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Cine

Crítica de “El poder de la red” (The Social Reckoning), film dirigido por Aaron Sorkin

DE MAL EN PEOR

El poder de la red, podría haber sido una secuela –de hecho del algún modo lo es–, o un film complementario como lo declaró su guionista y ahora director Aaron Sorkin, pero sin duda es un filme mucho más oscuro que Red social de 2010, donde Sorkin oficiaba sólo de guionista y la dirección estaba en la mano férrea de David Fincher.

Red social, ganó mejor guion en los Oscars pero no logró mejor película, ni director, ya que fue elegida aquel 2011, El discurso del Rey, un film correcto y nada más, pero que no era disruptivo como el de Fincher, ni sobre una temática nueva. La broma que circulaba por esos meses, era como los miembros de la Academia iban a elegir un film sobre la creación de facebook, si aún usaban muchos VHS y ni siquiera tenían DVD.

Finalmente Red social fue un film dinámico sobre la vida como estudiante y emprendedor –y traidor y manipulador y muchas cosas más– de esos años de Mark Zuckerberg en Harvard junto a sus socios y amigos, para derivar quince años después, en los estragos que las redes y su manipulación generan en los adolescentes y los adultos, el famoso algoritmo que redefine lo que se debe ver, pensar, sentir y actuar. En esta nueva película, Aaron Sorkin –creador de la serie The West Wing, y de la película El juego de la fortuna, entre otras– posee un gran oficio. Los diálogos punzantes y las implicancias políticas y culturales de los procesos de Norteamérica y su consecuencias en el resto del mundo, son su fuerte, no cabe duda.

Aquí Sorkin se vale del hecho real de la analista Frances Haugen, que al no ser tenida en cuenta en el departamento de ética y al borde del inicio de la pandemia del covid, termina filtrando datos al periodista del Wall Street Journal, que terminaría desmantelando el plan manipulador de Zuckerberg y equipo, sobre la ausencia de chequeo de información, y la búsqueda de interacción por vía de páginas y grupos radicalizados en post de mayor permanencia en la red y por ende más facturación, sin medir ningún tipo de consecuencias. El filme intenta explorar cómo una mujer, genial en el análisis de datos, convencida del proceso tecnológico del que forma parte, es dejada de lado, por que lo que tiene para plantear no quiere ser visto, o desea ser tapado por el resto del equipo. Una verdad de algún modo incomoda.

Aquí se plantean grandes problemas en el film. Primero, pese a los diálogos punzantes, no deja de sentirse una atmósfera muy teatral, y el film es tan dialogado que no permite respirar. Los encuentros en la colinas de San Francisco de Frances y del periodista Jeff terminan funcionando como un bálsamo ante tanto encierro –puede ser algo buscado por Sorkin, como una metáfora del encierro en las redes y la falta de contacto real–, pero hace mella en la percepción de la historia.

Y el segundo gran dilema es como volver atrayente, desde el punto de vista cinematográfico, a una situación social y política que va adquiriendo en cada paso, un esquema más oscuro y del que no se puede salir. Sumado a la trama sobre periodismo e investigación que plantea el guionista.

Aquí es que Sorkin, no permite dejar volar la inteligencia del espectador, y subraya muchos aspectos de lo que la trama va desarrollando, tampoco explica demasiado ciertas cuestiones políticas por ahí menos sabidos o entendidos fuera de Norteamérica, como la “jugada” de Trump de enviar fanáticos al Capitolio para tomarlo por asalto en 2021 (existe un interesante documental en HBO sobre este tema llamado justamente 6 de enero), y desconocer así las elecciones y su derrota en las mismas con Joe Biden como contrincante. A su vez, los modos y todo lo que rodea a ese momento tiene el tufillo de Trump pero nunca se lo nombra en la película.

Mikey Madison, la ganadora del Oscar por Anora, es convincente como Frances, y ni que hablar de Jeremy Allen White, como Jeff, el periodista de investigación a la vieja usanza que no tiene redes y apenas sabe usar el gps del auto. Se nombra por allí que los famosos Woodward y Bernstein del caso WaterGate eran periodistas de temas sobre la ciudad, y no cubrían específicamente sobre política.

Y Jeremy Strong, el gran actor de Succession, compone aquí a un Zuckerberg maduro, mezcla de villano, manipulador, y con poco rastro de humanidad. “No digas Humano, porque suena mal en tus modos, habla de personas. Y sonreí de vez en cuando”, le espeta una asesora, mientras lo preparan para lo que será su audiencia en el senado, cuando toda la trama se va desarrollando y una línea temporal lleva y trae al espectador desde aquel 2021 y el 2018.

En definitiva, El poder de la red, no es el film que todos esperaban –aunque pueda tener un lugar destacado en la temporada de premios–, ni encaja demasiado bien en todo lo que desea contar, sin embargo no deja de ser una historia contemporánea sobre situaciones y hechos que continúan en desarrollo y que sus implicancias políticas y sociales, aún están por verse en todo el mundo. Como la cobertura de las protestas y luego desmanes en Francia, por estas horas mudados a Barcelona y las elecciones como las de Brasil, cuyo balotaje se desarrolla en las mismas horas que estas líneas.

(Estados Unidos / 2026).

Guion y dirección: Aaron Sorkin. Elenco: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Wunmi Mosaku, Betty Gilpin, Bill Burr. Fotografía: Jeff Cronenweth. Música: Alexandre Desplat. Duración: 112 minutos.

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