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Cine

Los días chinos

PEQUEÑA Y FRÁGIL

Un viaje postergado que finalmente se concreta. Ese es el principio de Los días chinos (2025), último largometraje de Santiago Loza donde explora su cotidianidad en los confines de oriente. El escritor, dramaturgo y director de cine cordobés aparece ahora con un rejunte de materiales diversos que son un muestrario de su sensibilidad, de su ojo para las cosas, de la manera en la que el asombro las alumbra. Entre filmaciones, músicas y poemas, nos adentramos en un viaje de los sentidos, en una amalgama de observaciones y texturas.

Filmar es como pescar, observa el autor entre sus imágenes. Es una metáfora lo suficientemente sugerente como para describir la práctica de la cámara en esta película. Santiago Loza, tal voyeur hambriento, posa el lente en un lugar fijo y espera a que pasen cosas. Al igual que en la pesca, muchas veces no pasa nada. La espera, lenta y fangosa, entorpece el paso del tiempo e instala la pregunta sobre si vale la pena todo esto. Pero otra veces, en momentos luminosos e inequívocos, surge la distinción, una belleza salvaje. Un río, la lluvia, el humo que se desprende del té verde. Son momentos, como dice el director, instagrameables. Pero si nos alejamos de esa lógica absurda de las redes sociales de las que Loza, como todos nosotros, formamos parte, son momentos únicos, bellos. Algo que se desea capturar para siempre y que no se lo lleve el río de la memoria.

La música original de Fernando Kabusacki es fundamental para navegar estas aguas de recuerdos. Una especie de composiciones tradicionales chinas mixeados con algo experimental y motivos introspectivos. Como si se intentara poner en sonidos los pensamientos de un monje budista. Las imágenes no vienen solas sino que acompañadas de lo que parece una banda de post rock en un retiro espiritual, algo que podría haber creado Brian Eno en una Pagoda.

Esta es una película “pequeña y frágil”, como la definió su director en la presentación del Malba. Es una obra delicada a la que le cuesta salir adelante y sin embargo está ahí, como un pequeño brote de hierba que surge entre las baldosas. En un momento del filme se ve un fuego, un tótem de distintas cosas que se incendia en medio de lo que parece ser un santuario. Se asemeja a un ritual de purificación, quizás algo que también esté transitando Santiago Loza. Más allá de sus miedos en relación a dejar de filmar, el hombre es un ave fénix. Alguien que renace entre las cenizas de la precariedad cultural a la que estamos sometidos y nos trae belleza, sensibilidad.

(Argentina, 2025)

Guion, dirección: Santiago Loza. Producción: Diego Dubcovsky, Pablo Chernov, Santiago Loza. Duración: 64 minutos.

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