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Cine

Sin aliento (À bout de souffle)

“Toda historia debe tener un principio, una mitad y un final, pero no necesariamente en ese orden.”

Jean-Luc Godard

En las clases o ensayos sobre la historia del séptimo arte, no puede faltar aunque sea una mención sobre la Nueva ola francesa del cine de la década del sesenta, más conocida por su nombre en su idioma original: la Nouvelle vague. Y cuando se habla de la Nouvelle vague, tampoco puede faltar el nombre de su mayor referente: el señor Jean-Luc Godard. Un nombre que es sinónimo de elogios así como de controversias, figura en todos los libros acerca del movimiento al lado de Francois Truffaut, Jacques Rivette, Eric Rohmer o Claude Chabrol. Eso si no mencionamos a los nombres que se unieron posteriormente, como Agnes Vardá, Jacques Demy, Claude Lelouch o Alain Resnais. Todos en la primera lista iniciaron como críticos y cinéfilos en la hoy en día legendaria revista, Cahiers du cinéma, quienes en su admiración por los que ellos llamaban autores – siendo Alfred Hitchcock y Howard Hawks sus mayores referencias -, se lanzaron a filmar sus propias películas, empezando por Truffaut y Rivette.

Pero, si Godard no fue quien dio inicio a esta tradición de críticos convertidos en cineastas ¿Cómo es que logró alcanzar el estatus de mayor referente del movimiento? Pues gracias a que, en un acto de pura rebelión y originalidad – o de holgazanería y soberbia elevadas al extremo -, decidió filmar su ópera prima enteramente sin guión, À bout de souffle (Sin aliento).

Hacer una crítica del film representativo de la Nouvelle vague, o incluso del cine francés, es imposible sin antes conocer el contexto histórico que la acompaña. Tal como los impresionistas en el arte, estos nuevos cineastas liberaron al cine de muchos esquemas establecidos. Jean-Luc con este nuevo cine de autor – que dice básicamente que el director es el dueño absoluto de su obra y puede hacer con ella lo que quiera -, presenta al mundo su particular estilo. Fiel a esta idea, el francés nos cuenta la historia de Michel, el personaje que volvió un ícono al actor Jean-Paul Belmondo, quien, luego de asesinar fríamente a un policía, huye de su ciudad para luego encontrarse con su antigua amante Patricia, un nombre que se queda grabado en la memoria cinéfila por la infinidad de veces que repiten su nombre en el film, interpretada por la estadounidense Jean Seberg, convertida en leyenda y en el encanto de la obra.

Sin aliento se presenta como un policial: el personaje que se da a la fuga luego de cometer un crimen mientras se esconde y es perseguido por la autoridad, un poco más adelante pasa a ser una historia de romance tras conocer a Patricia, debido a que a partir de ahí, todo va a girar en torno a Michel y su relación con ella. Luego de momentos llenos de comedia, se acuerda de que es un policial y presenta una persecución del gobierno hacia el personaje. Se le puede considerar como una especie de sátira de estos dos géneros tan populares en el cine estadounidense, aunque más que una sátira, parece más un homenaje con elementos del género como referencias.

La obsesión de Godard por ser un autor y crear un estilo inmediatamente reconocible lo lleva a, mediante la cámara en mano (similar al Neorrealismo italiano) que hace evidente la existencia de un cameraman, jump cuts que indican el paso del tiempo de manera cómica y que a su vez, otorgan una sensación de repetición, saltos de eje, diálogos filosóficos y a su vez cotidianos, planos generales de la París del sesenta y la banda sonora de Martial Solal, retrata un mundo en el que conviven la cotidianeidad de la vida real con los artificios del cine. El ejemplo perfecto es aquella escena en la que mientras Michel y Patricia caminan por las calles de París al poco tiempo de encontrarse, la gente queestá caminando voltea descaradamente a ver a la cámara; algunos incluso se quedan parados mirando. Lejos de ser un error, es tomado como si el propio film estuviese consciente de que es un film, algo que se volvería un sello en su filmografía.

El argumento se basa en el absurdismo y el vagabundeo de los personajes, tal como dice la corriente del absurdo, la vida carece de significado: Michel tiene como objetivo escapar de la policía, pero durante gran parte de la obra parece que ni lo intenta ni le toma importancia. Otro reflejo de este modo de pensar se encuentra en el diálogo, el film está lleno de conversaciones larguísimas que cambian de rumbo abruptamente, justamente como una conversación real. Si hubiera que definir el estilo de la obra y de su director en una secuencia, sería la de Michel y Patricia teniendo una conversación en la cama de su cuarto durante más de diez minutos. “¿Le tienes miedo a la muerte?” pregunta Michel de un momento a otro sin anticipación. Jean-Luc emplea el diálogo como forma de exploración interna del personaje, sobre todo de su protagonista.

Hablando de los personajes, Michel es despreciable, es un asesino, misógino, grosero, mitómano y no parece tener ninguna característica redentora ni un arco que lo haga cambiar. Es por ello que su desenlace es fatal para él, pero para el espectador es una escena maravillosa, cuyo diálogo final – “Eres realmente despreciable, tan arbitrario como definidor de su persona, se ha quedado en la memoria colectiva del cinéfilo.

Es curioso que la ópera prima del francés sea mayormente aclamada por su gran importancia en el mundo cinematográfico, más que por su propio contenido o valor como obra. Siendo honestos, no conocemos nada de los protagonistas fuera de lo que dicen ellos mismos o se ve a simple vista, ni tampoco recordamos mucho de lo que ocurre realmente, ni terminamos con una reflexión que nos cambiará la vida. Godard sacrifica una exploración más profunda del mundo que construye por su intención de ser disruptivo y rebelarse. Es por ello que a pesar de la calificación que se le está otorgando al final del artículo, Sin aliento no es un film que se deba puntuar con una nota, debido a que los aspectos a los que normalmente se suele criticar en un film – como errores de continuidad, miradas a cámara o escenas que no llevan a nada -, aquí son el corazón de la obra.

Tal como El viaje a la luna de Melies, estamos ante un hecho histórico de su propio arte que hoy sigue dando de qué hablar, no es para menos que el año pasado, Richard Linklater haya querido homenajear al film y a su director retratando el detrás de escenas de la obra en Nouvelle vague, estrenada el año pasado. Jean-Luc Godard es un director que amas u odias, su estilo es tan distinguido y está tan marcado que es muy difícil para el espectador encontrar un punto medio, se lo puede considerar un genio revolucionario o simplemente un pretencioso. Es un hecho poético que en Francia, el cine haya visto su nacimiento y también, su reinvención.

(Francia, 1960)

Dirección: Jean-Luc Godard. Guion: Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, François Truffaut. Elenco: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Jean-Luc Godard, Jean-Pierre Melville. Producción: Georges De Beauregard. Duración: 90 minutos.

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