Torches blazed and sacred chants were praised
As they start to cry, hands held to the sky
In the night, the fires are burning bright
The ritual has begun, Satan’s work is done
The Number of the Beast – Iron Maiden
Hace 24 años, Exterminio (2002) redefinió el género de zombis del siglo XXI con las cámaras digitales y los infectados veloces. Desde entonces, la saga ha ido experimentando con distintas formas de abordar su propio lore.
Esta nueva entrega, filmada de forma consecutiva a Exterminio: Evolución (28 Years Later, 2025) no cuenta con Danny Boyle en la dirección, sino que el cineasta cede el mando a la directora Nia DaCosta (Candyman, Hedda). Ella se encarga de confeccionar un film que apunta a ser un thriller psicológico con zombies, priorizando utilizar su particular sensibilidad para capturar la soledad que puede existir en este universo. DaCosta abandona la experimentación técnica con el iPhone para volver a un digital tradicional (Arri Alexa) en favor a su enfoque.
A diferencia del frenesí y el caos de su predecesora, Exterminio: El templo de los huesos apuesta por un plano más meditativo, aunque sin perder la brutalidad y la crueldad características de la saga, con una cuota de sadismo bastante alta. Este cambio de ritmo se debe a que el foco se desplaza hacia el Dr. Kelson (un magnífico Ralph Fiennes), relegando a Spike (Alfie Williams) a un papel más secundario.
Kelson vive gran parte de su tiempo a solas junto a Samson, el infectado alfa, en una dinámica que incluso roza el tono de una buddy movie por momentos. Aquí, la utilización de la morfina para inmovilizar a los infectados funciona como una experimentación que invierte la historia del género: si la figura del zombie nació originalmente de los trances del vudú haitiano, en esta historia es la medicina la que induce el trance sobre los infectados, no para crear zombies, sino para alivianarlos del eterno tumulto que el virus genera en sus mentes.
Su calma que se verá interrumpida por Los Jimmys, el un culto liderado por el fanático religioso Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell). Spike, como el nuevo miembro del clan, se ve obligado a presenciar horrores cometidos en nombre de “el viejo Nick” – una forma folklórica de nombrar a Satanás – como única vía para sobrevivir. La película plantea así un duelo de cosmovisiones: el satanismo dogmático de Crystal frente al ateísmo práctico de Kelson.
Tanto Kelson como Crystal, al igual que Spike, Jimmy Ink (Erin Kellyman) e incluso Samson, están atravesados por la soledad y el trauma. Sin embargo, es Jimmy quien distorsiona y dirige su dolor hacia el sadismo, construyendo una visión infernal del mundo que desesperadamente busca imponer en el resto. El cruce de realidades que plantea el guion de Alex Garland termina siendo uno de los puntos más interesantes y mejor logrados de la película, apoyado por el fantástico duelo actoral entre Fiennes y O’Connell.
Nia DaCosta sintetiza la elegancia new wave de Duran Duran convive con el ruido infernal de Iron Maiden y balancea el estilo de Boyle con el propio en esta acertada secuela. Tanto Evolución como El templo de los huesos conforman, en conjunto, dos de las entregas más interesantes realizadas dentro del subgénero en los últimos años. Además, la escena final de esta entrega anticipa un emocionante cierre de trilogía.
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(Reino Unido, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Nia DaCosta Guion: Alex Garland Elenco: Ralph Fiennes, Alfie Williams, Jack O’Connell, Chi Lewis-Parry, Erin Kellyman. Producción: Danny Boyle, Alex Garland, Bernard Bellew, Peter Rice, Andrew Mcdonald. Duración: 109 minutos.


