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Cine

Proyecto Fin del mundo (Project Hail Mary)

NO ESTAMOS SOLOS

-“Es posible que la humanidad, algún día, sea capaz de devolverle al sol su juventud, incluso después de que haya muerto de viejo?¿Se puede revertir la cantidad total de entropía en el universo a su valor inicial?

DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA”

La Última Pregunta, Isaac Asimov

Cuando miramos a las estrellas a menudo nos preguntamos si en verdad estamos solos en el universo. Si tan solo somos polvo estelar de una estrella que agonizó cientos de miles de años previos a la creación de nuestro propio sistema solar, y si al final nuestra propia existencia goza de un sentido mayor o simplemente somos seres redundantes en el vacío infinito del espacio. En los primeros minutos de la película, el Dr. Grace escribe en una pizarra: ¿Quién soy yo?  Y la pregunta, que inicialmente se perfila para contestar el origen del individuo, termina por cautivar y representar en el científico no solo a todo el futuro de su especie; sino también los valores más idealistas que esta alguna vez fue capaz de portar.

El destino del mundo, y del universo en sí mismo, depende de más y de nada menos que de un desconfiado y negado Ryan Gosling. Un hombre que debe afrontar la soledad y cargar con el destino trágico de una salvación que nunca va a llegar. Es la historia de la inmensidad del infinito siendo enfrentada por un único hombre que carga con el conocimiento de aquellos que lo precedieron. El Dr. Grace, aunque imperfecto y torpe, es el único capacitado para llevar a cabo su misión. Sin embargo, la capacidad de este humano resulta insuficiente para descifrar el misterio que amenaza con devorarlo todo. La escena del primer contacto resulta lógicamente atemorizante, los humanos le tememos a lo desconocido, a lo que va más allá de nuestra comprensión. Y aún así, este acercamiento entre dos seres que poco tienen en común, más allá de su objetivo y soledad, es el que promete salvar al universo.

La narrativa cambia radicalmente después del encuentro, dejamos de estar aislados en el vasto espacio para ahora tener un compañero. Y por más gracioso que sea Gosling intentando comunicarse tarareando la música de Encuentros cercanos del tercer tipo de Steven Spielberg, es con la matemática que realmente logra darse a entender con el peculiar extraterrestre llamado Rocky. Al fin y al cabo la matemática es el lenguaje del universo. No por nada en el siglo XVII Galileo Galilei predijo en su ensayo Il saggiatore: “El universo está escrito en lengua matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto”.

Retomo la idea del Astrónomo como uno de los padres fundadores de la ciencia y la relaciono con el autor del epígrafe de esta crítica, Isaac Asimov, un hombre que creía fielmente en que los ideales de la ciencia tienen una finalidad que supera a la de luchar contra la barbarie. La ciencia, y la vertiente más “positiva” del género de la ciencia ficción, plantean que con esta disciplina la humanidad no solo logra avances tecnológicos revolucionarios sino que funge como la herramienta principal para la supervivencia de toda una especie. El dilema que se presenta en “La última pregunta” de Isaac Asimov es la misma que en Proyecto Fin del mundo; el sol y todas las estrellas del universo están muriendo, y en su narración que abarca miles de milenios, Asimov se cuestiona si es posible revertir el fin, si al final existe una solución para que el universo no acabe convertido en un cementerio de estrellas moribundas. En su relato, la máquina Multivac y sus posteriores evoluciones son interrogadas por las grandes mentes sobre si es posible revertir la entropía, si es posible evitar el fin del cosmos. Y resulta curioso que el Dr. Grace, el único científico sobreviviente de la Hail Mary, termina por descubrir que la única manera de evitar la muerte del universo, es con la vida misma.

El viaje por el cosmos más que representar la odisea tantas veces vista del personaje abandonando su hogar en peligro en busca de una cura y/o salvación; se transforma en un relato de amistad, de compañerismo, y de una lealtad inquebrantable. Por más que los protagonistas deben luchar contra el fin y la naturaleza misma de las cosas, se toman el tiempo de aprender uno del otro, de entenderse, y de colaborar para poder salvarse mutuamente. Aún y con el peso de sus mundos sobre sus hombros, se toman el tiempo de visualizar y sentir la belleza del infinito espacio. Hay una escena puntualmente en donde el Dr. Grace se deja llevar mientras experimenta con las partículas espaciales, que simplemente crean un imaginario visual digno para el recuerdo y bajo la firma del director de fotografía Greig Fraser (Duna, Batman).

Esta película, que mantiene diálogo constante con obras como 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick; La llegada de Denis Villeneuve; Interestelar de Cristopher Nolan y Ad Astra de James Gray. Y al mismo tiempo se diferencia de todas ellas en gran parte por reposar en Ryan Gosling con una actuación que no necesita más que gestos para transmitir su soledad y desconfianza consigo mismo. Y al mismo tiempo su enorme carisma y sentido del humor para convertirla en una experiencia dignamente memorable.

Proyecto Fin del mundo es una película que emociona porque es una oda a la vida. Una travesía a través de la cual el último hombre debe aceptar su destino y aferrarse a la esperanza de que todo va a salir bien. Todos sabemos que nacemos para morir en algún punto y que eso es lo que le da significado a nuestra existencia, y que por más diminutos e insignificantes que seamos en la magnitud sin igual del infinito, nuestro impacto importa y es pieza fundamental para un futuro que está aún por venir. Y que radica su mensaje bajo el lema: No estamos solos.

(Estados Unidos, 2026)

Dirección: Phil Lord, Christopher Miller. Guion: Drew Goddard. Elenco: Ryan Gosling, Sandra Hüller, Ken Leung. Producción: Ryan Gosling, Phil Lord, Christopher Miller, Rachel O’Connor, Amy Pascal, Aditya Sood, Andy Weir. Duración: 156 minutos.

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