HIJA DE SU TIEMPO
La última noticia grande (entendiendo grande como muy anunciada, no necesariamente importante) que tuvo el cine mainstream fue el trailer de Avengers: Doomsday. Un trailer esperado no se si tanto por el contenido sino porque se hizo esperar. Marvel usó la ya conocida técnica de publicidad por goteo. Durante meses fue poniendo pequeños clipcitos (que los hermanos Russo se encargaron de decir que eran “pistas” como si eso los volviera algo más sofisticado), anunciando detalles nimios sobre la trama, todo mientras influencers; freaks de computadora haciendo trailers con IA y aficionados a las historietas funcionaban como publicistas casi siempre gratuitos.
El trailer está, predeciblemente, repleto de estrellas y superhéroes que vienen de varias películas previas. Sabemos de antemano que solo unos pocos de ellos tendrán algún tipo de relevancia mientras los otros aparecerán como mucho tres minutos en pantalla ya que la película tendría que durar 14 horas para hacer una trama más o menos coherente con tanta gente.
Atiborrar la película de superhéroes sirve seguramente para poder un merchandising más variado, pero hay algo más, sumar superhéroes es dar una sensación de grandeza, de lo que se va a ver no solo una película sino otra cosa: un evento.
Jonathan Rosenbaum fue uno de los primeros críticos en tomar en cuenta que esta lógica podía tender a que se muera la idea del espectador de cine. O sea, el gran público ya no va a ver la película acorde con la oferta de la cartelera, lo hace acorde al nuevo gran evento que se viene, a la única película que se debe ver no porque sea buena, sino porque está tan promocionada que da la sensación de que es la charla del momento. Son películas que se van a ver como quien sabe que hay un espectáculo de fuegos artificiales llamativo, si el largometraje resulta algo grandioso (porque hay al fin y al cabo, hubo efectivamente grandes películas de superhéroes, incluso algunas hechas por Marvel) será un extra feliz.
Obsesión resulta, al menos desde este lugar, casi una película heroica, uno de esos films que en el mejor aunque muy improbable de los casos termine cambiando las reglas del juego como lo hizo en su momento Easy Ryder de Dennis Hopper y muestre a un público ávido de otro tipo de cine.
En el peor, es un fenómeno de taquilla aislado, una especie de milagro que la industria da de vez en cuando y cuya excepcionalidad trae cierta felicidad.
Obsesión fue hecha por un director muy joven, con muy poco dinero, y efectos prácticos, es el caso de una película que alcanzó una masividad espectacular en base a un boca a boca. También a contrapelo total de la nueva Avengers, no necesita siete mil personajes desperdigados sino cuatro muy bien definidos en un relato que funciona con la perfección de un relojito suizo y donde los conflictos son infinitamente menos espectaculares pero mucho más cercanos a la realidad que la destrucción del mundo o de un universo -o varios-. De paso también aprovecha la gran ventaja que ha tenido siempre el cine de terror y es que no necesita estrellas para ser popular. Con un buen monstruo, en este caso interpretado de una manera superlativa por una actriz con un potencial enorme y apenas conocida, alcanza para llamar la atención.
Creo que otra de las razones del éxito de Obsesión reside en uno de sus mayores méritos: entender que al tratar sobre una relación destructiva y terrorífica debe establecer una película donde el suspenso y el interrogante sobre las relaciones sea un tema constante y no se limite simplemente a los dos protagonistas y su circunstancia excepcional. De esta manera, Obsesión maneja una trama principal: la de una relación enfermante entre una mujer poseída y un hombre que se va volviendo progresivamente y sin siquiera notarlo un ser monstruoso. Pero también hace que uno se pregunte si Nikki estaba o no enamorada de Bear antes de que este pidiera el deseo, o provoca que uno piense en que clase de relación tenía Ian con Nikki, o hasta que punto Ian es sincero o habla desde el resentimiento cuando le dice a Bear que Nikki lo veía como un hermano. No son preguntas gratuitas, son parte orgánica de una película que sabe que su tema es la ansiedad y los miedos que pueden generar las relaciones de cualquier tipo.
Por otro lado, esta forma de dejar interrogantes desperdigados habla de la otra gran virtud de Obsesión que es su manejo de las elipsis bruscas y el fuera de campo para crear tensión. Se ve, por ejemplo, en la forma en la que la película decide dejar los gritos desesperados de Niki dentro del baño mientras se ducha cuando Bear le dice que quiere salir solo con los amigos. O en contraposición a esta escena, a los gritos que dará Niki cuando sea Bear el que se encierre en el baño para intentar suicidarse. Luego están las elipsiis bruscas, algunas muy breves incluso, que permiten expresar con mucha habilidad el clima de pesadilla que viven los dos personajes principales.
