LA CALMA QUE ANTECEDE LA TORMENTA
¿Qué se siente caer desde tan alto? ¿Qué pensamientos se cruzan por la cabeza cuando se está en caída libre? Estas son algunas de las preguntas que le hacen al Capitán Jorge Silva, antiguo jefe de inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile. Además, un paracaidista mítico que, para algunos oficiales novatos, es una institución. Son preguntas, quizá, laterales a la trama. Diálogos que subyacen en el tejido de los acontecimientos. Dicen algo, representan, pero la acción sucede en otro lado, lo que pasa es otra cosa. Es el 11 de septiembre de 1973, vísperas de lo que será el golpe de estado que destituyó al presidente Salvador Allende por parte de las Fuerzas Armadas comandadas por Pinochet. Las dudas en torno al paracaidismo son la metáfora adecuada para hablar de la dictadura. De cómo este período de horror que se abre parece ser un salto al vacío.
Estamos en el comienzo de Hangar rojo (2026) de Juan Pablo Sallato. Una película basada en hechos reales, que fue condecorada con cuatro premios en el Festival de Málaga y que se estrena estos días en nuestro BAFICI. Rodada en un suntuoso blanco y negro, la narrativa de la historia gira en torno a Silva (Nicolas Zárate) que debe lidiar, desde el interior del ejército, con el inminente golpe militar. El asunto es el pasado que arrastra el protagonista, del que ciertos militares desconfían por su simpatía y lealtad con el gobierno de izquierda. Entre estos dos polos completamente opuestos ondula la trama: el de obedecer a la nueva cúpula militar y a la vez intentar conservar algún resquicio de libertad. Algo que se condensa en una frase que el protagonista repite dos veces, como intentando subrayar la idea: “¿Sirve de algo si digo que no?”.
La obra es un hecho prodigioso del cine chileno por donde se lo vea, pero si hay algo que destacar en voz alta, a los gritos entre amigos, es el tratamiento del sonido. La película es una experiencia inmersiva en el buen sentido del término. No un evento de feria que simula ser una experiencia para celulares, sino un ambiente sonoro que te envuelve y te hace saltar a la pantalla, transitar esos momentos. El cuidado en el trabajo del sonido se puede notar, sentir, escuchar en los silencios de la obra. Medidos, con algunos sonidos exteriores, dan cuenta del estado previo al desenlace que vive la ciudad. La calma que antecede la tormenta. Hasta que de pronto, suena un disparo que nos deja sordos. Al oficial que se amenaza y a nosotros, los espectadores de la sala de cine. El pitido de la escena, que se escucha después del estruendo, se confunde con el nuestro.
La pasión y tragedia que se despliegan en Hangar rojo son admirables. Sallato logró una película conmovedora lejos del golpe bajo, una obra explosiva sin caer en el ruido. Hay una tensión transversal en la historia que te mantiene pegado a la pantalla, como magnetizado. Esta obra muestra lo que sucedió sin hacerlo explícito, sin tanto alarde de la crueldad. Sugiriendo pero no ocultándolo. Esa es su fortaleza, la de tratar los temas históricos como se merecen, con sus contradicciones y ambigüedades.
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(Chile, Argentina, Italia, 2026)
Dirección: Juan Pablo Sallato. Guion: Luis Emilio Guzmán. Elenco: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Hernández. Duración: 81 minutos.








