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Cine

The Doors

LA PERCEPCIÓN Y SUS (DES)CONCIERTOS RECALIBRADOS

a V . Eugenia

How many of you people know you are alive?

Desde el inicio, Oliver Stone y Randall Jahnson recrean a su protagonista como cineasta, escritor y músico. En tales quehaceres, el caos irá de la mano con la apertura espiritual, por esto una voz en off introduce su propia biografía. Su cara no es visible todavía. Priman tonos rojizos y negros en una sala de grabación. ‘Let me tell you about heartache and the loss of God’, narra. Es su cumpleaños, advierte el técnico (John Densmore*), insiste en parar y la voz, en continuar.

El primer tramo mecha, en pos de la sensación onírica, canciones claves para la banda californiana con flashbacks de Jim Morrison, el famoso vocalista. Gracias a la fotografía de Robert Richardson un gran travelling sobre el desierto de Nuevo México envuelve bajo nubarrones. It’s just a dream, Jim, mamá lo amilana allí. Aquí se ambienta una escena trastocada de la infancia junto a sus viejos.

Después, los encuentros de Jim (Val Kilmer) con Pam (Meg Ryan), entre sensuales y románticos, preludian los vaivenes donde muerte, protesta y amor reordenan el abordaje performativo posterior. A través de sus medios expresivos y las entregas psicodélicas, el artista interpela a su entorno.

‘I have a whole concert in my head’, le dice Jim a Raymond en la playa luego. Y el equipo técnico de Stone rodea el retrato de sus vidas con cinco conciertos. Allí el guion escenifica miedos existenciales de la banda. En específico, la presentación de 1966 en Whisky-a-Gogo prolonga un estado de trance. La banda sigue los acordes de Jim aun cuando él improvisa un relato de un hombre matando a su padre y cogiéndose a su madre. He’s crazy!, reacciona uno. He’s an artist!, grita otro de inmediato.

Este momento hipnotiza, conmueve, aterra y hace reír por el montaje de David Brenner y Joe Hutshing. La solemnidad de cómo el grupo se presenta, contrasta con las reacciones. Todo esto entrevé la ridiculez intrínseca a todo proceso expresivo. Otro ejemplo de esto lo explaya el encuentro con Andy Warhol en su fiesta. These people are vampires, let’s go make the myths!, le dice Ray a Jim, quien ya quiere ‘quedarse en la noche’. De fondo The Velvet Underground resuena alertando de lo venidero.

Con el foco en eventos multitudinarios para toda la banda, la obra sensibiliza el corazón como una biografía fílmica lo evoca. En parte el histrionismo actoral urge aquí a una congruencia de caracterización histórica. Conmueve puesto que conocemos a sus personajes por otras vías. En ese sentido, el biopic musical es más propenso a truculencias. Dicho eso, acá Val Kilmer y Meg Ryan embelesan. Pormomentos, su química exuda mayor ternura que la de otras parejas famosas por sus conflictos. También una sensación comunitaria y comulgante persiste en el hecho de que Stone haya repetido en otras colaboraciones con los montajistas, y el DF.

Aun los peinados y las pelucas diseñadas por Lynda Gurasich llaman la atención. Se asemejan a las cabelleras de los personajes biográficos y al mismo tiempo conservan un leve tinte kitsch. Por otra parte, un mayor recorte de las sustancias utilizadas por la banda y por Morrison habría dispersado menos la duración.

Después de que Jim enfrenta las limitaciones de su época y se extravía similar a como lo hace en el último concierto, surgen muchas preguntas. ¿Cómo valorar vida y obra en el biopic cuando es recomendable separarlas de un artista en la realidad cotidiana? ¿Qué habría sido de la carrera de Stone si hubiera continuado así, con un cine menos proselitista como el de Milos Forman, ambos ocupados en genios de otros siglos? Con todo, las respuestas y los riesgos valen poco para el arte si su creador se fía de los abismos circundantes a todo oficio. Sean drogas, mitos u opiniones, genera extravíos obsesionarse con alternativas; estas opacan los hallazgos espirituales. Por ello, la voz de Val atrae ahora que podemos escucharla de nuevo en salas. Ojalá con menor gravedad de las décadas pasadas y haciendo eco a ‘renacentistas de hoy en día’ viviendo sus sensibilidades con mayor sosiego.

*Densmore escribió Riders on the Storm, fuente mencionada en los agradecimientos antes de los créditos.

(Francia, Estados Unidos, Países Bajos, 1991)

Dirección: Oliver Stone. Guion: Randall Jahnson, Oliver Stone. Elenco: Val Kilmer, Meg Ryan, Kyle MacLachlan, Frank Whaley, Michael Madsen, Billy Idol, Kathleen Quinlan, Wes Studi, Crispin Glover. Producción: Bill Graham, Sasha Harari, A. Kitman Ho. Duración: 140 minutos.

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