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Cine

Crítica de “Digger”, film dirigido por Alejandro G. Iñárritu

Hay varias maneras de escribir la crítica de algo como Digger. Podemos hacelo risueñamente, burlándonos de la pedantería absoluta, la incapacidad para narrar y la declamación fatua a la que ya nos ha acostumbrado su director, el mexicano Alejandro González Iñárritu. Podemos señalar el hecho lateral, pero no menos cierto, de que Tom Cruise produjo esta cosa porque busca un prestigio que la Academia le debe. Hay un problema allí, pero lo vamos a tratar aparte. Lo más raro es que podríamos cerrar la discusión diciendo que es mala con ganas y nadie va a decir nada en contrario. De hecho, hasta la propia Warner decidió hacer marketing sin tomar partido por su producto. ¿Cinismo, cobardía o claudicación bajo evidencia?

La película es una especie de Dr. Insólito (ya se dijo) sobre un desastre ecológico (ya se contó) causado por el “capitalismo” (que financia la película). Porque en el mundo de Digger, de Iñárritu, de la coguionista Sabrina Berman, y quizás y lamentablemente de Tom Cruise (que conoce el mundo fuera de los EE.UU. por lo que muestran los hoteles) hay malos y buenos y los malos son todos ricos (curiosamente como Iñárritu, Berman y Cruise). Pero respecto de esta ideología populista 100% Hollywood no podemos quejarnos: es la que ha sostenido por décadas la fabricación de obras maestras a repetición. Sólo que en ¡Qué bello es vivir!, la simplificación social y política era acompañada por una profunda meditación metafísica sobre si una vida tiene sentido y cuál es, qué la justifica, qué peso tiene el deseo individual o el sacrificio. Es decir, cosas que van más allá del “rico malo, pobre bueno” y que en última instancia demuestran que tal mirada es superficial. Cuando Stanley Kubrick llegó a la sátira (y casi toda su obra es satírica, incluso si no es cómica) optó por la caricatura y la burla. Y a través de los grandes angulares, de las escenas grandotas, de la actuación crispada y la ironía, se colocaba por encima de la situación. Y aquí, el núcleo del asunto.

El humor lo es en tanto y en cuanto seamos conscientes que aquello que criticamos o de lo que nos reímos nos cabe (o nos puede caber) también a nosotros. Para diferenciarlo a lo vernáculo: era humor Bombita Rodríguez -donde un peronista se reía de las contradicciones, vicios, clichés y falsas mitologías del peronismo- y no lo era Micky Vainilla -donde se identificaba a votante de Macri y admirador de Miranda! con un nazi, de paso subrayando el profundo prejuicio homofóbico del rockero nacional promedio-. Kubrick hacía Micky Vainilla. Iñárritu, que ha demostrado talento para hacer mal todos los géneros, también. Aunque esté ese giro argumental que intenta volver las cosas más ambiguas e incluso darle a la película una especie de “mentís”. Ese giro “meta” cine no es un movimiento de la inteligencia sino una coartada propia del que sabe que se pasó de vivo.

Cruise hace todo lo que le indican y lo hace bien. Es una extensión de su genial participación en Una guerra de película, y es cierto que quería hacer un film centrado en Les Grossman; casi seguro que hay alguna idea de allí en esta película. Sin embargo, hay una diferencia grande entre ser directo hasta la grosería y declamar. Les putea, amenaza, dice cosas terribles de un modo orgánico y nunca se define a sí mismo o a su -digamos- “ideología”. Digger, en cambio, dice qué piensa, por qué lo piensa, y cómo es el mundo. Da una lección de cómo piensa el mundo y con ello, por el absurdo, los realizadores indican cómo debe serlo. Digger no tiene vida propia: es una herramienta para “decir cosas”.

Porque Digger, la película, es eso: un instructivo sobre el “deber ser” del mundo y la identificación correcta del villano. Pero eso no es lo único que lo hace una mala película. Tampoco su abuso grandilocuente y pedante del plano, casi nunca pertinente. No. No es eso. Lo que hace a Digger la peor película del mundo es que pretende disciplinar el humor. Un manual sobre de quiénes, cómo y de qué manera es lícito y correcto reírse hoy. Que incluya de refilón una partecita así del wokismo es porque, además, es una película carísima y, como suele pasar cuando tal presupuesto no implica una superproducción de franquicia, muy cobarde. A esta altura del siglo, que nos moleste el didacticismo de Iñárritu, un cineasta viejo con ideas de 1970 a lo sumo, es como una anécdota de la colimba demasiado repetida. Lo nuevo es que además pretende, desde la cima inabarcable de su ego, imponernos el reglamento de la risa. Rajá, turrito, rajá, o te creés que porque preferimos el Zohan de Adam Sandler somos otarios…

(Reino Unido, México, Estados Unidos, 2026)

Dirección: Alejandro G. Iñárritu. Guion: Alejandro G. Iñárritu, Alexander Dineralis, Nicolás Giacobone, Sabina Berman. Elenco: Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Jesse Plemons. Producción: Tom Cruise, Alejandro G. Iñárritu, Mary Parent, Michael Sharp. Duración: 129 minutos.

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