A Sala Llena

Binary Sunset…

Esta semana es pletórica de “días de algo”. El 29 de abril fue el día del animal y mañana, 1, es el día del trabajo, o del trabajador, como ustedes prefieran. Uno incluye feriado, el otro no, pero debería. El día del animal debería ser feriado. Todos somos animales y en nuestro día deberíamos estar echados por ahí, pastando, apareándonos, acariciándonos el pelaje y persiguiéndonos mutuamente para jugar, asustarnos, olernos el trasero o hincarnos el diente, lo que se nos ocurra primero. En cambio, todos decidimos untar nuestros muros de Facebook con fotitos de los miembros de nuestra familia que caminen en cuatro patas. Nuestros gatos, perros, lagartos, parientes deformes etc. Así, durante todo el día, pudimos saludar y agradecer a esa parte de nuestras vidas que es perfecta y que está llena de amor verdadero y, lo confieso, más de una vez leyendo lo que algunos posteaban, se me piantó flor de lagrimón.

Ahora bien, es genial que se venga el feriado y que todos estemos alborotados por las actividades a realizar aprovechando el tiempo libre, llámense rompecabezas, tallado de madera, pintura sobre tela, tómbola hogareña, scrabble, buraco, canasta, dígalo con mímica, sombras chinescas, piedrapapeltijera, etc., etc., etc. Todas por cierto, actividades de pura adrenalina y erotismo salvaje. Y también es bárbaro poder celebrar esos días que tan bien nos vienen para descansar un poco y depilarnos la tira de cola. Pero, lo cierto es que la semana que viene, también se festeja un día muy importante, muy significativo y muy brillante, resplandeciente. Un día gigante del mundo mundial, que ya hace mucho rato debería ser feriado. El día en que la tribu más grande y diversa celebra uno de los hechos más importantes de la cultura popular de nuestro tiempo.

Y sí amigos, el lunes es 4 de mayo (May the Fourth): STAR WARS day.

No sé qué tendrán planeado, pero yo ando hace días meta hacer cosas relacionadas. Escuchando el sountrack hasta la madrugada, gritando “¡Is trilogy time!” cada diez minutos, pasando la gamuza con BLEM por todas mis action figures, sacándole lustre a mi anillo de plata que dice “I love you” y exigiéndole al Chuchi que haga lo mismo con el suyo que dice “I Know”; pergeñando una buena foto que me represente, que me describa en toda mi magnificencia fanática, para subir a alguna red social…

Ay, ay, ay, con lo que tengo pensado más de uno va a quedar culo p´arriba. GRAN FOTO, ESCANDALOSA FOTO, GRAN PRODUCCIÓN DESPLIEGUE Y OSADÍA. Ya verán, ya verán…

Sí, la celebración es importante y tiene hondo significado para los que estamos del lado de La Fuerza. Porque para todos nosotros la saga es algo más allá de muchas cosas. Un bálsamo, un oasis, un lugar donde nos sentimos a salvo, un grupo de emociones a las que volver, y siempre son buenas, siempre son intensas, jóvenes y dulces. Para los creyentes, La Fuerza es el motor para salir del miedo, del desamparo y la soledad de la divergencia. STAR WARS es ese faro que nos da la luz que necesitamos para no cambiar, para aceptarnos, para volvernos poderosos en nuestra propia unicidad. Ver el atardecer de dos soles, suele ser para mí la manera, cuando estoy del total bonete, de recomponerme y pensar con nueva esperanza en el mañana.

¿Acaso hay alguna escena más bella en todo este universo?

Luke mirando hacia el horizonte, pensando en que quiere más, mucho más de su vida. Los dos soles poniéndose y el “Force Theme” de Williams sonando más poderoso que nada que hayamos escuchado nunca jamás.

Recuerdo los atardeceres de mi pueblo, montando mi moto hacia las afueras hasta que no había más que pampa y ruta frente a mí. El viento como latigazo en mi cara y mi pecho, la moto vibrando, los deseos arremolinándose en mi mente, sintiéndome hermanada con Luke, soñando que había alguien en el mundo que experimentaba las mismas ganas de volar que yo. Y eso que a esas alturas, la saga representaba para mí solo la niñez divertida con mis primos y las proyecciones en súper 8 con amigos. Lo más cerca que había estado de entender su valor cinematográfico y cultural era el hecho de, una vez cada tanto, atarme los dos “cinnamon buns” de la Princesa Leia.

Después vine acá, estudié cine y seguí comprendiendo, seguí mensurando y terminé de forjarme como devota agradecida. Porque lo mágico de esta saga gloriosa reside en que es el elixir que no te deja renunciar jamás a los sueños. Te insta a seguir peleando, a no abandonar nunca, ni muerto. Si no que te lo digan Obi Wan, Yoda o Anakin Skywalker. Ellos no te dejan bajar los brazos nunca. Ellos son los pilares en donde apoyarse cuando no queda nadie más. Cuando estás sola a la noche y no sabés si te vas a morir de tristeza, cáncer o frustración. Cuando ni el amor te entiende. Cuando los gatos están en esos días en que decidieron que sos un pelotuda. Cuando mirás hacia atrás y te das cuenta de que ya recorriste bastante camino, pero todavía no estás llena, no sos todo lo que querés ser y aun así te aterra morir. Cuando entendés que la felicidad es tuya, pero hay un agujero que todavía no está lleno. Y cogés, y cogés y cogés; comés, comés y comés; rogás, esperás, escribís, montás, estrellás, recitás, buscás, tomás, chupás, lamés, leés… y aun así hay algo que se escapa, que se esconde, que te rehúye.

Y entonces pensás: The Force is strong with me, y de a poco todo vuelve a tener un poco de ilusión, de fe en el mañana, de goce de seguir en la lucha.

GRACIAS GEORGE POR TANTA ALEGRÍA, POR TANTA ESPERANZA INOCULADA. Gracias por tantos y tantos amigos alrededor del mundo, por tantos interlocutores, por tantos compañeros, por tantos hermanos…

Y a esos hermanos, los que están allá afuera, los que suenan y vibran por todo el mundo, les extiendo mi mano, mi abrazo y mi alegría. Los amo a todos y siento el calor de su compañía. Estoy acá, de este lado del planeta, tocando mi tamborcito y soplando mi cornetita. Les mando todo mi cariño y mi verdad. Y les pido que, desde donde estén, nos unamos en un rezo, en una fuerte formulación de deseo que resuene en todo el universo: ¡QUE LA FUERZA NOS ACOMPAÑE!

Hoy y siempre…

 

Laura Dariomerlo

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