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BERLINALE - Festivales

#BERLINALE2026 | El oso apolítico

“Decir que tal festival es mediocre o que tal otro es excelente no solo me parece difícil, sino que creo que no significa nada”.

Luc Moullet – Notas selectas – De Griffith a Guiraudie

Una breve introducción

Es difícil pensar sobre los festivales porque los festivales, mejor dicho sus organizadores, ya no parecen pensar sobre dichos eventos y sus necesidades de cambio u objetivos. Año tras año las cosas (cosas: secciones, organización, etc.) se repiten y la calidad de las ediciones dependen de la cosecha del año en cuanto a las películas disponibles o que hayan decidido seleccionar. Más allá de eso, no parece haber un pensamiento sobre el cine y mucho menos sobre el lugar que el cine debería ocupar en el mundo. O mejor dicho, hay una idea y es una idea mala, muy mala. La idea sería que el cine es mejor cuando más se acerca al comercio y a formas probadas de producción y realización. Algo que nadie aseguraría en un reportaje, pero que las pruebas terminan demostrando cierto.Con las notas que seguirán a continuación espero poder demostrar esto, aunque como ustedes saben, este humilde cronista es muy dado a las digresiones y quizás, solamente, terminemos hablando de películas y vida social. Porque a pesar de todo, los festivales también sirven para eso. O al menos era así en mi época.

(El epígrafe de Luc Moullet -mi modelo a seguir: crítica y chistes-, que abre este texto, es del año 1959. Época en la que los festivales de cine no eran el virus en el que se transformaron hoy en día. Las cosas cambiaron y hoy, creo, me parece válido separar las aguas. De todas maneras, jamás me animaría a llevarle la contra a uno de mis héroes personales. Así que mejor sigamos.)

1. Los agentes (no tan) secretos

En un reportaje con la revista Screen, la directora de la Berlinale, la inglesa Tricia Tuttle, agradece a los agentes de venta de películas. En la red social X, antes conocida como Twitter, una persona escribe que la selección oficial competitiva del festival parece estar armada por dichos agentes de venta. (Aclaración: los agentes de venta son empresas que se encargan de comprar los derechos de distribución de las películas en el mundo para su estreno en cines comerciales, exhibición en festivales y/o plataformas de streaming, etc.) La declaración de la directora del evento se entiende desde un punto de vista político: querer quedar bien con quienes la mantendrán en su posición. Nadie en su sano juicio piensa que dichas empresas tienen a la Berlinale como una prioridad. Y ahí es cuando vemos la lucidez del comentarista en X, la competencia de este año de la Berlinale está armada en su mayoría por títulos que obviamente fueron rechazados por Cannes y, probablemente, también por Venecia. La película de Karim Aïnouz es una muestra perfecta de esto. Elenco internacional, una historia “fuerte” y “provocativa” y el fallido intento de homenajear a Bellochio, pero que termina transformando a Aïnouz en un hijo bobo de Yorgos Lanthimos. (No todos son éxitos en el cine brasilero, aunque más tarde veremos las nueva obra del gigante pequeño Andre Novais Oliveira y nos haremos amigos de nuevo con los brazucas. Brasil presentó en el festival, hasta ahora al menos, la mejor y la peor película). El cierre de esta discusión aparece promediando el festival, que es cuando escribo este texto, y también de la mano de la revista Screen, en una nota titulada: “Los compradores (buyers) aplauden la programación “más comercial” del festival”. Y así descubrimos que los dos tienen razón, la directora de la Berlinale y el anónimo quejoso de Twitter, perdón X.

(Un último comentario, las revistas como Screen, Variety y Hollywood Reporter suelen realizar sus respectivas coberturas  a partir de un pago de parte de los mismos festivales, de ahí que su credibilidad en ciertos aspectos, vaya de nula a ridícula.)

2. El futuro que se nos viene

Me gustaría comenzar hablando de la película apertura del festival, algo llamado No Good Men (2026), pero sospecho que incluso quienes la vieron ya olvidaron de qué se trata. Así que pasamos directamente a uno de los primeros títulos ofrecidos en las funciones de prensa, cuando el festival recién empieza y todos estamos dispuestos a ver cualquier cosa que nos ofrezcan.

