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Cine

Hijo mayor

DÍAS EN QUE UNA PALABRA LEJANA SE APODERA DE MÍ

Los recuerdos son como las pequeñas olas de un río. Avanzan y retroceden en la orilla del pensamiento, a veces con timidez, otras con fuerza. Tienen ese ir y venir que fluctúa como una coreografía de ballet ruso, donde no siempre es claro el próximo movimiento. Una tarde de pesca en familia frente al río puede traer muchos recuerdos. La quietud y displicencia que exige estar frente a la espera del pique de un anzuelo invita a rememorar el pasado, a incurrir en la práctica de la memoria. Esta escena, idílica a la Renoir como en Une partie de campagne o al igual que el famoso cuadro de Seurat, es el punto de partida de Hijo mayor (2025) de Cecilia Kang, una historia familiar marcada por la inmigracion, el fracaso y la ausencia.

Entre botellas de soju y latas de Schneider, el primer largometraje de ficción de la directora que hizo Partió de mí un barco llevándome (2023) nos invita a otro viaje sentimental. Duro pero con la ternura que caracteriza sus retratos. Esta vez nos enfrentamos a las vicisitudes y desplazamientos de una familia coreano-argentina que trae su pasado al presente. Un poco para comprenderse, otro poco para sanar, la historia que se cuenta parte de un relato oral que, de alguna manera, funciona como un parche para una vieja herida. A la manera en que lo hacía el artista paraguayo Feliciano Centurión con sus obras de arte hechas de frazadas y retazos. La referencia a Paraguay no es inocente ya que gran parte de la acción transcurre en el país limítrofe. Bien, la hija quiere conocer la historia de su padre y le escucha, le pregunta cosas. En los silencios de esas respuestas aparecen las imágenes de un pasado de subsistencia, precariedad y desilusiones. Lo que hace Cecilia Kang es poner en imágenes esos recuerdos. Darle a la memoria, forma de celuloide.

Siguiendo la figura del padre, la película narra el auge, caída y exilio de un inmigrante coreano. Concentrada sobre todo en su estancia paraguaya, la forma del filme linda entre dos polos estéticos sugerentes que establecen vínculos, pequeñas filiales. En principio es difícil no acordarse de a momentos de Happy Together de Wong Kar-wai. No solo por el hecho de poner en escena una pareja oriental con un telón de fondo argentino, lo que conforma una dualidad sugerente, sino que también hay algunos planos, cierta espera, algo de lo poético, que recuerda al director chino. Después está lo coreano per se, es decir una mezcla entre Hong Sang-Soo y Lee Chang-Dong. Una manera de tratar los diálogos y las situaciones que suelen tener cierto tratamiento artístico, una búsqueda de la belleza más allá de la proporción áurea. Dicho esto para establecer ciertos parámetros, el filme también resulta tan argentino como cualquier producción de Pablo Trapero o Ricardo Darín.

Hijo mayor es una obra que emociona, que su destreza no obnubila lo que tiene de sangre en las venas. No solo nos traslada a un mundo perdido sin celulares en donde la demora era parte orgánica del vivir sino que además abre preguntas, plantea diversas inquietudes. De algún modo, la familia coreano-argentina es también nuestra familia. Un entramado de afectos y tragedias que conforman una historia que se une a otra y así ad aeternum. La directora retrata a su familia, a su comunidad, para que nos veamos a nosotros, que somos ellos. Pocas películas relatan aventuras tan lejanas y que a la vez lucen tan cercanas, extranjeras pero familiares. Esta perlita de Cecilia Kang entra en ese corolario.     

(Argentina, 2025)

Guion, dirección: Cecilia Kang. Elenco: Kim Chang Sun, Suh Sang Bin, Anita B Queen. Producción: Juan Pablo Miller. Duración: 118 minutos.

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