BECKETT FRENTE AL CONGRESO
“Siempre es la misma historia, dos personajes unidos en lo peor”, dice la voz en off de Luciana Acuña al principio de la obra. Es una síntesis bastante acertada, no solo de la trama de Pin de fartie (2025), último largometraje de Alejo Moguillansky, sino también de gran parte de la filmografía del director. En películas como La vendedora de fósforos (2017) y La Edad Media (2022) ya aparece esta narrativa recurrente: historias de dúos o parejas que se bifurcan en los entramados ficticios de lo lúdico. Juegos ficcionales que lindan entre el teatro y el homenaje constante a la nouvelle vague donde la mezcla origina algo parecido a lo que es un ambiente circense. Un espacio lleno de colores donde los cuerpos saltan, bailan y recitan monólogos. La libertad es lo principal en Moguillansky, y si es con humor, mucho mejor.
El film aborda cuatro historias de dos personajes. Una niña, interpretada por Cleo Moguillansky, que cuida a un ciego en la piel de Santiago Gobernori. Una pareja de actores que interpretan el Final de partida de Beckett donde brillan Laura Paredes y Marcos Ferrante. Un hijo que se hace cargo de la madre donde aparece nuevamente la pianista Margarita Fernandez, y un matrimonio de personas en situación de calle, quizá es la historia más interesante pero la menos lograda. Podría incluirse también en el corolario la relación simbiótica entre Luciana Acuña y Maxi Prietto, que se encargan de llevar la narración de la historia mediante canciones y relatos. Estas historias son amalgamadas por la dramaturgia del irlandés. Es decir, el hilo conductor que une estas historias son los puntos de contacto que tienen con una obra de teatro. Estos movimientos paralelos no terminan de confeccionar una coreografía. Parecen pasos dispares en la oscuridad que sin embargo logran algo, una especie de baile experimental.
Los momentos en los que más se luce Moguillansky en su filmografía es cuando la realidad se le cuela en las imágenes. En el caso de La vendedora de fósforos se encuentra aquella huelga de trabajadores del Teatro Colón que le hacía la vida imposible a Martin Bauer y a la producción misma de la película. En este caso aparecen, como perlas milagrosas, escenas del Congreso de la Nación vallado, tan habitual en estos años. Esas imágenes que no son inocentes, devienen en una piña para el espectador. Entre diálogos absurdos a la orilla del agua como en Pierrot, le fou y alguna que otra situación cómica, aparece la historia argentina. El contexto social y político que atraviesa la película, y parece olvidado. O al menos no se quiere recordar. La pantalla porosa deja ver su defecto, la miseria que intenta hacer desaparecer y sin embargo le envuelve.
Pin de fartie es una película nostálgica con las notas de humor a las que nos tiene acostumbrados la gente de El Pampero Cine. Si bien se pierde alguna que otra cosa juguetona y medio de stand up que había en sus anteriores películas, la pérdida se compensa con un poco más de introspección, con algo más de pensamiento. Film poético sin ínfulas de grandeza, esta última obra de Alejo Moguillansky es un caleidoscopio de situaciones en torno a Samuel Beckett y sus parejas de personajes a lo Esperando a Godot. Un aggiornamento argentino de la obra de teatro. Una fábula de múltiples y confusas moralejas.
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(Argentina, 2025)
Dirección: Alejo Moguillansky. Guion: Luciana Acuña, Alejo Moguillansky, Mariano Llinás. Elenco: Santiago Gobernori, Cleo Moguillansky, Laura Paredes, Marcos Ferrante, Luciana Acuña, Maxi Prietto, Laura López Moyano, Fernando Tur, Margarita Fernández, Alejo Moguillansky. Producción: El Pampero Cine. Duración: 106 minutos.








