UN DELEITE PARA MELÓMANOS
El título original, literalmente traducido en Argentina, del film francés de Grégory Magne, resulta algo general y eventualmente disuasivo, dada la infinita variedad de géneros musicales existentes.
Sin embargo, dicha vaguedad inicial, queda pronto disipada cuando, en una de las primeas escenas, aparece Astrid Carlson (Valérie Donzelli) en una reunión de directorio de una fundación, creada por su fallecido padre. El tema en discusión refiere a la adquisición de un Stradivarius en una distinguida casa de remates y más concretamente el precio a pagar, que se sugiere no supere los diez millones de libras esterlinas. La sociedad ya posee los otros tres instrumentos de idéntico origen, que se presume provienen de un mismo árbol.
El objetivo de la compra es, por un lado, cumplir el deseo de Henri Carlson, progenitor ya fallecido de Astrid y su hermano Arthur, de reunir a sus cuatro músicos preferidos, interpretando un cuarteto en una iglesia (cercanías de Reims). Para la fundación existe además un segundo objetivo consistente en la venta posterior de los instrumentos a una empresa de Taiwan, con una oferta que no se debe pasar por alto.
La compra ya concretada, aunque superando en un cinco por ciento el tope propuesto por el directorio, moviliza a la convocatoria de los cuatro músicos seleccionados, la visita a una iglesia donde tendrá lugar la grabación de un evento único, que Astrid confía será exitoso comercialmente.
Los hermanos Carlson son una familia adinerada, dueños de una lujosa mansión en plena campiña. Acuerdan en recibir allí a los cuatro músicos, con una semana de anticipación al concierto, con el fin de ensayar una obra inédita compuesta por Charlie Beaumont (Frédéric Pierrot), amigo del difunto padre.
Van desfilando sucesivamente los intérpretes que incluyen a George Massaro, un egocéntrico que ha aceptado ser parte del “quator” con la condición de ser el primer violín, el segundo de los cuales, Peter Nicolescu, también muy virtuoso, además de aceptar, presenta la singularidad de ser ciego.
Lise Carvallo es quien tendrá a su cargo la ejecución del violoncelo, mientras que la viola, el restante instrumento, estará a cargo de la joven Apollin de Sarthe, que se diferencia generacionalmente de los dos violinistas e incluso en parte de Lise. Será ella la que protagonice serios desencuentros con George, al que intenta filmar con su celular, ya que desea incluirlo contra su voluntad en una red social, en donde afirma tener 700.000 seguidores.
Como se resalta en la trama, a diferencia de una orquesta, en un cuarteto no existe un director. Quien pretende asumir la conducción es Massaro, aunque de una manera por momentos autoritaria y agraviante en particular contra Apollin, la menos experta. En algún momento, les señala, a sus ocasionales compañeros musicales, que, a diferencia de ellos, no “hizo el conservatorio”, no tiene premios y hasta siente que se burlan de ella.
Astrid presiente, desde el inicio de los ensayos, que el proyecto puede fracasar. Decide entonces visitar a Beaumont, para ofrecerle la coordinación del grupo, pero, arribado a la casa de éste, recibe una respuesta negativa.
Faltando ya cuatro días para la ejecución, George Massaro toma la decisión de partir y se encamina por una ruta casi desierta en procura de un medio de transporte que le permita conseguir su propósito. Pero en el ínterin, y casi simultáneamente, quien hace su aparición en la mansión es el autor del cuarteto. Lo recibe Astrid con sorpresa y le comenta la crisis que se vislumbra y que evita provisoriamente Beaumont al “recuperar” al primer violín con su auto.
Transcurrido apenas un tercio del metraje y en cierta medida presentados todos los personajes centrales, se entra en la parte más sustanciosa del relato. Mucho tendrá que ver el rol del autor del cuarteto y sus dudas, al haberlo compuesto hace ya treinta años. Revela haber sido director de orquesta, pero en cambio afirma que no es capaz de tocar el violín, concesión del film que podría ser cuestionada.
Donde el guion acierta es en el análisis psicológico de los integrantes del cuarteto, revelando además ciertos secretos ocultos, tanto a nivel de sus cuatro componentes, como también de los miembros de la familia Carlson (vínculos del padre con sus dos hijos y con otros personajes).
Para los melómanos hay un plus destacable ya que además de la obra a interpretar, compuesta especialmente para Los músicos por un tal Grégoire Hetzel, se escuchan tramos de obras de Vivaldi y otros músicos clásicos e incluso la composición Where did you sleep last night? (que merece un pequeño comentario aparte).
A nivel interpretativo quien supera a todos es Frédéric Pierrot, quien acierta al escenificar con rara sensibilidad a un artista, pese a no tener formación musical. Es muy convincente la manera en que va interaccionando con los músicos, convencido de que “cuatro buenos músicos no conforman necesariamente un armonioso cuarteto”. O cuando afirma que “Vivaldi no es tan simple, pese a haber sido interpretado tantas veces”. La alusión a “Las cuatro estaciones “no es gratuita, cuando afirma que para él dicha música simboliza “la naturaleza, la lluvia, el viento, el canto y vuelo de los pájaros…”. El rostro de Pierrot puede resultar conocido y revisando su amplia filmografía se advierte que Francois Ozon le otorgó un rol relevante en Joven y bella (Belle et Jolie) y poco antes Maïwenn en Polisse.
Valerie Donzelli es algo más popular, sobre todo en Francia, en su doble condición de actriz y realizadora (una decena de largometrajes). En Argentina se conoció un film de 2011: Declaración de vida (La guerre est déclaréé) sobre un dramático episodio, relacionado con su hijo Gabriel, que la involucró, junto a su entonces marido, el actor Jérémie Elkaim, y donde también participa Pierrot.
Grégory Montel es el cura de la iglesia, donde tendrá lugar la grabación, un personaje simpático que, con tal de recibir una contribución económica hace concesiones (episodio de la tarima).
Los demás actores son virtualmente desconocidos, siendo el acierto de Grégory Magne haber elegido a cuatro verdaderos músicos. En particular el más destacado es el violinista ruso, radicado en Francia, Daniel Garlitsky, quien quizás, por la condición de su personaje, funge como segundo violín.
Nota: Nirvana (Kurt Cobain) en su Unplugged de 1993 interpreta el blues antes mencionado una de cuyas primeras versiones grabadas es la de Leadbelly (1944), aunque es una obraanónima y cercana a 1870. La letra incluye un párrafo que dice así: “My girl, my girl, don´t lie to me, where did you sleep last night…”
![]()
(Francia, 2025)
Guion, dirección: Grégory Magne. Elenco: Valérie Donzelli, Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi. Producción: Pierre-Louis Garnon, Frédéric Jouve. Duración: 102 minutos.