No son trucos que no se hayan hecho antes. De hecho creo que la popularidad de Obsesión se da también en que es un film creativo pero también convencional. Uno siente que ve algo distinto pero al mismo tiempo con ciertas cuestiones que nos resultan muy familiares. Una estructura narrativa clásica de tres actos, una trama inspirada en un episodio muy popular de Los Simpsons (que al mismo tiempo está inspirado en un cuento también muy popular de W W Jacobs), y con trucos tan sencillos para generar climas inquietantes como ensombrecer a la Nikki psicótica en planos muy precisos (por ejemplo, cuando recién aparece poseída enfrente de su casa, o cuando va a la puerta de Bear para empezar una relación), representar desde los títulos de crédito un descenso a los infiernos con un movimiento de cámara descendiente que además termina en una cama, o un uso de la música que cambia repentinamente de tonos para expresar musicalmente el relato trágico y retorcido que nos está contando. Eso último sucede, sin ir más lejos, en la brutal resolución final de película, donde una música romántica puesta para mostrar la coincidencia amorosa entre Nikki y Bear poseídos, va virando de a poco a una melodía distorsionada. No pocos vieron en esta resolución final y terrible no solo una tragedia sino un chiste negrísimo. En algún punto, y por más raro que suene, es una resolución que recuerda a la de Perros de la calle de Tarantino, otra película que termina con una masacre final, en la que hay un gusto por matar a todos los personajes (bueno, salvo uno) y donde hay sentimientos amorosos destructivos. Ambas son películas además de directores muy jóvenes, que hicieron a su modo películas jóvenes, obsesionadas con los ritmos narrativos acelerados, muchas escenas potentes en su violencia y explicitud. Son películas hechas desde un lugar muy lúdico, que en el fondo no mira a la muerte con reverencia sino que la puede hacer parte de un juego narrativo al mismo tiempo macabro e inmaduro. Films también dueños de un espíritu lúdico en donde se sueltan ironías o detalles escondidos para los espectadores que vean las películas por segunda vez.
Basta ver en Obsesión por ejemplo, el detalle de las fotos que tiene Bear donde anticipa que Nikki está saliendo con Ian; que en la escena del bar, antes de que Bear pida un deseo, una voz en off nos hable de los tres deseos de Aladino, o que la película deslice la posibilidad de que la vendedora del sauce de los deseos se haya convertido en hombre.
No creo francamente que estos sean cuestiones demasiado sofisticadas, son más bien detalles escondidos, cuya función no es tan distinta de esos “Easter Eggs” que dejan las ya mencionadas películas de Marvel o las de Pixar para hacer guiños a su propio universo. Si alguno de estos guiños en Obsesión han sido vistos como genialidades tiene más que ver con la forma en la que muchos están desesperados por ver una obra maestra que con la película en sí .
Bajando todo el hype construido alrededor de Obsesión, creo que este primer largometraje de Barker es una muy buena película. No descarto que será recordada por varias décadas e incluso que nos legue varias imágenes en la cultura popular, pero creo también que no tiene la grandeza o la sofisticación de películas de terror americanas recientes realmente grandes y originales como It Follows, Nope o Weapons. Films más libres, más osados y menos tentados a mostrar su astucia o mirar su mundo con tanta seguridad. Obsesión se resiente cada vez que usa eso que Manny Farber llamaba “el gimp”, esos instantes donde la película se ve en la necesidad de mostrarse inteligente o sofisticada. Es la ironía de Bear al principio de la película confundiendo la idea de una película romántica con una historia de amor (lo que revela desde el vamos su inmadurez emocional), o el momento en que la película tiene la necesidad de que Bear le diga a la Niki real, que sobrevive mientras la otra está durmiendo, que le molesta que prefiera morir antes que vivir con él. Es un momento hecho para revelar una monstruosidad que hasta ese momento se había mostrado más progresiva y sutil, una que parecía esconder desde su autocompasión aparentemente inofensiva una marcada inmadurez emocional y un carácter narcisista que podía hacer desastres.
Bear, cuyo pseudónimo parece indicar al mismo tiempo ternura como peligro, no es un sádico sino un cobarde, y es en todo caso su cobardía lo que termina generando un dolor peor que el que un sádico siquiera soñaría. Bear tarda muchísimo en querer arreglar las cosas, incluso en hacer cosas básicas y de sentido común como llamar al teléfono de la vara de los deseos o ir a la tienda a ver como puede arreglar las cosas. En medio de esto él ya sabía que el sauce funcionaba y que Nikki estaba viviendo un infierno pero se negaba a hacer algo sea por torpeza, sea porque estaba demasiado preocupado con su propio dolor para tomar en cuenta el ajeno.
La frase “peor que vivir conmigo” no condice con ese tipo de monstruosidad pasiva, más sutil, incluso más inconsciente para el propio Bear sobre la que la película venía trabajando con mucha habilidad.
