Watch me crawl on hands and knees
And scratch at the door of Heaven
LA MESÍAS
La dupla de guionistas conformada por Mona Fastvold y Brady Corbet terminó de consagrarse el año pasado con The Brutalist, con la cual The Testament of Ann Lee guarda pocos, pero significantes elementos en común: el interés por géneros que desafían la aversión al riesgo de los estudios actuales (la épica histórica en The Brutalist, el musical en El testimonio…), cierto fetichismo formal (rodaje en 35mm, gráficas elaboradas para los créditos y la división en capítulos) y la construcción de una genealogía crítica de los Estados Unidos como nación de inmigrantes, una tierra tan llena de oportunidades como de penurias.
Si la llegada a Estados Unidos era el punto de partida en The Brutalist, en The Testament of Ann Lee es prácticamente la conclusión. Si una es la diáspora, la otra es el éxodo. En ambas, la religión es el motor de la expresión artística y una manera de sublimar un duelo. Comparten también un defecto: un enamoramiento desproporcionado de sus virtudes para la puesta en escena que funciona en detrimento de sus personajes, resultando en un extraño distanciamiento. Películas diseñadas para suscitar nuestra admiración, no nuestro amor.
La historia real de Ann Lee -fundadora de los shaking quakers, una vertiente de los cuáqueros protestantes a mediados del siglo XVIII-, parece un imán para el relato de sectas, tan de moda en estos tiempos. El ominoso prólogo parece anticipar esta elección: en un bosque nevado, un grupo de fieles se contorsiona y aúlla bajo las copas de los árboles. Mary Partington (Thomasin Mackenzie), quien se revelará como una de las más leales a la líder del título, mira directo a cámara y canta, como un susurro, la historia de una mujer vestida de sol con la luna a sus pies. Mary está ciega de un ojo, herida que eventualmente narrará la película y apela al clásico arquetipo de las tragedias antiguas, en las que la ceguera iba de la mano con el don de la adivinación.
Sin embargo, a pesar de este prólogo de clima terrorífico, la dirección de Mona Fastvold lleva al relato por otro camino, el de un drama musical en el que las canciones (según los créditos, adaptaciones del compositor Daniel Blumberg de los himnos religiosos que se conservan de aquellos tiempos) permiten construir secuencias de montaje en las que los apasionantes bailes característico del grupo religioso toman la pantalla por asalto.
No menciono la pasión de manera gratuita: la de Ann Lee es la historia de una, en el sentido más cristiano del término. Tras la muerte de cuatro hijos a temprana edad, una tortuosa relación con su marido en el plano sexual y un paso por la cárcel por practicar un culto pagano, Ann Lee experimenta una visión que la confirma como la Segunda Venida de Cristo.
A partir de que Ann Lee se unge como líder de la comunidad, la película retrata a los shakers como una sociedad ideal: la creencia en una divina encarnación en la figura de una mujer les permite abandonar las desigualdades de género; ese mismo igualitarismo permite que una mujer afroamericana se una a sus filas; por último, la instauración del celibato les permite enfocar toda su energía en la adoración a Dios.
Llama la atención que, tratándose de una historia sobre las pasiones -particularmente de un género especialmente adepto a su amplificación como el musical-, El testimonio deAnn Lee resulte una película narrativamente tan árida, tan tímida a la hora de explorar el contexto histórico circundante y tan unidimensional en el retrato de sus personajes. Buen ejemplo de ello es el personaje de William Lee que interpreta Lewis Pullman, en el cual una vaga subtrama gay confunde dobleses con profundidad.
Queda una reconstrucción histórica que quita el aliento, un trabajo innegablemente virtuoso en términos musicales, y una actuación de Amanda Seyfried que la reconfirma como una de las más grandes actrices del Hollywood actual. Seyfried encarna a Lee con una estrategia antagónica a la de su también brillante Nina Winchester en The Housemaid, (también de este año), y mantiene a flote la película como hace Anne Lee con aquel barco que lleva a los shakers a América. Lamentablemente, como ha sucedido con la comunidad misma, el problema con El testimonio de Anne Lee no es que naufrague, sino que permanece hasta caer en la irrelevancia.
![]()
(Reino Unido, Estados Unidos, 2025)
Dirección: Mona Fastvold. Guion: Mona Fastvold, Brady Corbet. Elenco: Amanda Seyfried, Lewis Pulman, Tim Blake Nelson. Producción:








