EL REY VISTO DESDE LA DISTANCIA.
El Rey del Pop es una figura tan legendaria en la cultura popular, que no necesita una introducción. Con la infinidad de apariciones que tanto él como su música han tenido en el cine y los medios, no es necesario mostrar un rostro, ni siquiera una canción para que la audiencia lo reconozca. Con un simple e icónico hee hee que se escucha encima del logo planetario de Universal Pictures, seguido del personaje encuadrado desde la espalda y el pecho, resaltando la famosa vestimenta de cuero negro, con el rostro cortado, sabemos de quién se trata. Incluso aquel que vive debajo de una piedra y no ha escuchado ninguna canción puede reconocer esa silueta, pues ha quedado impregnada en el inconsciente de la sociedad. Esta introducción define lo que es el film de Antoine Fuqua: un retrato y un homenaje a la figura que representa Michael Jackson, no a su persona, sino a la percepción que tenemos de él.
Esta decisión contradice el título mismo, Michael. La elección de omitir el nombre completo indica que la biopic se va a centrar en ser un relato más íntimo del cantante, acerca del hombre que fue además del artista. Puedo afirmar con total seguridad de que MJ es la más grande superestrella que ha existido (diferente a si es el mejor artista de la historia, lo cual no se puede decir porque el arte no es una competencia). Seas fanático acerrimo o no, es imposible negar que su fama e impacto cultural no las ha tenido nadie más. Esta devoción por el cantante es tal que incluso llega a ser visto como una deidad, un Dios de la música capaz de hacer desmayar a la gente de la emoción que genera con su sóla presencia. Este aura de deidad que posee, se refleja a la perfección en el film con la escena del primer moonwalk. Con un montaje acelerado que resalta los movimientos imposibles del cantante en diferentes ángulos – los detalles de los pies de Michael, interpretado magistralmente por su sobrino, Jaafar Jackson, quien se transforma de lleno en él, deslizándose hacia atrás al son de Billie Jean – se alternan con las reacciones anonadadas de la audiencia. La música, el baile, las luces: todo transmite la epicidad y el aura de los conciertos del rey del pop sin interrupción del show ¿El problema? Que este sentimiento ocurre a la mitad del film y solo se ve una vez.
La primera mitad del film se sitúa en la infancia de Michael en la banda de su familia, Los Jackson 5, dirigida por su padre Joseph Jackson (Colman Domingo, otro que se roba el espectáculo). Ahí, la ternura e inocencia evocadas por Juliano Krue Valdi, el pequeño MJ, contrastan con la explotación y abuso físico de Joseph. Los gritos de dolor y llanto del actor cuando es golpeado sin piedad por su padre nos generan demasiada incomodidad y pena, queremos atravesar la pantalla e ir a abrazarlo. En esta parte se introduce el principal conflicto de la obra: la complicada relación de Michael con su padre, todo el film gira en torno a ello, el miedo de Michael de enfrentarse a su padre y cómo esto influye en su carrera como solista. Si todo el film se hubiera centrado en esta etapa de la vida de MJ habría sido lo ideal, al ser una época no tan explorada del cantante. La caracterización de la infancia sirve para explicar el comportamiento que va a tener MJ en su adultez: un hombre que nunca pudo vivir su infancia y ya de grande, hace lo posible para sentir lo que es ser un niño de vuelta. Un conflicto que se muestra de forma muy directa en su constante comparación con el cuento de Peter Pan.
Michael tiene la desventaja de no poder escapar de ser una biopic, lleva la misma estructura y problemática que este subgénero viene arrastrando en la actualidad: querer abarcar la vida entera del personaje en poco tiempo. La mayoría se rige por la misma fórmula: primero muestran los inicios del artista, como una eminencia de su área que llega para romper lo establecido, luego muestran cómo alcanza el éxito y posteriormente cómo entra en decadencia. Pero, para no cerrar con un final triste, nos vuelven a mostrar un momento de triunfo – generalmente un concierto – para que la audiencia termine con una sensación de optimismo. Por supuesto, existen films que escapan de estos clichés, Better Man sobre Robbie Williams y Rocketman sobre Elton John por ejemplo, en lugar de contar un relato biográfico, narran una exploración interna de su protagonista y sus conflictos internos, mientras juegan con estructuras no lineales, secuencias musicales que mezclan imaginación y realidad, o algún otro elemento que las haga diferentes.
La única diferencia en Michael es que, alerta de un posible spoiler, toma la inteligente decisión de dividir la historia en una próxima segunda parte, para poder centrarse en una etapa concreta de la vida de Jackson sin extenderse demasiado. De igual manera, el ritmo a veces se siente apresurado. El guión de John Logan tiene una falla bastante seria, su manejo del tiempo. Honestamente, hay escenas que aportan poco y se sienten largas. Por ejemplo, cuando MJ recibe a su famoso chimpancé mascota, Bubbles, ya nos dejaron muy en claro lo excéntrico y amoroso que es Mike; no hace falta enfatizar tanto tiempo en la ternura del momento. En cambio, escenas de mayor impacto emocional y argumental terminan con una resolución más rápida, sintiéndose incompletas, como su relación con su manager más importante, John Branca y la decisión que toma sobre su padre.
En sí, el hecho de que Fuqua y Logan hayan optado por explorar a Michael desde la perspectiva que tenemos nosotros del artista – una especie de deidad – convierte a MJ en un personaje secundario de su propio film, siempre lo vemos a través de los ojos de otros personajes: primero de su padre y su madre, luego de su disquera, de sus representantes y finalmente de sus fans. No tener ese lado más íntimo del personaje le quita una oportunidad a Jaafar de desenvolverse por completo. Suena contradictorio con lo que se dijo al principio, pero en vez de interpretar a Michael, interpreta a su figura, aquella que conocemos de sus conciertos y entrevistas, pero que, como todo ser humano, era alguien mucho más complejo y que va más allá de esa imagen.
No era necesario enfocarse en el lado más polémico de MJ; desde los trailers era bien sabido que no iban a ir por ese camino. De hecho, se agradece que no hayan caído en el morbo, pero es realmente una lástima que el retrato de una personalidad tan rica como la del Rey del Pop, se haya quedado en lo superficial. No se cuenta nada que no sepamos de antes: la explotación y maltrato que sufrió en la niñez, su carácter excéntrico, su ayuda por las causas benéficas o sus enormes conciertos. Todo eso ya se ha visto en documentales o material de archivo. Esto no es algo malo como tal, pero considero que el cine debe tomar riesgos en vez de ir a lo seguro. Por ello, al film se lo puede tachar de forma agresiva de ser un homenaje cobarde.
Para cerrar con una nota un poco más positiva, tal cual una biopic, Michael logra ser un espectáculo visual y sonoro, el muy buen uso del color le otorga vida a la imagen, algo que se agradece en una era donde muchos cinéfilos se quejan de que el cine comercial se vea gris. El uso de colores cálidos que acompañan la inocencia y felicidad de MJ. Además, escuchar I Want you Back, Don’t stop til you get enough, Wanna be startin somethin, Billie Jean y Bad; además de ver el detrás de las filmaciones de los videoclips de Beat It y Thriller en una pantalla grande es una oportunidad que no se puede desaprovechar.
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(Reino Unido, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Antoine Fuqua. Guion: John Logan. Elenco: Jaafar Jackson, Colman Domingo, Nia Long, Larenz Tate, Miles Teller. Producción: John Branca, Graham King, John McLain. Duración: 127 minutos.