En sí mismo, para la máximo que terminó sirviendo esa frase redundante es para que puedan desarrollarse una caterva de comentarios indignados sobre temas como el patriarcado, la dominación masculina, el peligro de los incels o frases misándricas acerca de como no existen los chicos buenos. De hecho pocas veces he visto tanta necesidad por parte de ciertos críticos o espectadores en redes sociales de desmarcarse del protagonista, como si cualquier interpretación que no sea la condena más absoluta y el insulto hacia el personaje fuera una prueba de masculinidad tóxica o algo así.
No se si es demasiado adecuado tomarse tan a pecho un personaje, Tampoco veo demasiado viable tomar una ficción como medida de realidad y las percepciones que se pueden tener de un personaje como prueba de algo. Una ficción construye su propio verosímil y su propia moral, y la forma en la que esto puede afectar a cierta gente no es prueba contundente de ninguna personalidad. En el caso específico de Obsesión, ese verosímil es territorio conocido en el cine de terror. Volver algo de apariencia inofensiva en algo terrible. En el caso específico de Bear, lo que sucede con él no es algo muy distinto de lo que pasaría como la Rosemary de la obra maestra de Polanski, donde se planteaba que una chica de apariencia inofensiva podía terminar criando al mismo hijo del diablo gracias a un instinto materno de hierro. Tanto en un caso como en otro un realizador toma una figura que a priori no es dañina para ponerla en un contexto fantástico que haga que esos rasgos inofensivos se vuelvan aberrantes.
Sospecho que Obsesión también tiene otra cosa en común con otro film icónico del cine de terror estrenado el mismo año que El bebé de Rosemary: La noche de los muertos vivos. En el sentido de que ambas son películas de terror de bajo presupuesto, hechos por cineastas muy jóvenes, que resultaron inesperados éxitos comerciales y que supieron captar un espíritu de época. Si la inmensa película de Romero expresó como ninguna las tensiones sociales de su época a partir de un film sucio y pesimista, donde ya no había Mal propiamente sino solo violencia, donde en una pequeña casita parecía concentrarse el final de un sueño americano y todas las tragedias raciales y sociales de un país; Obsesión expresa un miedo muy generacional a la interacción a la pareja, a las relaciones tóxicas, a la posibilidad de que la persona que tengas al lado sea tu enemigo y tu sometedor, a la humillación del rechazo y los posibles monstruos que estos puede despertar.
Parte de su gracia es que no parece expresar estos temas en boga como una suerte de cálculo. No hay acá mención directa a estas paranoias, ni siquiera una intención de querer ser generacional poniendo temas como las redes sociales o las aplicaciones de citas (cuestiones que apenas aparecen o siquiera se mencionan en la película), más bien lo que hay es una fe en el terror como un género capaz de interpelar al público y ciertas realidades del presente.
Y acá es donde entra el aspecto más relevante de Obsesión como hija de un tiempo particularmente importante para este género. Me atrevería a decir incluso que los dos fenómenos más relevantes que sucedieron a nivel industrial en el cine americano del SXXI fueron el cine de superhéroes y la renovación del cine de terror. Ambas corrieron por lugares antitéticos. Si lo primero fue una muestra de un tipo de cine de empresas y marketing donde ocasionalmente podían salir bien o muy las cosas y donde también podía hacerse de vez en cuando cine personal, el terror corrió, como lo hizo casi siempre, por las vías más artesanales. En el caso específico del de terror americano del SXXI, con cineastas como Peele, Eggers, Aster, Cregger, West, Leone o Wan, se buscó muchas veces ver de que manera podía entregarse algo distinto. A veces desde lo narrativo y a veces desde lo temático, a veces solamente desde el shock. No siempre salió bien y entregó a mi entender algunas películas o directores inflados, pero fue casi siempre una búsqueda genuina por intentar caminos distintos de los habituales, con un género particularmente flexible como siempre lo fue el terror que puede abarcar la sutileza como la brutalidad, la adscripción a códigos narrativos férreos como la experimentación. De todas estas películas de terror, Obsesión ha logrado ser la más contemporánea de todas, la que resulta al mismo tiempo una fantasía y un documental de su tiempo. Veremos, en todo caso, si cuando las circunstancias cambien la película pueda sobrevivir a la coyuntura. Calculo que si, la película de Baker es después de todo un tren narrativo y de vez en cuando un prodigio formal y actoral. Ya desde el género, quizás Obsesión exprese como pocas películas aquella teoría discutible pero fascinante de Robin Wood de que una película de terror podía reflejar mejor que cualquier otra cosa los miedos y ansiedades de una sociedad. Nada de esto es poco mérito.
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(Estados Unidos, 2025)
Guion, dirección: Curry Barker. Elenco: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless. Producción: James Harris, Haley Nicole Johnson, Christian Mercuri, Roman Viaris-de-Lesegno. Duración: 109 minutos.



