MAL VIAJE
Filmada en Córdoba, codirigida entre una argentina y un estadounidense, Un susurro invocó mi nombre genera expectativa como una nueva entrada en el cine de terror local. Sin embargo, la película, que logra resolver y presentar bien varios de los elementos que componen al film, no termina por madurar más allá de un principio interesante, quizá prometedor.
Su trama es simple, presentada al inicio de la película tras una secuencia de imágenes aéreas al ritmo de música-de-tensión que introducen el paisaje cordobés y a nuestros personajes: un grupo de amigos, de un pueblo chico, van al río a tener una experiencia lisérgica. Carla (bien interpretada en esta escena, de joven, por Bianca Mitnik, y muy bien interpretada por Kovacic en el resto del film) sin embargo oye una voz, siente una presencia que acecha. Al despertar, su mejor amiga, María ha sido asesinada. 10 años después, Carla debe volver al pueblo para velar a uno de los amigos de aquella fatídica noche, que se ha suicidado.
En esta secuencia inicial, el film se desarrolla orgánicamente, proponiendo lo que se presuponen anzuelos a desarrollar para entablar y hacer andar la sucesión de hechos que conforman la diégesis; una rápida presentación a nuestros personajes, su situación, un mundo, un estado de cosas. Un dilema adolescente entre si quedarse o partir del pueblo de parte de Clara, mientras que María resulta estar embarazada y contenta con su vida.
El problema central del film es que a partir de acá, muchos de los anzuelos y de las semillas plantadas para entramar el desarrollo coherente, vero-símil, para con lo construido en esa secuencia inicial y la totalidad del fin, parecen haber sido plantados en tierra infértil. No se desarrollan. No crecen. Y el film, que inicia con una entrada adecuada, hace esperar por un plato principal que llega frío y recalentado.
La película, hablando de forma general, reposa, tras el evento traumático, primero en lo “atmosférico” para impregnar el afuera del mundo interior de Carla. El desarrollo de personaje cae en detrimento de planos largos, espacios vacíos, monotonía, música y efectos de sonido buscando una experiencia de inquietud que en términos de cine ya ha sido presentada y que termina por reemplazar la trama y la puesta en escena.
Entonces llega el retorno al pueblo y, si bien algunas escenas parecen profundizar en esos vínculos y en ese pasado que pesa (y que la dirección ha privilegiado al elegir como principio e introducción del film), la realidad es que la película continúa su eterno reposo en el efecto, esta vez de suspense, de misterio, de promesa de un devenir paralelo que está sobrepuesto al mundo corriente, pero que nunca llega. Porque lo cierto es que si bien hay un punto de giro (y demasiado repentino, tanto, que la película no vuelve nunca a recuperar ni el tempo ni el tono tras su irrumpir), y hay cadáveres, y sangre, y sustos, miedo, etc, la película termina de soltar la mano al guión y a la puesta en escena para simplemente acumular, en una genérica trama presentada, como se diría hoy, “estética” mediante efectos de luces y de sonido para erizar la piel casi de forma automática, acumulativa y de carácter cuantitativo (el máximo de incomodidad/miedo/etc obtenible…)
Más que nada, es decepcionante encontrarse con una película donde hay una presentación, en todo el sentido de la palabra, que ordena y rápidamente presenta el campo de posibles, las temáticas y una herencia cinematográfica para simplemente desinflarse en solo una buena actuación, solo una muy bella fotografía (o en los cautivantes paisajes de Córdoba). Es genial que la película se vea bien. Es importante. Y lo hace, se ve muy bien, y tiene instantes, sobre todo concentrados en sus primeros momentos, donde hay una mano clara definiendo un encuadre, una duración de plano, un ángulo, algo fuera de foco; sin embargo, toda esta capacidad expresiva de la puesta termina castrada por la absoluta infertilidad del relato. Y es que al final del film, cuando todo termina de ocurrir, de forma trillada, de forma ambigua, confusa, efectista, no pasa otra cosa que el fin de la película. Y para una película es terrible que, llegado su final, lo único que haya sucedido es la sucesión de todos sus frames.
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(Argentina, 2025)
Dirección: Emilia Cotella, John Mathis. Guion: Emilia Cotella. Elenco: Clara Kovacic, Bianca Mitnik, Andrés Malakkian. Producción: Pablo Bobadilla, Emilia Cotella, Jack Janda, Olga Lesnova, John Mathis, Viacheslav Shiryaev, Praneet Nandanavanam Venkata. Duración: 90 minutos.








