures en 2018, la contratación de Macon Blair en 2019, el rodaje en Bulgaria para abaratar costos en 2021 y el inicio de la recta final que culminaría con lo que finalmente podemos ver quince años después, a partir de su inusitadamente tardío y selecto estreno en agosto de este año en Estados Unidos. 

Entre tanta superproducción presupuestariamente elefantiásica, se agradece este nuevo y modesto bálsamo de Troma a contrapelo de todo, aunque hay que aclarar que Troma en esta oportunidad apenas acompaña el proyecto comandado por Legendary Pictures, oficiando Kaufman de consultor de luxe, pero sólo consultor, y un infalible proveedor de cameos en la estirpe presencial de un Stan Lee, pero con traje menos oneroso. La nueva El vengador tóxico no prescinde de Toxie, su protagonista, lo cual no sorprende. Pero tampoco prescinde de su tradicional espíritu ahorrativo a pesar de tener a Legendary Pictures detrás. Esto sí sorprende. ¿Contagio tromático? ¿Tromatización del cine? Lo estrafalario le da la mano a la dinamita, y, contrariando al Principito, lo esencial es visible a los ojos: efectos prácticos artesanales, cero IA y poco y nulo deseo de tomarse con seriedad algo que descansa en la imposibilidad de saberse tomado en serio. Lo que hacen Peter Dinklage, Kevin Bacon y Elijah Wood es una incursión a los subsuelos de sus billeteras; pura entrega a sabiendas de que el cheque en esta oportunidad es más flaco y a cobrar no sabés cuándo. 

En 1984, El vengador tóxico, hecha con menos de medio millón de dólares, funcionaba a mucha honra como portaestandarte del cine-espectáculo reducido a su mínima expresión y también, dentro de su estrafalaria polivalencia, como alegoría del racismo de la era Reagan. No existen razones para que la alegoría traslade hoy sus oficinas a otro campo de la batalla social estando Donald Trump en el trono real. Las constantes han resultado invariables. El racismo en Estados Unidos sigue en plena forma, por más que la vasta presencia de la comunidad afroamericana en el Hollywood actual quiera aplicar paños fríos a la cosa. La diversidad suele ser una bandera que se enarbola en las avenidas de la comunicación parlamentaria, pero que a puertas cerradas funciona con palpables limitaciones de oficio y credo. Por eso Toxie, el personaje, y éste es uno de sus atributos, no funciona bajo los parámetros de la malicia figurativa. No es un villano, aunque pudo serlo, ya que nació en una década que dio a luz monstruosidades diabólicas como Freddy, Michael Myers o Jason. Toxie, deforme y hediondo, horripilante justiciero de corazón noble y anómalo sex appeal, representa lo más prístino y amigable de un entorno cuasi-distópico y acrónico gobernado por la violencia económica y la hecatombe institucional con renovadas referencias al estado totalitario que está oscureciendo al mundo. De allí que a Toxie lo queramos como a un amigo que, si se va, deja un espacio vacío como en la canción. Este regreso no es con gloria, porque nadie lo pidió (nadie pide los remakes), pero es con altivez y a la postre con una eficacia incontestable. 

El mundo hoy está peor que en los ochentas, pululan los tilingos. Llamen a Toxie.

(Estados Unidos, 2023)

Dirección: Macon Blair. Guion: Macon Blair, basado en el guion original de Lloyd Kaufman y Joe Ritter. Elenco: Peter Dinklage, Kevin Bacon, Elijah Wood, Jacob Tremblay. Producción: Lloyd Kaufman, Michael Herz, Mary Parent, Alex Garcia. Duración: 101 minutos.

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