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Cine

Amarga Navidad

De un tiempo a esta parte, desde al menos Dolor y gloria (2019), o quizás desde la anterior, Julieta (2016), el cine de Pedro Almodóvar parece gravitar en torno a una corta serie de temas que van pasando de unas películas a otras, como si todas formasen parte de una suerte de etapa de su carrera que girase en torno a la creación, los cuidados y las estructuras duales. Aunque por en medio también se cuentan un par de cortometrajes de escaso interés (meros ejercicios que le llevarían a su primer rodaje en inglés, La habitación de al lado, en 2024), esta ciclo de películas representa algo así como una reinvención en una filmografía que se acerca a las cinco décadas.

Lo más paradójico es que Amarga Navidad (2026) parte de un relato homónimo del propio Almodóvar escrito hace más de veinte años, prueba de que el cineasta manchego maneja una paleta de temas que va utilizando o reutilizando en unas películas u otras y adaptándolos a distintas circunstancias coyunturales. En este caso, lo más lógico es que interpretemos esta nueva película, imaginada dos décadas atrás, como una expansión de la anterior, La habitación de al lado, adaptación de una novela de Sigrid Nunez, en la que temas como la repetición o los cuidados aparecían de una forma más directa y concentrada.

Como el propio relato, Amarga Navidad arranca de un modo un tanto insólito, con un punto de partida muy poco sugerente. La protagonista, Elsa (Barbara Lennie), sufre una fuerte migraña, que pronto sabremos que  se trata de una crisis de ansiedad o un ataque de pánico. Cuando tengamos esta información ya estaremos al tanto que la historia de Elsa (diciembre de 2004) la está escribiendo (en 2026) Raúl Rossetti (Leonardo Sbaraglia), cineasta prestigioso que quiere volver a rodar después de cinco años de parón. Elsa también es cineasta, aunque menos exitosa, autora de dos películas de culto, que desde hace años se dedica a la publicidad y a la que Raúl le concederá la oportunidad de volver a escribir una nueva película.

Ni que decir tiene que ambas historias se desarrollan en paralelo, contaminando la una a la otra. O, más bien, trasladando Raúl sus experiencias vitales a la historia de Elsa. Pero de esto tardaremos en ser conscientes. La primera mitad de Amarga Navidad está más centrada en Elsa y en sus acompañantes: su pareja Beau, o Bonifacio, bombero y striper, o sus amigas Patricia y Natalia. Elsa tiene ese ataque de pánico y Bonifacio la mima y la cuida; Patricia descubre que su marido la engaña y Elsa se la lleva a Lanzarote a pasar unos días, hasta que Elsa la sustituya por Natalia, que lleva dos años de duelo por la muerte de su hijo. Si la parte de Madrid posibilita la aparición de algunos personajes (Carmen Machi, Rossy de Palma) puramente almodovarianos (el propio Patrick Criado que interpreta a Bonifacio recuerda mucho al joven Antonio Banderas de las primeras películas de Almodovar de la década de 1980), la de Lanzarote parece una prolongación de la historia de La habitación de al lado, también de su estética, hamacas incluidas.

La parte de Raúl, por su lado, reúne un grupo mucho más reducido de personajes, concretándose en su pareja, Santi (Quim Gutiérrez), y en la secretaría que lo ha acompañado durante veinte años, Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), que justo ahora decide retirarse, ella también para cuidar a su novia, Elena, una mujer que acaba de perder a su hijo. La parte de Elsa responde en su periplo madrileño al relato original de Almodóvar; a partir de aquí, con la llegada a Lanzarote es cuando Raúl, al conocer la historia de Elena, comienza a imaginarse a Elsa como una alter ego de sí mismo y a Patricia y, sobre todo, Natalia, como una extensión de la pareja de Mónica. Elsa incorpora la muerte de su madre al guion que comienza a escribir en Lanzarote, pero también la conflictiva relación de Patricia con su marido, lo que provoca la huida de la amiga. Si Elsa llama entonces a Natalia, no es tanto para acompañarla como para buscar inspiración para sus personajes.

