Cuando uno está sentado en su butaca y observa la escena inicial de La única opción, es posible que surjan ciertos interrogantes: ¿Efectivamente vine a ver una película de Park Chan-wook? ¿O acaso me equivoqué de sala?
Un día soleado. Una parrillada. Una espaciosa casa de familia rodeada de un precioso entorno natural. Dos perros de raza Golden Retriever (sí, dos). Un adolescente de apariencia tranquila (Kim Woo-seung). Una niña prodigio en el arte del violonchelo (Choi So-yul). Una servicial ama de casa (Son Ye-jin). Y un exitoso gerente de una compañía papelera (Lee Byung-hun). La vida de Man-soo, nuestro protagonista, es un completo idilio. Encuadrados desde una angulación casi cenital y mientras pétalos rosados caen a su alrededor, la familia Yoo se funde en un cariñoso abrazo. Con plena satisfacción, Man-soo exclama: “¿Sabes lo que siento ahora? Que lo tengo todo”.
Este retrato del american dream (pero localizado en Corea del Sur) justifica la aparición de aquellas preguntas sugeridas anteriormente. Incluso el espectador puede barajar la posibilidad de que Park Chan-wook esté experimentando, es decir, de que haya abandonado su estilo lúgubre para optar por un inusitado optimismo. No obstante, el pasar de los segundos nos confirma que esta visión entusiasta de la vida es atípica y efímera en partes iguales. El radiante sol del principio es acechado por un amenazante nubarrón y, mediante dicho símbolo, ya se nos anticipa que lo mostrado en este comienzo es simplemente la calma antes de la tormenta.
Dentro de la siguiente escena se hace presente el primer rasgo estilístico del autor surcoreano: una presunta voz en off de Man-soo, quien parece estar recitando un discurso dirigido hacia los nuevos propietarios estadounidenses de la empresa papelera. En simultáneo, vemos a nuestro protagonista recorrer su lugar de trabajo e interactuar amistosamente con sus empleados. Sin embargo, tanto la imagen como la voz se actualizan, revelándonos que Man-soo solo estaba practicando dicho discurso con tres de sus compañeros de trabajo. Mientras su figura es fragmentada por el pasar de vehículos y máquinas industriales, Man-soo trata de adquirir la seguridad necesaria para disuadir a sus nuevos jefes de realizar un brutal recorte de personal. Pero de un momento a otro, a Man-soo todo le sale mal. Nuestro protagonista no solo fracasa en su intento de hablar con los norteamericanos, sino que además se entera de que él también está incluido en esa lista de empleados despedidos. Es a partir de ello que la vida de Man-soo ingresa en una espiral de variadas desgracias.
A la vez que Mi-ri, su esposa, implementa un nuevo régimen de austeridad familiar, Man-soo se convence de que la crisis únicamente puede ser revertida con un nuevo empleo en la industria del papel. Claro está que eso no es una tarea sencilla debido a la escasez de las ofertas laborales. Ante ese panorama, Man-soo encuentra una única opción para cumplir con su objetivo: asesinar y desaparecer a los candidatos más calificados con el fin de incrementar sus posibilidades de ser contratado. Ahora sí estamos en presencia de una película de Park Chan-wook hecha y derecha.
Es evidente que la puesta en marcha de un determinado plan es una de las mayores obsesiones narrativas que tiene Park a nivel autoral. Pero como buen cineasta de género que es, el director surcoreano no pone el foco en la originalidad argumental de dicho plan, sino que su interés está volcado en la ejecución del mismo. En ese sentido, las formas en las que se llevan adelante los planes que caracterizan cada una de sus películas son cambiantes, dependiendo pura y exclusivamente del género cinematográfico que Park intenta explorar (además del thriller). Mientras que en Oldboy (2003) se pone en juego una lógica más ligada al cine de acción, y en The Handmaiden (2016) hay una propuesta de melodrama erótico, en La única opción se elige la comedia.
