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Festivales - SAN SEBASTIÁN

#74SSIFF | Crítica de “Tender Loving Care”, film dirigido por Mike Leigh

Al principio de Tender Loving Care descubrimos a una trabajadora social, Rosie, que visita en el hospital a un anciano desorientado, incapaz de proporcionar la dirección de su domicilio. Al día siguiente, el anciano se ha escapado del hospital por su propio pie. No es el inicio de un drama ni de ningún misterio. Mike Leigh nos ha presentando a Rosie y poco después a su amiga y colega Amy que acaba de romper con su pareja y se instala en casa de Rosie. ¿Una película sobre trabajadoras sociales? ¿Una denuncia sobre las condiciones de los servicios sociales en el Reino Unido?

Sí y no. A nuestras dos trabajadoras sociales las vemos realizando las visitas pertinentes a sus pacientes y comentando en sus conversaciones la desatención política a los servicios sociales, la sanidad o la educación, esos servicios públicos que un día fueron el orgullo de su país. Pero no hay ningún caso que lo ilustre, Leigh renuncia a establecer una línea argumental clara, mucho menos una que pueda sustentar una denuncia sociopolítica. Tender Loving Care ni siquiera es una película sobre Rosie y Amy porque de la misma manera que Rosie nos ha llevado hasta Amy, esta última nos llevará hasta sus padres ancianos, Birdie y Geoff. Y a partir de ese momento la película de Leigh será una película centrada en estos cuatro personajes y ambientada prioritariamente en la casa de los padres de Amy.

Lo primero que sorprende en esta nueva película de Leigh es tanto su ligereza, su sutil desdramatización, como el cariño con el que trata a sus personajes, los protagonistas, pero también los más episódicos. El propio título alude tanto a la cuestión de los cuidados, centrales en las relaciones que se establecen entre los personajes, como a la distensión de sus situaciones, que basculan entre la comedia y la tragicomedia, siempre bajo una pátina de ternura: las desventuras amorosas de Rosie y Amy, el afecto en cada gesto que marca la relación entre Geoff y Birdie. Nada que ver con la pesadez histórica de Mr. Turner (2014) o Peterloo (2018), ni siquiera con su anterior largometraje, Hard Truths (2024), que tenía en su epicentro un personaje tan irritante como gritón. Nadie levanta la voz en ese mar en calma que es Tender Loving Care.

Un mar en calma, sí, pero bajo el que suceden cosas, en particular esos primeros signos de demencia que asoman en la salud de Geoff. Leigh tiene la elegancia de abordar la enfermedad desde esos cuidados que su familia le va a proporcionar, dejando en el plano final (en realidad el penúltimo) que la cámara abandone con discreción la habitación donde Geoff reposa en la cama. Una situación que podría ser el arranque de muchas películas centradas en el exhibicionismo voyeurista de la enfermedad y que Leigh prefiere dejar a la intimidad de la familia. Puede haber algo autobiográfico en esta decisión. Leigh ha anunciado que padece una enfermedad muscular, miositis, que le obligará a abandonar el cine y en Tender Loving Care el papel de Birdie, la esposa de Geoff, se lo ha reservado a su pareja, Marion Baily, como anticipando su futuro más inmediato. Ahora sí, Leigh encuadra en el ultimo plano a un anciano barbudo que bien podría ser el de la primera escena de la película. Sentado en unas escaleras de la calle, con toda la pinta de un homeless muy parecido en sus rasgos a un Leigh descuidado, la cámara se le acerca hasta un primerísimo plano, casi como si se tratase de un autorretrato que, cual firma, pone punto y final a su filmografía.

(Reino Unido, Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: Mike Leigh. Elenco: Kate O’Flynn, Amanda Lawrence, Marion Bailey. Producción: Georgina Lowe. Duración: 107 minutos.

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