BISTURÍ AFILADO, PULSO ERRANTE
Operación: Sombra (2025), del chino Larry Yang, es un arma de doble filo. Tiene, a priori, una ventaja: conocimiento de sus bases y raíces (más allá de ser una adaptación de un film hongkonés de 2007, Eye in the Sky, Yau Nai-Hoi), con un intento de postular de forma acorde su mirada del mundo. Es en su herencia del cine de acción chino y hongkonés que entre los 80s y 90s abrazó y reconfiguró los elementos del blockbuster de acción norteamericano, en ese entonces de joven vida y fuerte impacto, que encuentra sus fortalezas la película: una visión del mundo globalizado algo anterior al pandemonio del cine contemporáneo, en la era digital de la hipersaturación por IA, TikTok y los servicios de streaming. Y es con este torbellino que la película intenta lidiar, buscando maridar aquello que re-presenta de aquel cine de fin de siglo con ciertas convenciones o mejor dicho impuestos propios del estándar de hacer un film hoy en día: cuestiones de ritmo y velocidad de montaje, tanto externo como interno, uso y abuso de la banda sonora, literalidad y excesos en los diálogos para explicitar aquello que debería pertenecer a la mitad “oculta”. No hablamos de ritmos rápidos que el cine de acción y aledaños suelen incorporar desde siempre; estamos ante exigencias estándar en la producción mundial de films cuya raíz y razón de ser es exclusivamente retener al espectador para vender la película como producto, la mayoría de las veces en detrimento de la obra en sí (muchas veces directamente no hay obra) y en definitiva colaborando en la pacificación masiva del espectador de cine, quemando aquellos puentes que supieron construir a un espectador activo, partícipe necesario en la construcción de sentido del film.
En función de esto último, Operación: Sombra tiene sus intentos de pronunciarse respecto de esta desmantelación del cine, pero tampoco termina de escapar y por momentos sucumbe a ella.
El film trata sobre un grupo de policías especializado de Macao que debe recuperar los métodos y procesos lógicos de un oficial veterano, para atrapar a un grupo de ladrones que de alguna manera logra frustrar la tecnología por IA de última generación que la fuerza ha estado usando en reemplazo del trabajo de campo. Dentro de ese grupo de ladrones, la mente maestra oculta, llamada la Sombra, resulta ser un ladrón y asesino experto de épocas anteriores que jamás fue atrapado. Así, el oficial veterano, interpretado por Jackie Chan, formará a los jóvenes oficiales en una hibridación de las viejas técnicas de rastreo, vigilancia e inteligencia para tratar de atrapar a la Sombra, interpretada por otro peso pesado del género, Tony Leung Ka-fai. A la inversa de lo que sucede en el grupo de policías, que va entablando relaciones y construyendo una operativa adecuada y a contramano de la dependencia total de la tecnología exacerbada, los ladrones comienzan a sentir las tensiones internas que los métodos y las diferencias generacionales y de liderazgo empiezan a provocar.
La trama del film tira sobre la mesa ciertas cuestiones de las arriba mencionadas: el aceleracionismo tecnológico, la progresiva pasividad cognitiva a la que el exceso de estímulos nos va llevando en la vida cotidiana y, fundamentalmente, repensar la relación con la tecnología, las herramientas, los procedimientos, en fin, la forma de operar, para evidenciar que en muchos casos la cuestión tiene que ver con cómo se piensa a la máquina. Si se la ve como tal, como algo a ser utilizado, como algo cuyo sentido final es configurado en función de la manera en la que se la utiliza, entonces el rol central es del, digamos, usuario, y será en función de la capacidad crítica del mismo que habrá o no resultados. Si se toman como ejemplo las distintas lecciones que el personaje de Jackie Chan enseña a su sobrina y a la “patrulla de mascotas” (el film tiene una forma particular de fusionar elementos que vienen de distintas influencias, como la comedia de acción de la que Chan ha sido rostro fundamental o los múltiples mundos de cirrosis moral en los que Leung cimentó su carrera), se verá cómo la idea central que el veterano quiere transmitir es la importancia de ser espectador, de observar, de estar al margen y mirar, pero no de forma pasiva sino más bien todo lo contrario: se trata de mirar con atención, con criterio y con memoria, puesto que lo central es articular lo observado, hacer una operación de montaje para conectar las piezas y ver la gran imagen que se oculta fragmentada en ellas.
Esta puede ser una aproximación a la estructura general del film en tanto su historia y sus pretensiones. La cuestión es si la forma de la película, su puesta en escena, las decisiones tomadas por el director a la hora de pensar un plan, un corte, un diálogo, un gesto, acompañan o no dicha intención y logran efectivamente construir una visión. Y no, la película no termina de poder maridar todos estos elementos de una forma coherente, equilibrada; hay momentos de literalidad plana y superficial, donde el director parece hablar en boca de los personajes directamente al espectador, en lugar de dar las piezas soporte para que el espectador haga uso de su mirada y construya aquello otro que está presente sin ser directamente hablado.
Sí hay algo a destacar, y es que a medida que avanza el film y los jóvenes de uno y otro bando van notando el embrollo en que se han metido, la puesta pasa del caos hipersaturado de cortes y planos “estilizados” según la dirección de videoclip a una manera que permite más tiempo, que denota mayor control, mayor restricción a la hora de evaluar en qué momento utilizar cortes y planos rápidos, música de fondo, de qué manera coreografiar las peleas. Es decir que mientras más injerencia tienen en la película las enseñanzas y los métodos veteranos, más orden va tomando la forma de la película y más clara es la construcción de la mirada que articula el sentido.
Así, es notable cómo el film busca insertar elementos retóricos o narrativos más reconocibles en obras de esas raíces arriba mencionadas para contrarrestar, al tiempo que su trama hace lo propio, esas exacerbadas, saturadas, extremas formas y deformaciones contemporáneas, tales como planos azarosamente ubicados de personajes bailando música urbana; todo con tal de acompañar con alguna imagen algún golpe de efecto que funcione como otro anzuelo a tragar para mantener la atención de un espectador sobrepoblado de imágenes y sonidos.
Si bien el film no termina por equilibrar todas las puntas de lanza que quiere empuñar, tiene declaradas intenciones que por momentos logra sostener. Y como punto de partida, es algo a tener en cuenta dada la ausencia casi constante de intención en el cine contemporáneo y, casi seguro decir, en la vida contemporánea también.
Dirección: Larry Yang. Guion: Larry Yang. Elenco: Jackie Chan, Zifeng Zhan, Tony Ka Fai Leung. Producción: Victoria Hon. Duración: 141 minutos.








