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Cine

MadS: Terror en tiempo real (MadS)

En 1948, Alfred Hitchcock llevó a cabo la realización de Rope simulando un plano secuencia de casi una hora y media de duración. En aquel momento, el acercamiento radical a un pretendido “tiempo real” en pantalla supuso un precedente notable en términos técnicos, excediendo incluso su justificado valor estético-narrativo. El juego del interminable plano secuencia en sí resulta vistoso (incluso en la actualidad) por el desafío técnico que conlleva. 

Hoy, casi ochenta años después del experimento de Hitchcock, el registro audiovisual en tiempo real tiene otra connotación. No sólo por la larga lista de películas y series que toman esta premisa como mayor punto de atracción -léase 1917 (2019) o la serie Adolescence (2025)-, sino porque el ecosistema audiovisual configurado por las redes sociales posee en su centro derivas naturales del concepto “plano secuencia”, como los videos sin cortes en historias de Instagram.

Estamos rodeados de objetos audiovisuales que, sin mucho esfuerzo, podríamos catalogar como “planos secuencia”. Esto genera un acostumbramiento natural, que deriva en una pérdida de sorpresa ante el artificio por el artificio mismo (es decir, el plano secuencia en sí, exento de su contexto).

En esta coyuntura se produce MadS: Terror en tiempo real, film francés de terror planteado en un gran plano secuencia. La línea argumental puede resumirse en: una serie de jóvenes de la clase media alta francesa contemporánea consumen una especie de cocaína adulterada y se dirigen a una fiesta. Dentro de este grupo, se destacan tres personajes que conforman un involuntario triángulo amoroso y que son, de forma episódica, los protagonistas de la película: Romain (Milton Riche), Julia (Lucille Guillaume) y Ana (Laurie Pavy). En paralelo, una especie de experimento institucional secreto –del que nunca sabremos mucho- se va de las manos y desata un virus de violencia transformando a las personas en proto-zombies.

Si existe, acaso, un punto acertado en la construcción del film es su acotado rango de “teclas narrativas” que pretende tocar. MadS: Terror en tiempo real se inscribe en la lógica histórica del cine de zombies o incluso del slasher: los personajes como vehículos (o excusas, en este caso) para exhibir una destreza en la representación del a violencia o, mejor dicho, del terror. Dicho esto, incluso podría achacársele a la película el hecho de que, más de una vez, juega a sobre-dramatizar innecesariamente algunos de sus elementos. Por ejemplo, en un momento se hace referencia a un embarazo accidental producto de una infidelidad dentro del triángulo amoroso protagonista. Esta deriva, absolutamente prescindible para el desarrollo dramático, sólo apunta a tocar las fibras sensibles del espectador de una forma, como mínimo, cuestionable.

Siguiendo la línea de elementos dudosos que la película presenta para verse más atractiva, retomemos el concepto de “plano secuencia”. Si bien puede intuirse una intención de dotar al relato de un hiperrealismo y pulso nervioso mediante el no-empleo de cortes, más de una vez la película abusa de escenas que se sienten incluidas a la fuerza, más como una excusa para nunca cortar que como una sucesión escénica coherente respecto al relato.

Algo similar se le podría adjudicar a la construcción de los proto-zombies. La implacable letalidad de estas criaturas está delimitada por lo que le convenga al relato en ese momento. Se presentan como humanos infectados extremadamente violentos, capaces de contagiar y/o asesinar a toda persona que se encuentre a su alrededor. Sin embargo, esta lógica básica se ve traicionada, por ejemplo, en una de las secuencias finales, cuando Julia lleva en moto a la recién infectada (ergo, muy peligrosa) Ana hacia su departamento. Se trata de un viaje registrado en tiempo real en el que la infectada posee plena libertad para morder a la conductora de la moto o, como mínimo, atacarla de alguna forma como viene de hacer con dos transeúntes en las dos escenas inmediatamente anteriores a la referida. Entonces: ¿cuál es la razón por la cual no lo hace? Puramente por conveniencia narrativa. El director y guionista David Moreau decide terminar la película desde el punto de vista de Julia y, para lograrlo, necesita que el personaje siga vivo y llegue a su departamento. A la vez, necesita que la infectada Ana llegue también para desencadenar el clímax.

No hay una lógica constructiva que justifique la inacción violenta del personaje. Como tampoco hay una razón coherente por la cual el director haya decidido contar esta historia a través de un plano secuencia de noventa minutos.

Son elecciones que denotan, por un lado, una pobre construcción narrativa desde el guion, ya que hay varias preguntas semejantes a la antes planteada que podrían legítimamente desestimar cualquier tipo de verosímil pretendido. Los personajes, sobre todo a partir de la segunda mitad del film, accionan bajo el trazo visible de la conveniencia del guionista. Por otro lado, se deja entrever una necesidad por realizar una película vistosa, llamativa por su artificio (una película de terror “en tiempo real”) más que por una construcción sólida.

MadS: Terror en tiempo real se siente como una oportunidad desaprovechada. Lo que bien podría haber sido una especie de remake espiritual de Rabid de David Cronenberg, retomando su concepción de humanos infectados (incluso añadiéndole una capa reflexiva sobre la realidad post-pandemia), termina cobrando la forma de un cortometraje estirado hasta el hartazgo, con el único objetivo de demostrar destreza visual y técnica, quizás sin la conciencia de que vivimos en un presente cinematográfico plagado de técnicos muy vistosos y, a su vez, carente de narradores.

(Francia, 2024)

Dirección: David Moreau. Guion: David Moreau. Elenco: Milton Riche, Lucille Guillaume, Laurie Pavy. Producción: David Danesi, Yohan Baiada. Duración: 89 minutos.

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