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Cine

Love (Kjærlighet)

No es novedad afirmar que las remakes, las precuelas y las secuelas son grandes protagonistas de la industria contemporánea. Claro está que este tipo de películas siempre existieron, pero es evidente que su predominio data de solo unos pocos años atrás. El feroz interés económico disfrazado de nostalgia, el rotundo éxito del Universo “cinematográfico” de Marvel y el boom tanto de las series como de las plataformas de streaming son algunos de los factores que contribuyeron al estado actual del cine mainstream. Sin embargo, también está la posibilidad de hallar ciertas películas que se enmarcan dentro de la lógica serial de nuestros tiempos, pero que realmente no la cumplen a rajatabla. Por supuesto que la Trilogía de Oslo es un ejemplo de ello.

Si bien fue estrenada en segundo lugar en los cines de nuestro país, Love es la tercera y última entrega de la trilogía noruega. Al igual que en Sex, la película cuenta con dos personajes principales cuyo primer punto de contacto es su trabajo: Marianne (Andrea Bræin Hovig) y Tor (Tayo Cittadella Jacobsen). Mientras que ella es una solitaria médica uróloga que suele escapar de los compromisos amorosos, él es un enfermero desinhibido que cree en la espontaneidad de lo sexoafectivo. Durante varios días del verano nórdico y ateniéndose cada uno a sus opiniones, ambos protagonistas irán conversando a lo largo de la película sobre el amor, el sexo y las relaciones humanas de la contemporaneidad.  En el camino, se cruzan con el geólogo Ole Harald (Thomas Gullestad) y el psicólogo Bjørn (Lars Jacob Holm), intereses románticos que pondrán a prueba esos puntos de vista, llegando incluso a flexibilizarlos.

La razón por la que Sex, Dreams y Love se alejan de las sagas tradicionales es muy simple: su total autosuficiencia. Dag Johan Haugerud, su director, descarta la idea de producir una férrea interconexión argumental entre las tres películas. Es decir que no apela a una continuación de mismos personajes y tramas, sino que su prioridad central es la prolongación tanto de un espíritu como de un estilo particular. Bajo esta premisa, y también teniendo en cuenta que todas ellas transcurren en la ciudad de Oslo, se genera el nexo que enlaza a Sex, Dreams y Love en una única trilogía. No obstante, aquella búsqueda estilística que Haugerud trata de replicar es, al mismo tiempo, la responsable de las debilidades que el último filme presenta.

Mediante Love, el director noruego vuelve a demostrar su capacidad a la hora de construir escenas de conversación con un alto grado de intimidad. En ese sentido, Haugerud toma decisiones narrativas que no había utilizado en Sex y que en esta tercera película le funcionan. La intención de situar varias de esas conversaciones en plena noche es una de sus ideas más acertadas en pos de potenciar la cercanía que los personajes desarrollan. En conexión con ello, termina ocurriendo que Marianne y Tor llevan adelante una contradicción que resulta real: el conocer verdaderamente a un compañero de trabajo por fuera del típico espacio-tiempo laboral. Ambos protagonistas se ven las caras todos los días para atender a los pacientes afectados por el cáncer de próstata. Pero a pesar de esta rutina, su charla más personal acontece gracias a un encuentro casual en un ferry nocturno.

Esta atmósfera íntima vuelve a estar acompañada de una puesta en escena que apunta a la parquedad formal, lo cual no implica más sencillez. Nuevamente privilegiando el correcto despliegue de las conversaciones y la potencia de lo cercano, Haugerud se decanta por la utilización del plano y contraplano como principal recurso cinematográfico. Pero tal como sucede en Sex, el director tiene esos pequeños y cortos momentos de quiebre que se distancian de la lógica enunciativa que la película propone mayormente. Ahora bien, en Love acontece un problema: sus rupturas formales no resultan ni atractivas ni eficaces en términos narrativos.

Lo sucedido durante el filme no pareciera ofrecer los suficientes motivos para que Haugerud ejecute dichas estrategias de enunciación. Un claro ejemplo de ello es el vertiginoso travelling in que la cámara realiza hacia el ferry luego de que Marianne y Tor tengan su primera reflexión conjunta. Si bien es posible asociar dicho recurso al cambio de punto de vista de la narración o, en todo caso, al saldo emocional que deja la mencionada escena en los protagonistas, la realidad indica que aquel movimiento de cámara es demasiado hiperbólico para lo que uno supone que trata de contar. De esta manera, la inarmonía formal que dentro de Sex tenía su propia coherencia interna, en Love termina siendo un injustificado y pobre intento de develamiento del artificio.

A pesar de haber destacado el clima de intimidad de las conversaciones que mantienen los personajes, también sucede que el contenido de las mismas peca de insípido. Las lecturas de Marianne y de Tor sobre el amor contemporáneo pretenden una profundidad que, de haberse conseguido, podría haber actuado en favor de la acción dramática de la película. En cambio, las filosofías de los protagonistas de Love sufren de un tratamiento chato que produce dos cuestiones puntuales: el uso de sus creencias como mera excusa narrativa para diferenciarlos entre sí, y la acumulación de situaciones repletas de diálogos tediosos y expositivos. Más evidenciada queda esta superficialidad con la aparición de los ya comentados mecanismos arbitrarios de la puesta en escena.

Siempre es digno de valorar que existan películas con una visión humanista sobre la vida. En una industria en la que se está volviendo cada vez más frecuente encontrar autores que eligen la vía de la misantropía exagerada, Haugerud prefiere apelar a la empatía y a la nobleza humana. Lamentablemente, los caprichos formales y la monotonía de la narración hacen que Love no logre igualar ni superar a la primera entrega de esta Trilogía de Oslo. Sin embargo, haciendo caso omiso a sus fallas, resulta indudable que el director noruego ha ganado el interés tanto de la crítica como de los espectadores, abriendo así la posibilidad de que sus futuras películas se conviertan en un convincente objeto de atención general.

 

(Noruega, 2024)

Guion, dirección: Dag Johan Haugerud. Elenco: Andrea Braein Hovig, Tayo Cittadella Jacobsen, Lars Jacob Holm. Producción: Hege Hauff Hvattum, Yngve Saether. Duración: 119 minutos.

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