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Cine - Entrevistas

Entrevista a Laura Casabé y Benjamín Naishtat, directora y guionista de “La virgen de la tosquera”

Cuando se anunció la producción de La virgen de la tosquera, me llamó la atención encontrar sus nombres (Laura en la dirección y Benjamín en el guion) involucrados en un mismo proyecto. Los identificaba como realizadores de raigambres muy diferentes. Sin embargo, una poética los reunió: la de Mariana Enríquez. ¿Qué elementos de ese universo narrativo y estético los convocarón?

Laura Casabé: en los cuentos de Mariana Enríquez encontré un universo que sentía mucho deseo de trasladar al audiovisual. Un poco lo pedía a gritos: sus cuentos convocan una idea de montaje muy cinematográfico. Ella se reconoce como deudora de Stephen King, entre otros autores, y muy cinéfila. 

Benjamín Naishtat: el material de base era muy rico a nivel emocional y audiovisual. Dentro del universo de Mariana Enríquez, creo que Los peligros de fumar en la cama y particularmente el cuento “La virgen de la tosquera” son el punto más alto de su trabajo. Es muy potente. De ahí, nuestro trabajo sólo podía ir para arriba.

A la hora de buscar un universo narrativo, en la Argentina no se le suele prestar demasiada atención a la gran literatrura que tenemos. Me parecía saludable adaptar estos cuentos en este momento -con su autora en plena actividad y sus lectores activos- para potenciar las dinámicas que tienen las cinematografías de otras regiones, círculos virtuosos en los que la cultura nacional circula entre distintas formas artísticas.

El principal relato de Mariana Enríquez que adaptan en La virgen de la tosquera es, obviamente, el cuento homónimo. Pero también está “El carrito” que abre la película y va reapareciendo a lo largo de su extensión. ¿De dónde surgió la idea de combinar estos dos relatos?

LC: Fueron los cuentos que los productores consiguieron (ríe). Esa fue idea mía. Había una fusión muy natural entre los dos. “El carrito” transcurre durante la crisis del 2001, y eso despuntó en mí el deseo de instalar ese como el escenario de una película de coming of age y contarlo desde la experiencia adolescente. Había otro cuento más, “El aljibe”, que terminó quedando afuera naturalmente. A veces suceden esas cosas, es como una constelación que arma una figura.

Entiendo que La virgen de la tosquera no es la única adaptación que Benjamín escribió. Ahora estás adaptando la novela “Glaxo”, de Hernán Ronsino, que también vas a dirigir…

BN: Ya está filmada.

¿Tenés alguna manera particular de encarar el proceso de adaptación?

BN: Tiene que haber una apropiación muy personal. Tomar los elementos que a uno lo obsesionan, para reconfigurarlos y armar la película. Es como hacer una lectura con rayos X de la fuente literaria. No hace falta explicar que una película y un libro son experiencias recontra distintas, que implican distintas operaciones. Hasta ahora, las pocas adaptaciones que realicé fueron así: primero una lectura muy obsesiva y después trabajar por un año entero sin volver a tocar el libro. Lo que es curioso es que después reaparecen muchas cosas que uno se había olvidado que ya estaban ahí, en la fuente.

Antes de encarar la dirección de La virgen de la tosquera, Laura pasó por dos experiencias que, según entiendo, fueron primeras veces en su carrera como realizadora. Primero, la dirección del capítulo “El temblor” para la serie La hora marcada (con elenco y producción mexicanos). Por otro lado, la dirección documental en Álbum de familia. ¿Considerás que esas experiencias modificaron tu forma de encarar la dirección en La virgende la tosquera?

LC: Cuando llegué a La virgen de la tosquera tenía mucha experiencia acumulada que me aportó muchísimo, especialmente con respecto a las cosas que no volvería a hacer. No podría decirte claramente qué tomé de cada experiencia, todas se retroalimentan y me mantienen pensando. Sí puedo decir que de a poco fui encontrando un tono con el que me sentía cómoda aprendiendo a regularlo.

En cuanto a los elencos, todos son un aprendizaje. Pero después de haber trabajado con actores consagrados, sí sentía una rabiosa necesidad de ver caras nuevas, sin una impronta preexistente, que me hicieran sentir que estaba naciendo de cero.

Estamos viviendo como una explosión del terror y fantástico en la Argentina. Lamentablemente, en el ámbito del cine, el INCAA no acompaña. ¿Qué aspectos de estos géneros faltan en el cine argentino y podrían enriquecerlo?

LC: El cine siempre llega más tarde que la literatura, porque la escritura tiene menos obstáculos. Pienso en Luciano Lamberti y en Roberto Chuit Roganovich, ambos cordobeses y con novelas que transcurren allá. También en Tomás Downey, que escribió el capítulo que dirigí para La hora marcada.

BN: Pienso mucho en escribir películas de terror ambientadas en el norte argentino, mezclándolo con el imaginario vernáculo de fábulas y leyendas. Hay elementos muy ricos ahí, a los cuales no se les da mucha atención. 

Hay una revinculación de la cultura argentina con el lenguaje del género. Se rompió una barrera en la manera en la que el terror argentino era históricamente percibido, que abrió la puerta a otros universos.

LC: Ahora estoy por empezar a trabajar en un laboratorio de guion y aparecen muchos proyectos de terror, y muy buenos.

Hay una nueva cinefilia que cultiva y valora el género. Por eso no quiero ponerlo en términos de ausencia, sino de faltante. Voces sobran: lo que faltan son los recursos.

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