Un homeless (si no se dice así, me avisan y lo corrijo inmediatamente, no me cancelen todavía) con, además, ciertos aires cyberpunks irrumpe en un típico diner norteamericano. Dice venir del futuro y que ese futuro, por culpa de la Inteligencia Artificial (bendito sea tu nombre) es un desastre apocalíptico para la raza humana. También les informa a los incrédulos clientes que debajo de su zaparrastroso abrigo tiene una considerable cantidad de dinamita como para hacerlos volar a todos por los aires en caso de necesitarlo. Acto seguido, luego de retirarles y en algunos casos destruirles los celulares a todos los presentes, procede a contar el resto de su historia. La cosa es así: el personaje viene del futuro, pero no es la primera vez, ya que se encuentra en una especie de día de la marmota que solo terminará cuando pueda llevar a cabo su misión. Y su misión es llegar a la casa de un niño de 9 años que en ese preciso momento se encuentra creando (o programando, no sé como se dice, escribo esto en papel, sepan comprender) una Inteligencia Artificial que será la que nos terminará sometiendo. Los humanos nos acostumbramos a despertarnos y automáticamente chequear nuestros celulares por unos minutos antes de salir de la cama y, en el futuro, esa costumbre se extendió hasta que nadie salió de su cama y mucho menos, dejar de mirar la pantallita y sus ridículas, aunque a vece muy divertidas, imágenes. La película tiene todos los aires e ingredientes de la ciencia ficción proletaria y berreta, digamos John Carpenter, digamos Larry Cohen, pero en verdad es una de esas películas mainstream hollywoodense que creen tener en sus guiones algo de originalidad y riesgo cuando, en el mejor de los casos, son solamente ridículas. La productora A24 creó un imperio con títulos así. La película, claro, tiene su gracia y algunos momentos, casi todos gracias a su protagonista, el gran comediante que es Alexander Rockwell, pero hasta ahí llega la cosa. El director es el eficiente Gore Verbitsky y el guión de Matthew Robinson, pero no el de maravillas ochenteras como La leyenda de Billie Jean (1985) o Milagro en la calle 8 (1987). La película en cuestión lleva el título de Good Luck, Have Fun, Don’t Die (2025) y la ciudad está cubierta con sus posters de diferentes colores, ya que la película se estrenará a pocos días del festival. Incluso la Berlinale tiene que hacer estas cosas para asegurarse famosos en su fría, pero no por eso menos roja, alfombra. Creo que soy demasiado duro con mi opinión para una película que solo aspira a la diversión, pero en el pasado al que pertenezco ambas cosas, la diversión y el buen cine, podían -y solían- ir juntas. El futuro dirá.

(Durante toda la función, de prensa, una joven a mi lado no deja de chequear su celular, al igual que ocurre con los zombificados jóvenes de la película. Esto puede sonar a un chiste inventado para terminar esta breve reseña, o un comentario sociológico amateur, pero les juro que es la verdad. Y ustedes saben que yo nunca les miento. ¿No es así ChatGTP?)

3. Ideología en tu mirada atroz

Creo que ya nadie sabe qué es un “reguero de pólvora” como para decir que las noticias corrieron a esa velocidad, así que habría que encontrar otra definición y/o imagen. Pero sí fue muy veloz la forma en la que las declaraciones de Wim Wenders recorrieron las redes una vez que salieron de su boca en la conferencia de prensa que brindó el jurado de la Berlinale, del cual Wenders es el presidente. Y aquí para mí comienzan los problemas, ya que en el jurado se encuentra una de las mujeres más talentosas y bellas que nos ha dado la historia del cine: Doona Bae. Si Wim es el presidente, desde aquí exigimos que Doona Bae sea, al menos, la reina del jurado. Ya todos sabemos lo que dijo el alemán, no hace falta repetirlo aquí. Lo que sí hay que decir, como aclaré anteriormente, a ustedes no les puedo mentir, y es que muchos directores antes de sus películas están leyendo discursos y dejando en claro su posición política ante ciertos temas que todos conocemos, sin ninguna interrupción por parte de las personas del festival. Es, por lo menos, raro decir que un festival es apolítico cuando en su programación incluye títulos como la argentina Bosque arriba en la montaña (2026) o el corto Plan contraplan (2026) del inagotable Radu Jude. Son épocas difíciles (se me acaba de ocurrir esta frase, la pueden utilizar si así lo desean) y todo el mundo se está portando de una forma un tanto policíaca en relación a las opiniones de los demás. Quien esto escribe es conocido por no mencionar ciertos posicionamientos personales pensando que sus escritos, comportamiento, y sus (buenos e impecables) gustos culturales, lo van a terminar de ubicar siempre del lado correcto. Obviamente, no siempre es así. Por eso creo que llegó, finalmente, el momento de hablar y dejar bien en claro mi pensamiento político. Agárrense. Acá vamos…

Continuará.

 

pH © Sandra Weller

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