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Cine

Oca

En el cine, la fe es tangible. Por esto vemos el milagro de Sarah Miles, la resurrección de Inger Borgen*, el discurso amoroso de Märta Lundberg, y la partida de Irene Girard. Ellas, entre otras, expresan con su mirada y voz la existencia de algo más. Porque el arte audiovisual nos pone en disposición de confesarnos, y ojalá meditar, con menos penitencias.

De otro lado, hay obras/personajes más dubitativos o ambiguos donde la fe se (con)funde con el poder eclesiástico. Tomas Ericsson y la hermana Aloysius Beauvier pertenecerían a este grupo. Ahora, también las mujeres de Oca. En esta, varias generaciones representadas en pocos personajes coinciden o luchan entre ellas mismas para llegar al pueblo de San Vicente donde está el arzobispo recién electo. Viven las certezas como hábitos, saben de sus penas, y les toca ser altaneras para sobrevivir en un mundo donde los hombres son borrachos, tercos, narradores natos, escurridizos y poco más.

El choque entre fe y poder logra los mejores momentos acá. La teatralidad de las primeras escenas enriquece el uso de locaciones al aire libre donde la composición audiovisual es clave para indicar lo que se avecina. El uso de picados y contrapicados tienen la misma fuerza de las composiciones de Vivaldi utilizadas. La incomodidad de personajes buscando sentido mientras desconfían los unos de los otros se equilibra con el frágil aplomo en las miradas y reflexiones de, sobre todo, Natalia Solián.

De resto la película flaquea. Al enfocarse en la fe y en los abusos de poder, y sin agnosticismo para poner a prueba creencias, lo que queda es una obra carente de matices. Aun si las mujeres sobreviven a los ataques entre ellas y a algunas alianzas tímidas, se empoderan ejerciendo los mismos tejemanejes de los hombres, con mayor astucia.

Para la realizadora es insuficiente el lugar del milagro audiovisual. Las actuaciones destacan pero el egoísmo de los personajes interrumpe cualquier posibilidad de conciliación, así sea para quienes atestiguamos la historia. Tampoco queda claro si poner en escena milagros es imposible por los tiempos que corren. La obra está más ocupada en que cada uno ejerza su rol en la congregación, en el poder y en la huida… o en el despliegue técnico. A ver quien sobrevive o quien opaca.

Así las cosas, cuando recordamos a personajes enfrentando lo inexplicable o inimaginable, lo sabemos: no estamos solos. Oca se ubica firme desde el otro lado, en el individualismo y la desolación donde los sueños no se escuchan completos ni se interpretan. Por ende la feminidad termina sometida, sea cual sea el contexto donde ella aparezca.

*También habría que incluir a Marianne en Luz silenciosa, la reinterpretación hecha por Carlos Reygadas de la obra de Dreyer.

(México, Argentina, 2025)

Guion, dirección: Karla Badilo. Elenco: Enrique Arreola, Raúl Briones, Cristel Guadalupe Nuñez. Producción: Karla Badillo, María José Cordova. Duración: 109 minutos.

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