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Festivales - Otros Festivales

#JEONJU2026 | Es el pasado que vuelve

“La vergüenza de haber sido

Y el dolor de ya no ser.”

Alfredo Le Pera – Cuesta abajo

Lo que fuimos

En mi reciente visita a mi Buenos Aires querido, una tarde me quise juntar con unos amigos pero ellos no pudieron, ya que se encontraban ocupados asistiendo a las funciones del festival MADO (Más allá del olvido), la así llamada segunda semana del cine recuperado que en ese momento se estaba llevando a cabo en la ciudad. Recuerdo en particular que el día que tenía libre, todos ellos prefirieron ir a ver una película de Mirtha Legrand proyectada en algún formato fílmico. Desconozco la calidad y los valores del título en cuestión ya que en mis deudas cinéfilas no se encuentra la necesidad de ver películas protagonizadas por Mirtha Legrand. Dicho esto con todo respeto por la diva argentina y su, seguramente, notable carrera cinematográfica. Ya sé que soy yo el que pierdo la oportunidad de ver esas grandes obras. La cinéfila, como todo en el mundo, también se volvió nacionalista. Es el mundo que, a pesar de lo que nos dicen los medios, está cada vez más ajeno. Pero dejemos este tema demasiado amplio y volvamos al cine. Ahora, meses después de mi fallido encuentro con los amigos argentinos, me junto con uno de ellos en Jeonju y esa persona me asegura que uno de los mejores festivales de cine del momento es Il Cinema Ritrovato, un evento que se lleva a cabo en Bolonia, Italia y que, como su nombre indica, se dedica no solo a proyectar películas restauradas en sus formatos fílmicos originales, sino que también utilizan máquinas de proyección de épocas pasadas. Il Cinema Ritrovato se transformó en un lugar de encuentro de la cinefilia más sofisticada y de ser un festival de pueblo, hoy se transformó en un evento que convoca miles de espectadores por año. Los cinéfilos parecen estar convencidos de que todo tiempo pasado fue mejor. A qué se debe esto es algo que supera mi, siempre escasa, capacidad de análisis. El festival de Jeonju, como casi todos los festivales del mundo, también cuenta con una sección de películas restauradas que lleva el simpático título de Cinephile Jeonju, en donde también se incluyen documentales sobre la historia del cine y sus creadores, como suele decirse. Por ejemplo, el documental Benita (2025) que nos cuenta la historia de la realizadora neoyorquina Benita Raphan armada a partir de los materiales audiovisuales que dejó en decenas de discos rígidos luego de su suicidio durante la pandemia. Con ese material Alan Berliner arma una película que, a pesar de cierto aire desprolijo y amateur, se transforma en una obra que, como dice Berliner al principio, no trata de desentrañar el misterio del suicidio, algo que que no tiene explicación, sino de armar los recuerdos de alguien que dedicó su vida al cine, pero que a pesar de sus eternas luchas, nunca pudo superar sus demonios internos. Un procedimiento similar al que utiliza el director argentino Santiago Sein en Para hacer una película solo hace falta un arma (2026), pero con recursos formales más sofisticados, para contarnos a partir de la aparición de unas latas con películas realizadas entre las décadas del 60 y los 70s, a punto de terminar en la basura, la historia de un grupo de estudiantes de cine en Córdoba dispuestos a tomar la revolución en sus manos con los peores resultados posibles. Es una película que merece un mayor desarrollo crítico, pero que este humilde y apurado escriba prefiere dejar para otro momento. Solo agregaré que una programadora china me contó que la persona que estaba junto a ella en el cine, no paró de llorar en la parte final de la película.

En esta sección también aparece Mike Figgis con su documental Megadoc (2025) en donde se registra de manera tan directa como torpe la trastienda del rodaje de Megalópolis (2024), esa fallida vuelta al ruedo de Francis Ford Coppola. Pero antes, un poco de historia.

Fue el director de uno de los festivales en los que supe trabajar en mi juventud a quien le escuché utilizar por primera vez el término “has been” referido a una persona en particular. Un “has been” es alguien que ya fue, que tuvo un pasado más glorioso que su presente. Alguien que fue pera que ya difícilmente vuelva a ser. ¿A ser qué?, nos podríamos preguntar. Bueno, a ocupar lugares de importancia en su trabajo, por ejemplo. Obviamente es un término tan cruel y despectivo como certero en su descripción de algunas personas. Como quien esto escribe, por eso tampoco tiene tanto de malo ser un “has been”, pero, quizás, es no nunca haberlo sido. Aunque tampoco estoy del todo seguro. Bueno, todo esto es para decir que el tal Figgis pertenece a esta categoría. Si bien su carrera tiene muchos éxitos, inclusive con nominaciones al Oscar por Adiós a Las Vegas (1996), hoy son pocos los que recuerden sus películas y muchos menos los que las alaben o quieran recuperar del pasado en el que se encuentran. Megadoc es tan malo como divertido. Y aunque algunos recursos formales son dignos de un videasta que registra casamientos y cumpleaños, lo que el documental muestra es realmente sorprendente y que nos deja en claro que, incluso los directores más megalomaníacos y controladores hacen lo que pueden cuando se enfrentan a ese monstruo llamado rodaje. Que un genio del cine se vea obligado a perder horas y decisiones con un personaje como Shia LaBeouf deja en claro que el poder de los directores, es algo muy cuestionable. Ni hablar cuando en una escena Coppola se pregunta por qué tiene que esperar tanto al equipo de vestuario, para luego decidir echarlos a todos. Como si él mismo no supiera quién, o por qué, se contrató a un equipo tan grande. Al fin de cuentas, André Bazin siempre tuvo razón, a veces la mayonesa sale bien y otras no tanto.

Escribo este texto, un tanto malhumorado, luego de abandonar mi butaca al enterarme, a minutos de comenzada la función, que la esperada proyección de Sátántangó (1994) no llevaba subtítulos en inglés. Cuando abandoné la sala me siguieron otros extranjeros también sorprendidos por la falta de subtítulos. Las jóvenes trabajadoras del festival no saben qué decirnos al respecto, pero luego de un par de consultas telefónicas, nos dicen que la función figura así en la página virtual, solo subtítulos coreanos. El error, entonces, fue nuestro por dejarnos llevar por la velocidad festivalera y no fijarnos con mayor detalles. Pero así y todo, conversamos entre nosotros, ofuscados, y seguimos echando la culpa a un festival “internacional” que toma la decisión de proyectar una película dejando afuera a toda la audiencia extranjera. Que, como escribí varias veces, aquí es multitudinaria. Un rato después consulta a los programadores y ellos tampoco parecen estar al tanto de esto. Lo cual me enfurece más aún, ya que entonces fue la decisión de alguien que quiso ahorrarse un poco de trabajo y, sin ser el dueño de la decisión final, prefirió que la película fuera proyectada así. En las más de siete horas que me quedaron libres a causa de la fallida función, me dirijo rumiando mi enojo a un McDonalds en donde empujo mi veneno con una hamburguesa con queso, aún más venenosa que mi enojo. Mientras tanto aprovecho para escribir este quejoso texto -que no iba a formar parte de la cobertura del festival de Jeonju, aunque les anticipé que esta vez íbamos a ser críticos-  mientras pienso para mí mismo en una frase que es un mantra para todos nosotros, los viejos “has been”:

En mi época estas cosas no pasaban.

Aunque al festival aún le queda un buen trecho para llegar a su cierre, mañana, en apenas algunas horas, ya se entregan los premios de esta edición.

Como suele decirse, habrá alegrías y tristezas y ahí estaremos para contarlo.

Nos vemos.

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