A Sala Llena

Comando Especial 2, según Elena Marina D’Aquila

Los indestructibles.

Siguiendo el homenaje a las series policiales ochentosas (como Comando Especial, claro está), Comando Especial 2 arranca con un “previously on” de algunas escenas memorables de la película anterior, para continuar con una secuencia inicial en la que los maestros constructores Lord y Miller demuestran la enorme capacidad de precisión narrativa (cómica y dramática) que los caracteriza, sin subestimar jamás a su público y siempre ampliando y explorando todas las posibilidades que ofrece la comedia.

Al igual que La Gran Aventura Lego (un antes y un después en la animación, en la comedia y en el mundo), Comando Especial 2 es también un gran patio de juegos. Al ser una película puramente lúdica, la pareja explosiva Hill/ Tatum asume el rol de dos legos policías sueltos dentro de esa fantasía de colores que es la cabeza de Phil Lord y Christopher Miller, dos expertos en juguetes, en jugar con ellos y dejarles lugar para crear su propio juego, mediante bloques interconectados de los que se apropian para inventar un universo con sus propias y disparatadas reglas. Pero los directores no sólo se apropian de los códigos dentro de los subgéneros de la comedia (la buddy movie, buddy cop, el slapstick o el bromance, por nombrar algunos) o del cine de acción, sino también de la parodia autoconsciente de su condición de secuela: a partir de ello, la película requiere de la complicidad del espectador que (recontra) conoce y reconoce las fórmulas utilizadas por las secuelas de la factoría Hollywood una y otra vez. Lord y Miller son tan inteligentes que admiten desde un comienzo que la película es un producto innecesario e incluso igual al anterior. Lo hacen a través del Capitán Dickson, cuando tonto y retonto vuelven a la Iglesia para una nueva misión: “Hagan lo mismo que la última vez y todos estarán felices”, les dice; y Jesús vietnamita mediante, esto será así de manera tan literal que la película compartirá con la anterior algunas líneas idénticas de diálogo. Acá no hay una búsqueda de originalidad en relación a la primera, más bien todo lo contrario; se trata de rastrear lo viejo (como anteriormente en Comando Especial, a partir de un producto preexistente) y adaptarlo, siendo conscientes de esa operación.

Pero en esta comedia desaforada y explosiva cual cohete marca ACME, lo único que importa es el bromance entre Schmidt y Jenko; que se siente más genuino que el de cualquier bodrio romántico para teens que haya protagonizado Tatum junto a su coestrella femenina de turno. Lo que hacen Lord y Miller es poner todo el tiempo en evidencia eso que solía aparecer en forma de subtexto dentro de las buddy movies: la relación amorosa entre la pareja de camaradas.

Hill y Tatum funcionan y se fusionan de una forma que explota y se potencia cuando ambos comparten la acción en el plano. Pero el que más se luce es, sin duda, Channing Tatum, quien ya había demostrado en Comando Especial que podía convertirse en un gran comediante. Pero aquí esto es llevado aún más allá que en aquella excelente primera parte; como cuando al comienzo intenta fingir un acento. Su personaje es la combinación perfecta entre la versión stripper de un Ken y un osito cariñosito.

El gran cambio en esta secuela es el ritmo, el cual trata de sincronizar la acción con la comedia. Los chistes (a pesar de que no todos funcionan igual de bien) se estrellan en nuestras frentes a una velocidad cartoonesca comparable a la de los Looney Tunes y hacen de esta comedia lisérgica uno de los mejores estrenos del año. Además de ser sumamente física, explotando hasta las últimas consecuencias las diferencias entre los dos cuerpos, como lo hizo en la primera cuando mostraba en ralentí la agilidad con la que Tatum saltaba un sillón en medio de una persecución, seguida por la torpeza de Hill.

Si todo esto les parece increíble, prepárense para el final porque, como rezaba la canción de La Gran Aventura Lego: “Todo es increíble”. Cada ser humano debería tener -en forma de calendario pegado en la pared de su habitación- las disparatadas imágenes que aparecen en los créditos finales más hermosos del mundo. Una mejor que la otra, esta serie de pósters -y paro acá para no spoilear- incluye una de las apariciones más graciosas de toda la película. Ya sea en cualquiera de las infinitas alegrías que podría darnos la saga, en formato de animación o de videojuego, obviamente no cabe ninguna duda de que quisiéramos verlas todas.

calificacion_5

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