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Cover-Up: Un periodista en las trincheras (Cover-Up)

El periodismo de investigación es un extraño ejemplo en la realidad actual, porque los gobiernos en el mundo tratan que no se conozcan los sucios negocios que realizan, sean suyos o de funcionarios que responden a sus intereses, o por la expansión del narcotráfico y el tráfico de armas. Sin soslayar el caso de las guerras para que no se sepa cómo se inician o cómo se terminan, si se matan civiles o soldados, niños o ancianos.

Seymour Hersh es un periodista galardonado en 1970 con el Premio Pulitzer. Entre sus reportajes destacan la revelación de la matanza de My Lai, la denuncia de actividades ilegales y secretas de la CIA, y las torturas en Abu Ghraib. Más recientemente reveló cómo y quién realizó la voladura del oleoducto Nord Stream.

Seymour Hersh a sus ochenta y ocho años, y luego de transitar entre trincheras y zonas de peligro extremo (Irak), o acceder a archivos ultra secretos, a fuentes que trabajaban para Kissinger, la CIA, y otros organismos gubernamentales, es un indudable  mito del periodismo de investigación estadounidense, que aún continúa trabajando y que actualmente publica sus reportajes en Substack.

Laura Poitras y Mark Obenhaus, tras estar veinte años detrás de él para realizar el documental Cover Up: Periodismo entre trincheras, que refleja su vida, lograron alcanzar su objetivo. Éste se presenta en Netflix, después de su estreno en el último Festival de Venecia.

Seymour Hersh denunció la masacre de My Lai, ocurrida el 16 de marzo de 1968, en base al acceso a acusaciones y archivos secretos. Publicó su historia en Dispatch News Service, el 13 de noviembre de 1969. Pero, también hubo un fotógrafo Ron Haeberle, que presenció la masacre y la documentó. Sus impactantes y crudas fotografías fueron expuestas una semana después en el Cleveland Plain Dealer y posteriormente fueron difundidas en las revistas Life y Times. Según Hersh estas fotografías se lograron gracias a que el fotógrafo Ron Haeberle, enviado por el gobierno para documentar los sucesos de My Lai, había llevado dos cámaras, una en blanco y negro que le había dado el ejército y otra suya en color.

Éstas no sólo avergonzaron a los Estados Unidos, sino causaron una conmoción mundial que dio la razón a los movimientos pacifistas: My Lai recordaba demasiado a las masacres nazis como la de Oradour-sur-Glane y Guernica. La investigación de My Lai lo catapultó a ser una celebridad.

Cuando el pasado se retrotrae a los legendarios días de la investigación sensacionalista de los años 70, época en la que Hersh, junto con Bob Woodward y Carl Bernstein cambiaron la intensión del periodismo estadounidense. Sus búsquedas periodísticas,  resultan en la actualidad.

En base a esos artículos se realizó un film que es un clásico de Hollywood Todos los hombres del presidente, que devela inteligentemente el escándalo del Watergate. En el que Nixon y sus colegas estaban sumergidos hasta los tuétanos en trucos sucios. Woodward y Bernstein siguieron el hilo de la historia, como si Ariadne  se los hubiera dado para salir del laberinto del Minotauro, o sea de Nixon. Pero también, tenían un denunciante legendario de seudónimo Garganta profunda, sin el cual las denuncias nunca se hubieran conocido.

Trabajaron en la historia paso a paso durante siete meses, a la vez que Hersh hacía lo suyo escribiendo 40 artículos en el New York Times. Provocando así la caída de Nixon, el primer presidente que renunció a su cargo en los Estados Unidos.

Cuando Hersh habla con cierta agresividad sobre los medios estadounidenses y su excesiva cercanía con el poder, puede asemejarse a Noam Chomsky en “Manufacturing Consent”. Pero a diferencia de Chomsky, Hersh no era un agitador, sino un periodista que quería que la verdad saliera a luz, un moralista.

