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#42WARSAW IFF | Crítica de “The Daughter of Lady Fairy”, film dirigido por Alireza Motamedi

Un sonidista todero; un ángel interpretado por una realizadora y actriz persa; una mamá que no envejece. Detalles todavía más profusos en The Daughter of Lady Fairy (2026) contrastan con su precario protagonista. El absurdo de Alireza Motamedi logran esto por la claridad. En sus maneras de retratar lo imperecedero, la figura materna ilumina un tanto irónica a quien se tome todo más en serio de lo esperable.

Su historia se sitúa en la pandemia más reciente. Justo antes de testear las primeras vacunas, el hijo de Minoo (el mismo Motamedi) sobreprotege a su mamá en coma. Desde hace veinte años, con sus ingeniosas labores técnicas, ha creado un verdadero ambiente. Así, cuando ella despierte, ojalá reconozca aquella época.

En este expansivo alrededor estético, cada set de Keivam Moghadam amplifica la construcción sonora de Zohreh Aliagbari y Nankali Sammanbashi. Las puertas de vidrio reflejan o traslucen bibliotecas. Al fondo, las noticias hablan sobre el COVID y los conflictos entre Estados Unidos e Irán. Las fotos familiares retratan la nostalgia. Tonos rojos, azules, negros, verdes y mostaza aparentan vivacidad en la fotografía de Ali Tahrizi.

Acá las obsesiones protagonistas son, está claro, las mismas del realizador. Tal cual como ha hecho en sus obras anteriores, ejecuta múltiples roles en la producción. Su voz en off solo se oye al inicio para hablar de viajes y rutinas. En contrapeso, los personajes femeninos resaltan las posturas obsoletas de él y dan complicidad. Su colega (Soha Niasti) es su ex-novia y la efímera oportunidad de creer en un amor pleno. Ella y la cuidadora (Sahra Asadollahi) evitan que la melancolía en torno al aislamiento se torne apocalíptica.

Redundemos, acá el rol materno nunca envejece y es primordial para el mundo, ficcional o no. Para ello, el equipo técnico deja las imágenes más memorables a todo lo heredado por el hijo. El abordaje multiplicador de temas bien ejemplifica las ficciones creadas sea en su día a día y, junto a la hija de la hada, “fuera de este”. A modo de caleidoscopio, acá las historias abren otras preservando las principales. Tan es así que Minoo ejerce muchos de los roles imaginables para un sonidista explorar su creatividad en aquellas.

Casi todo es matiz aquí, diríamos quisquillosos, en esos últimos segundos donde sabemos que pasa con mamá. Pero cómo no conceder total y contradicha esperanza al alcance amoroso al que apuntan estas miradas cuando, una vez terminada la experiencia, volvamos al volátil mundo post pandémico.

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