FURIA EN LA ISLA
Volvió el Sam Raimi de la gente. O, por lo menos, el Sam Raimi no cooptado por la industria y exprimido hasta dejar apenas destellos de personalidad, como sucedió en la desafortunada Doctor Strange en el multiverso de la locura que, más allá del título carpenteriano y algunos evildeadismos sobre el final, resultaba un bodrio más de una factoría que alguna vez supo darnos alegrías (ver hoy la primera Capitán América, de Joe Johnston, y compararla con las últimas marveleadas se convierte en un ejercicio desolador), pero que hoy representa lo peor del cine mainstream. Antes de Doctor Strange, Raimi realizó otro tanque, esta vez para Disney. Se trata de Oz, el poderoso, precuela de El mago de Oz que fue bastante maltratada en su momento pero en la que, a la distancia, y a pesar de ser algo fallida, podemos ver que Raimi logra introducir más de un elemento personal que por momentos nos remonta, nuevamente, a la saga de Evil Dead.
Pero ¡Ayuda!, la flamante película del bueno de Sam, no remite tanto a la franquicia que lo hizo famoso sino, más bien, al primero de sus regresos al terror: la extraordinaria Arrástrame al infierno, tal vez el mayor exponente del género de todo este siglo y una película aterradora, divertidísima, llena de ideas y de sorpresas. Hay muchas similitudes de tono entre esa película y ¡Ayuda!, muchas imágenes que nos remiten a ella, y en ambas tenemos una crítica feroz y bien explícita al capitalismo.
Es excelente la manera en que la película presenta a su protagonista (una mujer, al igual que en Arrástrame al infierno). La Linda Liddle que interpreta Rachel McAdams (una de las grandes actrices del último tiempo) claramente no encaja en su trabajo: es torpe, se viste raro, vive rodeada de frases motivacionales y está obsesionada con el programa de TV Survivor (y convive con un pajarito al que le habla todo el tiempo). Pero es brillante en su puesto, y su jefe (interpretado, en fotografías, por Bruce Campbell) la quiere como vicepresidenta de la compañía. Claro que su jefe muere y quien toma su puesto es su hijo Bradley (Dylan O’Brien, comediante sorpresa), un yuppie desagradable que le ofrece a su excompañero de fraternidad el puesto que le correspondía a Linda. Que un accidente en pleno viaje a Bangkok resulte en Linda y Bradley varados en una isla desierta bien podría ser el puntapié inicial para una romcom de esas que se hacían bien en los ’90 y mal ahora, pero las intenciones de Raimi son otras, si bien utiliza varios elementos de aquel subgénero. Y esa es una de las grandes virtudes de ¡Ayuda!: Raimi nunca va a lo seguro, nada es previsible; la película está repleta de sorpresas y de giros (ninguno de ellos canchero; Raimi jamás fue un director canchero) que Raimi va revelando de a poco y sin chantajear al espectador. Y tiene de aquello que tanto nos gusta de Raimi: la violencia extrema y la comedia que surge de aquella violencia. Dos momentos resultan icónicos en este sentido: aquel en el que Linda sale a cazar un jabalí con una lanza que acaba de confeccionar, que incluye litros y litros de sangre y la destrucción fulciana de un ojo, y cuando Linda le realiza RCP a Bradley mientras vomita porque Bradley la intoxicó. También, cerca del final, hay una pelea antológica en la que otro ojo se sale de lugar. ¡Ayuda! no para nunca y está llena de ideas, y es dueña de una libertad que hace que en una secuencia de sueño aparezca un jump scare con una criatura que nada tiene que ver con la película pero que, de tan bien logrado que está todo, no nos queda otra que festejar. Y cómo le hacía falta al terror esto de festejar.
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(Estados Unidos, 2026)
Dirección: Sam Raimi. Guion: Damian Shannon, Mark Swift. Elenco: Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edill Ismail, Xavier Samuel, Dennis Haysbert. Producción: Zainab Azizi, Sam Raimi. Duración: 113 minutos.








