El subtítulo local (Un verano en Sicilia) no es solo un anticipo de la localización de Gioia mia, sino también un preanuncio de lo que será un contraste entre dos personajes, a los que sólo vincula un parentesco.
Nico (Marco Fiore) es un adolescente de alguna ciudad septentrional de Italia, al que sus padres envían de vacaciones a Sicilia; sería Palermo, aunque se indica Trapani como lugar de filmación. Allí vive Gela (Aurora Quattrocchi), que en verdad no es su abuela, sino la tía del padre de Nico.
Lo que desde el inicio subraya la película es el abismo que separa a ambos personajes centrales, tal como el inseparable celular, que le funciona a medias, ya que no hay wi-fi en la casa de la octogenaria. Otro tanto ocurre con la comida, puesto que ni las sardinas o berenjenas le parecen, a Nico, comidas “normales”. Menos aún el dormir la siesta, costumbre que en su casa no existe.
El chico siente la falta de Violetta, su niñera o babysitter. Ante una pregunta de Gela le responde que lo que extraña de ella es su “olor”. A dicho personaje se lo ve apenas al inicio, interpretada por Camille Comencini, actriz con apellidos de cineastas ilustres como el abuelo (Mario) y la madre (Francesca).
Un guion muy bien elaborado permite ir descubriendo, paso a paso, una serie de misterios, de los cuales tiene fuerte presencia, la proliferación de “espíritus” en las casas del vecindario, habitadas por “abuelas” y “nietos”, mayoría de estos últimos varones. Lo curioso es que prácticamente falta una generación intermedia, de la que poco y nada se hará mención durante todo el film.
Otro de los enigmas refiere al vínculo de Gela con la fallecida abuela del joven, que da origen a un diálogo, donde le revela por qué su nombre es Nico y no Agostino. Un personaje, no menor, es el perro Frank, para quien su dueña exige respeto, al afirmar que, pese a ser un can “no es tonto”.
Entre las temáticas que dominan la trama, la culinaria ocupa un lugar importante. De no ser ni siquiera capaz de romper un huevo, las circunstancias lo obligarán a Nico a aprender a cocinar, llegando a conocer los ingredientes que su compañera de vivienda denomina “los fundamentales”.
La historia introduce además a otro personaje que va adquiriendo trascendencia a medida que avanza el metraje. Se trata de Rosa (Martina Ziami), nieta de una de las amigas de Gela, también adolescente y compañera de juego, con otros tres niños más. La película evita cuidadosamente derivar en alguna situación íntima entre los jóvenes, pese a que, por su edad, sería imaginable.
Hay varios aspectos que en Argentina resultan familiares y de alguna manera “heredados”, como el célebre juego de las “escondidas” entre los chicos o también la escena en la playa, que tanto recuerdan a las de nuestras costas.
Sorprende que se trate de la opera prima de Margherita Spampinata, pero vale resaltar las cualidades del film, el uso y no abuso de la cámara en mano y la destreza de la dirección, con actores muy jóvenes. Ello explica la razón por la cual en 2025 el Festival de Locarno premió a la realizadora y también a Aurora Quattrocchi, quien no es totalmente desconocida en nuestro país, ya que, curiosamente, actúa en el episodio final de Homo Argentum.
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(Italia, 2025)
Guion, dirección: Marguerita Spampinato. Elenco: Marco Fiore, Aurora Quattrocchi, Martina Ziami. Producción: Gianluca Arcopinto, Alessio Pasqua, Benedetta Scagnelli. Duración: 90 minutos.