Laura Poitras y Mark Obenhaus consiguen en su documental llevar al espectador a moverse entre el pasado y el presente de la esfera profesional de Hersh a hechos más simples como su historia personal. Así se conoce que su padre judío había emigrado de Lituania, y su familia vivía no en la pobreza, pero si al día. Que había sido ayudante en una tintorería hasta que lo llevaron a tirar los rollos con los escritos periodísticos que debían imprimirse.

Luego le dieron un puesto en la sección de policiales y allí comenzó su carrera, como un tren que no se detiene jamás. Fue reportero de sucesos y tuvo su gran oportunidad en 1963 cuando comenzó a trabajar  en Associated Press, asignado a cubrir el Pentágono, él cuenta: “… que cuando se retiraba de las ruedas de prensa programadas, y empezaba a deambular por los pasillos, utilizaba su charla deportiva para entablar amistad con oficiales de alto rango. Así conocí los hechos ocurridos en My Lai, cuando un oficial comentó lo que ocurría con el teniente Willanm Calley”.

Éste, como en el juicio de Núremberg, siempre repetía que había recibido órdenes de arrasar con el pueblo. Y así mataron a mujeres, hombres, niños, bebes, ancianos, vacas, ovejas y todo lo que se interponía en su camino. Así se enteró que muchos de los soldados se habían vuelto locos. Uno de ellos, a quien entrevistó, se suicidó después de treinta años, Su madre le dijo: “les entregué un buen chico y me devolvieron un asesino”.

Luego recordó con lágrimas en los ojos al profesor universitario que lo guió desde la lavandería de su padre hasta la Universidad de Chicago. Durante todo el documental la cámara de Mia Cioffi Henry se mantiene a veces en unos primerísimos primeros planos y otras en primeros planos y secuencias de plano medio, mezclando con los viejos archivos de Hersh, imágenes de la masacre de My Lay, otras sobre las consecuencias de las pruebas de gas nervioso en una instalación del Ejército en Utah, que provocó la mortandad de ovejas y otros animales, además de sus habitantes de la zona rural.

La banda sonora de Maya Shenfeld es la que sostiene el ritmo con una atinada sensación de descubrimiento y transparencia de suspenso y a veces, de inquietante aprensión. El tecleado de una vieja máquina de escribir, (en el film se ven todos los modelos hasta llega a una laptop), acompaña evocadoras imágenes antiguas, muchos archivos; una montaña desordenada de documentos y cuadernos con notas garabateadas de los viejos apuntes de Hersh o las páginas censuradas entregadas por la CIA.

A pesar que Obenhaus haya participado con Hersh en otros proyectos, es evidente que nunca aceptó hacer un documental sobre su vida, pero el tiempo ese cegador de los años, influyó junto con el codirector para que el film se realizara.

El documental se interna como un rompecabezas en zonas de realidad fílmica de antiguos archivos y la vida de un hombre de 88 años que siempre fue un cascarrabias intransigente y que por momentos amenaza con cortar la filmación. En uno de esos arrebatos sostiene: “No me importa lo que piense el resto, porque mis historias siempre han enojado a alguien. La historia de los Estados Unidos se escriben siempre en otro nivel. Mi trabajo como periodista es encontrar secretos y hechos. Sabemos que violamos la Seguridad Nacional, esa nota es información confidencial, y es más, lo hacemos porque creemos que hay un motivo mayor en una historia de funcionarios con responsabilidad que no hicieron bien su trabajo. Eso es a lo que voy, no debería bloquearse a la prensa por publicar lo que queremos, porque eso proviene de la Constitución y la Declaración de los Derechos. En Estados Unidos no hay tanta censura como autocensura. Pero lo que ocurre es que Estados Unidos es un país  muy violento”.

(Estados Unidos, 2025)

Dirección: Laura Poitras, Mark Obenhaus. Producción: Quinn C. Ford, Yoni Golijov, Mark Obenhaus, Laura Poitras. Duración: 117 minutos.

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