A Sala Llena

Adiós a Berlín

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Dramaturgia, dirección y puesta en escena: Sergio Bermejo. Escenografía: Carlos Villalba. Fotografía: Teresita Longarela. Utilero: Carlos Villalba. Diseño gráfico: Sergio Bermejo, Jimena Ramos Alvarado. Musicalización: Daniela Greatti. Arreglos musicales: Ignacio Amil. Vestuario: Abril Longarela, Sabrina Zacarías. Actuán: Sergio Bermejo, Abril Longarela, Giuliana Regazzoni, Silvina Spatzill, Carlos Villalba, Sabrina Zacarías. Prensa: Giuliana Regazzoni y Silvina Spatzill.

La vida es sueño

“… pues que la vida es tan corta, soñemos, alma, soñemos…” 

Pedro Calderón de la Barca

Todo comienza con un sueño. Y en cierta medida, si se tiene suficiente suerte, el arte de soñar permanecerá intacto en el camino de la vida. Todo comienza con una fantasía. Una fantasía que se puede construir desde las ruinas, a partir de gente ruinosa, lugares ruinosos, pasados ruinosos. Pero se puede construir. Y es ahí, en ese mismo instante donde la magia ocurre. Adiós a Berlín nos sitúa del otro lado del telón, en el detrás de escena de ese mundo de artificio que se le ofrece a los clientes que buscan evadirse, salir de su rutina, creer que en el escenario está Liza Minnelli, tomar unas copas y seguir con su trajinar. Pero eso es la vida, ¿o no? Sólo que esta vez, el Grupo Tedrys oculta el brillo de las luces del escenario y en escena pone a seis personajes desnudos sin sus máscaras festivas y ahí se plantan, frente al espectador, en un espacio-tiempo donde la palabra toma un peso primordial para comprender por qué, al final de cuenta, todo es una ilusión.


Y sí. El sueño es lo que guía a los personajes, aunque algunos de ellos todavía no lo sepan. Y cada uno de ellos –tan bien definido- tira de esa cuerda, sin saber que traerá consigo. Amontonados, como se amontonan aquellos a quienes les ha tocado la misma suerte, Lucho, Heidi, Mouzy, Helga, Pepe y Etel, le pelean a la vida en un cabaret del conurbano. La obra se tiñe entonces de una melancolía activa, de seres tristes, que solo sonríen cuando traspasan el telón, de seres de carne y hueso que comparten un espacio adusto, pero que irán transformando con sus acciones y con sus palabras. Al mismo tiempo, cada uno de ellos, se irá  transfigurando al calor del otro. Es entre esas bambalinas decadentes que la nostalgia de Pepe, la inocencia de Helga, el desparpajo de Mouzy, la gélida tristeza de Heidi, el miedo escondido en gritos de Etel y la frescura de Lucho -que sueña cándidamente como solo sueñan los niños- se entremezclan, se anudan, se retroalimentan, se cobijan y logran, cada uno a su modo, conocer el significado de la palabra “oportunidad”. Nada está sentenciado.

Fiel a su estilo, Sergio Bermejo maneja la tensión dramática de una manera extraordinaria. Reír y llorar está permitido. Música, baile, cambios de climas,  todo se intercala de manera armoniosa, en una evolución narrativa que resulta orgánicamente deliciosa. Iluminación y musicalización refuerzan los estados de ánimo, sin opacarlos, ni extremarlos.

Ver un espectáculo del Grupo Tedrys es siempre un placer. Se sabe que el público ingresa a la sala de una manera y, sin duda, se retira de otra. La transformación del ánimo en el espectador es ineludible. Adiós a Berlín no es la excepción. El Grupo Tedrys lo logra otra vez. Quizás su secreto radica en que no hay secretos. Un Grupo de Teatro que respetuosamente toma una obra, la hace suya y la comparte con el corazón abierto, en carne viva. Cada uno de los participantes sangra en su papel, en su rol, y el espectador hace lo propio; siente firmemente la historia y, aún luego de finalizada la obra, se van redescubriendo los diálogos, las actuaciones, sintiendo a flor de piel aquello que acaba de vivenciar. Con ellos el teatro no se observa, se vive.

El nivel actoral es siempre uno de sus fuertes. La dirección de actores, a cargo de Sergio Bermejo, es inmejorable. El espectador nunca se cae de la historia, porque cada personaje está tan bien delineado y tan bien actuado que el público va pasando de mano en mano, de voz en voz, de gesto en gesto y permanece en ese limbo de actuación homogénea y brillante que le permite llegar al final de la obra todavía en las alturas de la nube. Entre estos talentos cabe destacar a la joven actriz Giuliana Regazzoni que se luce de una manera extraordinaria. Tras haber personificado diferentes papeles en las últimas obras del Grupo Tedrys, ella demostró una ductilidad y una asombrosa sensibilidad a la hora de componer cada personaje. En este caso encarna a Heidi, una mujer que se ha moldeado a piedra por sus desventuras y es en su manejo corporal y vocal, sin exageración alguna, donde radica la fuerza de este personaje. La sutileza de las formas, el cuerpo adusto y sus miradas son más que elocuentes. Regazzoni es una gran actriz en potencia.

Adiós a Berlín es sentir que aquel cabaret que, en realidad, puede ser cualquiera, o que aquellas muchachas que buscan su destino, como muchas otras; o que aquel hombre-niño que sigue soñando, son simplemente un espejo nítido y cruel de la vida. Es cierto. Pero en toda encrucijada, parece decir Sergio Bermejo y su Grupo, hay una oportunidad, un camino, un horizonte: Un sueño.

Pequeño consejo: Estén atentos al Grupo Tedrys que cada vez que hace una puesta, honra al Teatro.

Teatro: Actors Studio – Av. Díaz Vélez 3842
Entradas:
$ 80Jubilados y estudiantes: $ 50
Funciones:
Sábados 22:30hs.

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