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Cine

Corazones jóvenes (Young Hearts)

Elias (Lou Goussens) tiene catorce años y el reciente éxito musical de su viejo se lleva toda la atención familiar. A veces el adolescente visita a su abuelo y juntos trabajan en la granja. En este entramado de rutinas, ¿en quién confiar más para hablar sobre la nueva intimidad surgida cuando Alexander (Marius de Saeger) se muda enfrente?

Con Corazones jóvenes (2024), Anthony Schatteman precisa su respuesta en la escena del coming out. Antes, las destrezas actorales y la sencillez cromática en el diseño de producción armonizan los roles familiares. La mirada cristalina de Goussens invita a confiar en su inocencia y sus curiosidades. Los decires maternos indican que ella apoya a sus hijos tanto como a su esposo. Y con toda la bonhomía paterna, Luk (Geert Van Rampelberg) es incapaz de enterarse mucho sobre sus vidas.

Entre el egocentrismo, la gracia y la ternura, acá las disfunciones fluyen oportunas para la historia. Hasta la pared con estampado de limones en la casa permite inferir que ellos han hecho decoraciones con las acideces del pasado. Al final tampoco papá tampoco hablará con su hijo, porque bien se sabe, en general estos roles son mejores ejemplos para la acción que para la palabra.

Así la mayor fortaleza, o sea la precisión para contener la fragilidad adolescente, consiste en ubicar el punto de vista relevante cuando Elias confiesa su amor por Alexander. Esta escena transcurre en el auto al regresar a casa luego de un viaje de Frederik (Dirk van Dijck) con su nieto a Árdenas. Si bien la conversación dura menos de tres minutos, emocionalmente persiste desde el plano general donde él le pide a su mamá que se estacione en la carretera. El hermano mayor y el abuelo los acompañan.

Con el montaje, Emiel Nuninga enriquece la sensación de sostén para soportar el anhelo de aprobación. Él amaina la vergüenza interpretada por Goussens alternando planos y contraplanos entre los cuatro. Así se siente un diálogo audiovisual donde la soledad del protagonista es aliviada entre silencios, palabras y disposiciones. La decisión de ver frontalmente solo la cara de Dirk y la de Lou acierta por múltiples razones la alianza entre ambos.

Como el montajista ha armado por su cuenta obras con temáticas LGBTIQA+ previamente, refuerza también la diferencia con las anteriores del director y guionista [enlace a su obra]. Enfocado en historias queer, lo familiar no había tenido tal importancia hasta ahora. Hay un indicio estético durante la primera vez que Alexander le menciona su homosexualidad a Elias. Al ambientar tal mención en medio del verdor al aire libre, inmediatamente se puede asociar con las visitas a casa de Frederik, en una granja apartada. Porque aun la falta de claridad del guion en si se trata del abuelo materno o paterno, importa para precisarlo: los vínculos honestos pivotan el apoyo coherente, cálido y firme por encima de apellidos, triunfos y egolatrías.

El realizador fija así un precedente que hacía falta en el cine de nuestra comunidad. Aun con obras memorables sobre transiciones adolescentes como las de su paisano Lukas Dhont o Mi mejor amigo (2018), ninguna consolidaba un grupo familiar y amistoso como ocurre acá.

(Bélgica, Países Bajos, 2024)

Guion, dirección: Anthony Schatteman. Elenco: Lou Goossens, Marius De Saeger, Geert Van Rampelberg. Producción: Xavier Rombaut. Duración: 99 minutos.

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