Park nos ofrece un protagonista antihéroe que en ningún momento parece tener el control de lo que sucede. Sus movimientos son torpes, su hablar es tembloroso y sus decisiones fortalecen el círculo de eventos desafortunados que tanto lo atormenta. A partir de estas cualidades es que se construye el registro cómico del plan. Man-soo no es capaz ni de hallar cómodos lugares de espionaje, ni de disparar su arma con un atisbo de talento, ni siquiera de esconder correctamente un cadáver en el baúl de su auto. Estos gestos erráticos acontecidos durante el desarrollo del plan son los que le otorgan a La única opción su identidad cómica. Pero además, Park también logra desarrollar la comedia con los propios recursos del séptimo arte. Un ejemplo de ello es la escena en la que Man-soo confronta a Gu Bum-mo (Lee Sung-min) para asesinarlo. Allí, la música diegética está a un volumen tan alto que le quita claridad a los diálogos de ambos personajes. De este modo, el sonido no solo produce un choque anempático respecto de lo que se observa, sino que también posibilita que el espectador se concentre en dos elementos que conducen a la risa: las expresiones faciales hiperbólicas, y la dilatación del tiempo que vuelve todo mucho más disparatado.
La incompetencia cómica de Man-soo se comprende desde el mero hecho de que no es un profesional del asesinato. Nuestro protagonista es un hombre de familia común, con el leve detalle de que una situación límite lo posiciona en un escenario extraordinario. Justamente, la combinación de lo crítico y de lo excepcional perjudica su condición de persona corriente. Cuanto más avanza en su plan, más descuida el bienestar de sus cercanos y su autoridad como líder familiar. Por lo que acontece un movimiento contradictorio: todo lo que Man-soo realiza lo hace en pos de la felicidad de su familia, pero con ello únicamente consigue aumentar la infelicidad de su esposa y sus hijos. Este contrapunto de deseos, acciones y resultados también es trabajado por Park en muchas de sus anteriores películas. En relación a esto, La única opción se hermana particularmente con los mecanismos de Sympathy for Mr. Vengeance (2002).
Desde el vamos, tanto Sympathy for Mr. Vengeance como La única opción privilegian la merma de la transitoria sorpresa en favor del siempre noble suspenso (cosa que no es del todo común en la filmografía de Park Chan-wook). Asimismo, las motivaciones de sendos personajes principales también resultan similares. Ryu (Shin Ha-kyun), el protagonista sordomudo de la película del año 2002, queda atascado en una trama macabra al querer conseguir un riñón para su hermana enferma. Haciendo una veloz comparación entre las desventuras de Man-soo y las de Ryu, Park parece proponer que la única opción que tienen estos personajes desesperados (a quienes el voraz sistema imperante les da la espalda) es la aplicación del famoso mantra “el fin justifica los medios”.
No obstante, existe un tópico que suele identificar al cine de Park y que en La única opción brilla por su ausencia: la cuestión de la venganza. Es frecuente ver en los personajes del cineasta un modelo del vengador, alguien que fue perjudicado en términos individuales y cuya única salida es el puro ajuste de cuentas (de ahí la ejecución del plan). La única opción, por el contrario, organiza su relato de una manera distinta. Si bien puede tomarse al plan de Man-soo como una venganza contra el sistema, la realidad es que el propósito del personaje principal no es la pura satisfacción interna, sino la restitución de un orden perdido. Orden que, vale decir, es inherente a ese sistema que lo marginó. Por ende, Man-soo no planea convertirse al anarquismo y destruir la industria papelera, sino que su mayor deseo es retornar a ella.
Con total lucidez y vigencia, al autor surcoreano no le tiembla el pulso para expresar su desencanto respecto del mundo contemporáneo, el cual queda signado por el salvaje interés económico, la expansión de la lógica corporativa, el privilegio del confort individual, el desconocimiento entre pares y la automatización del hombre. Las acciones llevadas a cabo por Man-soo quedan intrínsecamente ligadas a una inquietante deshumanización, así como también a una pérdida completa de la identidad personal (el final de la película así lo demuestra). En ese sentido, Park denuncia de manera excelsa que la pretensión de pertenecer al sistema actual implica el inevitable otorgamiento de ciertas concesiones. La fidelidad a los ideales propios ya no es permitida en un presente que exige constante adaptación y avance para no morir. Incluso la capacidad de decisión del sujeto queda disminuida a su mínima potencia. En definitiva, Park logra encapsular en La única opción un suceso angustiante: la resignación del ser humano ante los males de la contemporaneidad.
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(Corea del Sur, 2025)
Producción, dirección: Park Chan-Wook. Guion: Park Chan-Wook, Lee Kyoung-mi, Jahye Lee, Don McKellar. Elenco: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Park Hee-soon. Duración: 139 minutos.








