A Sala Llena

Crimen en la Munich

Crimen en la Munich

Dirección General y Puesta en Escena: Pablo Sodor. Dramaturgia: Marisé Monteiro y Pablo Sodor. Producción: Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Vestuario: María Carcagno.Luminotécnica: Luciana Jares y María Paz Zavaleta. Sonido: Camilo Zentner y Gastón Barrios. Coreografía: Javier Zárate. Música Original: Freddy Vaccarezza.Esta original propuesta teatral nos lleva a un viaje en el espacio y el tiempo digno de transitar. Elenco: Mauro Álvarez, Mariano Aristegui, Carolina Ayub, Carolina Barrera, Eduardo Lázaro, Carlos Ledrag, Belén Marchese, Marcelo Martín, Sebastián Ziliotto. Músicos: Ezequiel Delgado, Mariano Migliora, Fernando Seitz, Claudio Vidal. Prensa: Manuel Balut.

El actual Museo de la ex  Cervecería Munich, frente a la Costanera Sur, donde varios personajes ilustres compartieron charlas y debates.

La idea es muy original e integra varias artes en una misma obra, divertida, cautivante, interesante, colorida y amena.

Al ingresar a la “sala”, los mozos y actores nos recibirán y guiarán. Una banda en vivo de muy buen nivel musical, nos endulzará el oído y acercará viejas melodías tocando temas de la década del ’30. Jazz en su mayoría. Y los actores irán narrando lo sucedido, muchas veces de la mano de la versión de algún tango famoso.

Una vez sentados en las mesitas redondas del salón nos  convidarán una cerveza y maníes, (gesto que realmente me-encantó!) y nos darán una pequeña introducción contándonos lo que

Simbolizaba en su época La cervecería Munich, obra de los hermanos húngaros Kalnay, y cerrada al público en los ’70.

Es que en Crimen en la Munich el público resulta parte del espectáculo. Los actores

interactúan con el público, quienes constituyen a los asistentes de este bar. Lo invitan a bailar, lo interrogan, y esto genera un nivel de cercanía e involucramiento con la obra y sus actores muy fuerte.           

Poco a poco van ingresando a La Munich personajes de la talla de Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni, Regina Regis y su madre, el arquitecto Zoilo Chávez con su socio chileno y su nueva mujer Lucía Campos y el Inspector Magreto. Luego aparece en escena también el mozo, Pietro Rizzo.

La historia es un policial. Hay una serie de asesinatos que el inspector Magreto deberá desentrañar y muchos intereses en juego. Prácticamente todos resultan sospechosos y todos tienen algún motivo para querer deshacerse del otro.

Si bien el argumento no es de lo más original ni lo más creativo, resultan muy interesantes todo el resto de ingredientes que aporta ésta obra.

El vestuario, el comentario de hechos significativos de la historia argentina, los personajes, sus actuaciones y cantos, el escenario donde se desarrolla la obra, la música en vivo, la cercanía con el escenario y sus actores…todo esto suma, sorprende, nos hace sentir parte de otro momento y lugar…

Es especialmente atractivo para los adultos que vivieron esta época, pero de todos modos todas las edades saldrán felices a comerse una bondiolita allí enfrente y comentar los sabores del post-función.

Por Heliana Rofrano

Entrar en la legendaria cervecería Munich es una experiencia mágica. Los fantasmas que habitan cada uno de sus espacios, los colores que tiñen su mobiliario cuando la luz ingresa por las pintorescas ventanas de vitraux, la vieja barra donde se han revelado secretas historias y sobre la cual se han posado los brazos de personajes claves de nuestra tradición nacional.

Corría el año 1937. Noche de Carnaval. Estas son las coordenadas ficcionales que transportan al espectador a ese momento exacto en el que comienza la narración. Un presentador nos da la bienvenida, mientras sin poder comprender del todo lo que está pasando, generosamente compartimos una picada y una cerveza con personajes de la alta alcurnia porteña: Leopoldo Lugones, quien se suicidaría un año después frente a un río como el que bordea la confitería Munich al ingerir una mezcla de cianuro y whisky, y Alfonsina Storni, quien también pondría fin a su vida un año después internándose en el mar. Otros personajes que levantan sus copas en la velada son Regina Reyes, dolida aún por ese amor que no fue, el inclemente inspector Magreto, “el sargento” que es su socio y admirador, Zoilo Chávez, famoso constructor del edificio más alto de Buenos Aires, y Lucía Campos, su estridente esposa.

Los músicos están en escena y nos deleitan con sus intervenciones, mientras la magnificencia del presentador se impone en la primera parte de la obra. La propuesta interactiva que invita al espectador a sumergirse y ser parte de esta ficción, es sumamente interesante y absolutamente disfrutable, dado que desde el ingreso a la sala el público ya forma parte de la obra. Este recurso se potencia cuando los espectadores son invitados a bailar. En ese momento la línea que separaba el espacio de acción y el espacio de expectación se diluye, ya no hay actores y espectadores… la fiesta siempre se caracterizó por ser fiesta para todos… lo que el público no sospecha es que momentos después todos seremos sospechosos.

Una crónica policial que transcurre en tiempo real, en un único espacio. Pese a la unidad espacio-temporal, es destacable el dinamismo interno que posee la obra, con un manejo del ritmo sumamente sugerente. La multiplicidad de personajes que intervienen en las escenas generan un constante movimiento interno: las piezas claves del ajedrez son movidas, estratégicamente, mientras unas caen, otras sobreviven… y hasta revelar el enigma todos somos cómplices de un múltiple asesinato.

No es casual que la noche en que se gritan las verdades acalladas sea durante el carnaval. En esa celebración los roles sociales desaparecen y la fiesta es el espacio de homogeneización de los cuerpos mediante el olvido temporal de la diferencia. Esta idea se expresa en la puesta en escena a partir de la propuesta participativa que ignora toda distinción entre actores y espectadores. El público no asiste entonces a presenciar el carnaval, sino que lo vive como un paréntesis de lo cotidiano, aboliendo provisionalmente las relaciones jerárquicas, privilegios, leyes y tabúes. Otro tema fuertemente vinculado con el carnaval es la máscara, como aquel artilugio que permite ocultar la verdadera identidad y gozar lícitamente de los excesos habitualmente prohibidos. Crimen en la Munich es un baile de máscaras, donde los personajes se muestran y ocultan… pero el exceso y la desmesura se cuelan entre los intersticios del orden: en la Munich se desata el crimen y las máscaras irremediablemente caen.

Crimen en la Munich es una obra que mezcla condimentos heterogéneos: risas, baile, momentos de tensión, canciones, pintorescos personajes, picadita y cerveza para sus invitados. Una divertida comedia con actuaciones destacadas y caracterizaciones de personajes históricos muy logrados como la de Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni. Además no faltan personajes claves del género policial, con sólidas y entrañables interpretaciones, como el detective y el sargento que juntos llevan adelante la investigación. La obra transcurre en un lugar emblemático de nuestra ciudad que vale la pena conocer… y ser parte de ese carnaval que se infiltra como un flashback en nuestro presente es una experiencia que vale la pena vivenciar.

Teatro: Ex –cervecería Munich. – Av. de los Italianos 851 (Costanera Sur).

Funciones: Sábados a las 21 hs.

Entrada: $50

 

 

©Antonella Sturla, 2013

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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