Con Los lobos (Les loups, 2024) es posible volver a intuir los múltiples alcances creativos para retratar la locura. Su fluidez entre géneros se siente expandible como ocurre durante los mejores momentos de vida. Sea lo que signifique tal exageración, Isabelle Prim mezcla teatro, musical, documental, fantasía e historia.
En el inicio, luego de ver un ganso mecánico, se recrea teatralmente la caza de un lobo en una comunidad de hace dos siglos atrás. Mientras el ganso advierte artificio y humor, los planos medios y primeros planos presentan al versátil elenco. Por su parte, las imágenes más abiertas brindan una sensación comunitaria. Luego, cada grupo interrumpe el discurso del otro. El lobo cazado es un muñeco. Y el mismo pueblo se queja de esto, el lobo todavía no ha muerto. Ya lo sospechamos, que el lobo nunca muere. Después los intertextos en la imagen atisban de qué trata todo esto “en un nivel histórico”.
Tomar como primera referencia Marat/Sade (Peter Brooks, 1967), resuelve otras inquietudes. Muchas quedarán como respuestas lúdicas desde distintos escenarios planteados. Porque entender para Prim solo ocurre después, a medida que cada paciente habla a solas, o si dialoga con otros. Visualmente ella coloca las barreras mentales detrás de sus personajes, y muchas veces desenfocadas. Su montaje los reintegra y aísla de una manera diferente a como ocurría con los espectadores en la obra de Brooks. La realizadora se las arregla para evadir confusiones narrativas gracias a los escasos intertítulos y, más todavía, por su dúctil elenco. Son pacientes psiquiátricos por lo que su expresividad enriquece las escenas teatrales y las cinematográficas.
Mientras, en la obra de 1967, había barrotes carcelarios entre el público y la puesta en escena sugería las distancias insalvables entre el adentro y el afuera. Allí, además, la ironía y el sarcasmo guiaban la narración: las figuras de poder presentaban a los diagnosticados, precisando sus ‘síntomas’. Prim, por su parte, afina las destrezas de su elenco ejecutando varios roles claves y deja que la imagen audiovisual enriquezca todo lo que otros abordajes no podrán.
Al final, por ejemplo, los intérpretes se sientan, en distintas posiciones, a esperar el sorteo de quién interpretará a la bestia. Este plano general resuelve con gracia el dilema de la locura como una construcción coral donde cada paciente, al menos hoy en día, entra y sale de personaje para cuestionarse. Para remate tal reflejo íntimo trae a colación obras recientes como Dejar Romero (Moujan y Khourian, 2024) donde locura y verdad conviven cotidianos entre el arte.
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*Ya esto lo sugería Josefina Sartora cuando comentaba sobre la película en el contexto del BAFICI más reciente.
(Francia, 2024)
Guion, dirección: Isabelle Prim. Elenco: Blandine Madec, Charlotte Clames, Marc Susini, Denis Dedieu. Producción: Emmanuel Chamet. Duración: 96 minutos.







