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Cine

La historia del sonido (The History of Sound)

MEMORIA AURAL FUERA DE ESCENA

Relacionar La historia del sonido (2025) con Secreto en la montaña (2005) pone en perspectiva retratos sobre masculinidades del siglo pasado. También las dos adaptan cuentos de tonos bucólicos. Ben Shattuck convirtió en guion dos narraciones suyas para esta ocasión. Las hermanan los tanteos homoeróticos de sus personajes principales. En general la crítica y varios afiches de las producciones las han caracterizado como historias de amor.

Más que todo eso, ellas sensibilizan el mano a mano entre el deseo homo-afectivo y un entorno imponiendo algo más. Frente a las obligaciones asignadas socialmente, Ennis Del Mar y Jack Twist sorteaban reencuentros en el clásico de Ang Lee mientras cumplían las expectativas matrimoniales, laborales y paternas. Acá, las escapadas de Lionel (Paul Mescal/Chris Cooper) y David (Josh O’Connor) están enfocadas en grabar canciones a través de los cilindros inventados por Thomas Edison. Los dos, sobre todo David, cumplen las expectativas sociales pero el proyecto musical juntos revitaliza su trama. Más porque fue algo de ellos. Comparten, además del afecto mutuo, la música a modo de pasión. En contraste, es imposible sacudirse el extravío de Ennis y Jack una vez que están el uno sin el otro porque ¿qué queda luego?

I feel I have missed something, el protagonista reflexiona en off,… how to put this? It’s not nostalgia, it’s not grief. It’s the hardness of a fact*. Gracias sobre todo a su estética sonora, la película se acerca a tal dureza. En su expresividad aural, las cadencias vocales de Mescal y Cooper sugieren las tristezas fuera de escena de Lionel. Ellas casi impiden ver la pasión por la música o por el amante. El uso de canciones dentro y fuera de la historia la convierten en un musical peculiar. Acá es el canto lo que danza y conmueve. La presencia de diálogos viejos entre los amantes mientras Lionel los evoca ejemplifica cuánto permanecen los sonidos en el recuerdo, por más invisibles. A medida que ellos recorren Norteamérica en busca de canciones, surge otra memoria aparte de la histórica y la íntima; la musical se explaya en cada efecto editado por Isaac Derfel y Matt Rigby.

La banda desmenuza lo palpable en la trama a medida que la fotografía con luces frías de Alexander Dynan muestra los cuerpos enteros de David y Lionel en planos generales. Prevalecen estas medidas y tonos grises, ambos dan la impresión de estar completos. Esa misma recurrencia perjudica a quienes interpretan a sus parejas. Los primeros planos de Josh, por ejemplo, muestran la vivacidad de sus sonrisas. La falta de cercanía física de Hadley Robinson no puede tener el mismo efecto, por más que ella sí la interprete.

En tramos como esos, la historia flaquea por sí sola, y peor si volvemos con la terquedad de poner al lado los inolvidables rostros femeninos en Secretos en la montañ. Aun así, Hermanus concreta algo más inasible. Como capas para afrontar el frío, la composición sonora y la entrega actoral conmueven. Solapan el silencio de la naturaleza, las sonrisas, las voces, la soledad, los cantos y lo que resta del duelo tras las decisiones tomadas. Esto incentiva a hacer memoria de la obra una vez vista y a preguntarse por los riesgos certeros de cualquier oficio.

* “Siento que he perdido algo… ¿cómo decirlo? No es nostalgia, no es dolor. Tiene la dureza de un hecho”

(Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Italia, 2025)

Dirección: Oliver Hermanus. Guion: Ben Shattuck. Elenco: Paul Mescal, Josh O’Connor, Chris Cooper, Molly Price. Producción: Lisa Ciuffetti, Oliver Hermanus, Andrew Cortschak, Sara Murphy, Thérèsa Ryan, Zhang Xin. Duración: 128 minutos.

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