Decía más arriba que las películas de esta etapa del cine de Almodóvar se caracterizaba por sus estructuras duales: los dos tiempos en Dolor y gloria; las historias especulares en Madres paralelas (2021), las de las dos madres, pero también la arqueología forense y las pruebas de ADN; o las repeticiones en La habitación de al lado, donde cada acción parece demandar un ensayo previo. En todos estos casos se trataba de estructuras que se desarrollaban en un sentido horizontal; la de Amarga Navidad es puramente vertical, una mise en abyme: Raúl escribe en su ordenador inspirado por lo que le cuenta Mónica y esas palabras, inscritas en la propia pantalla, se ponen en imágenes con la historia de Elsa, la cual, a su vez, parte de las circunstancias de sus amigas (las de Mónica, en realidad) para escribir su propio guion.

En Dolor y gloria asistíamos a la crisis de un cineasta, otro alter ego de Almodóvar (que interpretaba Antonio Banderas), y, en paralelo, a la historia de una madre (Penélope Cruz) que intentaba sacar adelante a su hijo en la España del franquismo, solo para que al final se revelase que esta segunda historia, autobiográfica, era la que estaba filmando el personaje de Banderas. En Amarga Navidad asistimos al proceso de creación en directo, por así decirlo, a medida que Raúl va escribiendo o reescribiendo la historia de Elsa, incluso con un “Fin” a mitad de metraje que pronto es desechado porque, claramente, ese final, antes de la llegada de Natalia a Lanzarote, era tan apresurado como complaciente.

Al mismo tiempo, es muy probable que, a la altura de ese falso final, el espectador no sepa muy bien de qué va o hacia dónde nos conduce esta historia que, recordemos, empezó con una migraña y una visita al hospital. Es uno de los grandes hallazgos de una película que sabe cómo esconder sus cartas hasta el mismísimo tramo final, cuando Mónica vuelve de su retiro para echarle en cara a Raúl haberse inspirado en la tragedia de su amiga, sin respetar su dolor, solo para beneficio de su ficción. Este sería el Tema de Amarga Navidad, los límites éticos de la autoficción, algo sobre lo que el propio Almodóvar se ha extendido en las entrevistas promocionales de la película, sosteniendo que todas sus películas son ficción aunque se inspiren en la realidad.

De eso hablan también los personajes, Mónica y Raúl. Más bien, discuten acaloradamente en dos secuencias extraordinarias, una en casa de Raúl, la otra en la terraza del bar de un parque, en la que Mónica, cual script doctor, realiza la (auto)crítica de cuánto hemos visto hasta ahora: esos personajes que desaparecen demasiado pronto (Bonifacio) o hacen acto de presencia demasiado tarde (Natalia), esas dos secuencias construidas en torno a canciones de Chavela Vargas que implican un riesgo narrativo al tiempo que resultan un tanto autocomplacientes, como si Raúl estuviese copiándose a sí mismo… y Almodóvar anticipándose a la pereza de cierta crítica.

Llegados a este punto, eramos muy conscientes de las dos historias de la película, la de Raúl y la de Elsa. Pero en Amarga Navidad no hay dos cineastas, sino tres. De la discusión con Mónica, Raúl concluye que ha equivocado el enfoque de su guion y que la película debería de tratar sobre la que fue su secretaria durante tantos años. De ahí que se proponga reescribir toda la historia de Elsa desde una perspectiva muy distinta en la que la amargura se transforme en dulzura. Pero esa película, la de Raúl, ya no la veremos porque es entonces cuando emerge el tercer cineasta, el propio Almodóvar, que, después de llevarnos por una suerte de laberinto narrativo, toma las riendas del relato y de la mano de una prodigiosa Aitana Sánchez-Gijón, cual deus ex machina nos convence de que, en efecto, Amarga Navidad es una película a la mayor gloria de Mónica, el personaje que había permanecido agazapado esperando su momento para revelarle, como siempre, el camino que ha de tomar la historia. Película que convierte el ensayo y el error en su principal baza narrativa, Amarga Navidad no es solo una de las obras más complejas y apasionantes de Almodóvar, sino también una de las cumbres indiscutibles de su filmografía.

(España, 2026)

Guion, dirección: Pedro Almodóvar. Elenco: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado. Producción: Agustín Almodóvar. Duración: 111 minutos.

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