LA REVOLUCIÓN NO SERÁ TELEVISADA
Gus Van Sant, es un director ecléctico, que suma producciones con vuelo hollywoodense, con otras más personales, como la que lo destacó en Cannes 2003 con Elephant, aquel lírico filme que tomaba la masacre de Columbine (famosa por la locura de la situación, como por el filme documental de Michael Moore que a partir de allí denunciaba la tenencia de armas en EE.UU), desde la mirada de algunos de los chicos de aquel fatídico día de colegio.
Aunque arrancó con filmes de muy bajo presupuesto como Mala noche, Van Sant se acercó a Hollywood con un pequeño filme como Mi mundo privado, con dos emblemáticos actores, uno que ya era una estrella como River Phoenix -que fallecería dos años después con tan solo 23 años- y Keanu Reeves que recién arrancaba.
Sin embargo, el reconocimiento llegó con En busca del destino en 1997, aquel escrito por la dupla Ben Affleck/Matt Damon (ganaron el Oscar a mejor guion) -este último su protagonista junto a Robin Williams-. Allí Van Sant demostró que podía estar para grandes producciones junto con popes de la actuación.
Con los años, mechó producciones experimentales, como Last Days, sobre las ultimas horas en la vida de Kurt Cobain, el líder de la banda grunge Nirvana, que se quitó la vida en 1994. Los caminos del director continuaron hacia filmes biográficos como Milk, la vida del activista gay de San Francisco a fines de los ‘70. Allí Sean Penn logró un Oscar y el filme ganó otro por su guion, y demostró una vez mas la reconstrucción de época sin perder el lirismo, una marca de fábrica que Van Sant aporta en el plano ficcional/documental.
En eso se centra su nueva película, con el título local de La Negociación que ya lleva casi un año de recorrido desde su presentación en el Festival de Venecia de 2025, y su estreno en Norteamérica en febrero, donde fue un fracaso comercial. Ya que, ser un director reconocido con una Palma de Oro en Cannes, con nominaciones a los premios más importantes, y haber surgido como creador de videoclips, de bandas y artistas emblemáticos como Elton John, David Bowie o los Red Hot Chili Peppers, no es garantía de nada.
Gus Van Sant quiso crear su visión de la depresión de fines de los 70, al igual que en Milk, cuando su país vivía épocas de vacas flacas, y uno de sus ciudadanos tomó el toro por las astas –cansado de la situación de atropello- y se dirigió a la oficina de una financiera/desarrolladora y secuestró a su vice–presidente, con un rifle de caño recortado y un sistema de cable, que en caso de querer escapar se activaría sólo, de ahí el título en inglés de la película.
Basado en una historia real que tuvo en vilo por días a la opinión pública, que vio la transmisión por Tv de todas las vicisitudes del caso. Instancias que también fue transmitida por radio, ya que Tony Kiritsis (Bill Skarsgård) confió en las negociaciones de criterios de un reconocido showman de la radio (aquí el ascendente Colman Domingo) reconocido por filmes como Michael y por las series Euphoria y Las cuatro estaciones. Tony quería que se supiera que fue estafado en su buena fe junto a una disculpa pública, sumado a una total inmunidad ante el acto que tuvo que acometer para que se sepa su verdad. “Casi nada” dirían por ahí…
Aunque el espectador espere las imágenes de archivo reales del caso, que finalmente aparecerán en los créditos finales, como parece ser la regla habitual en estos dramas psicológicos-policiales, Van Sant realiza algo más audaz, en la línea de grandes películas que marcaron épocas como JFK de Oliver Stone, allí por 1991. Recrean escenas de ficción, con fotografía móvil, en colores o granos diferenciados, lo que permite un elemento documental dentro de la propia ficción. Y con su cuota de lirismo, ya que el drama personal del secuestrado y el secuestrador, cada uno con su dosis de explicaciones y audacias varias, es acompañada por una banda sonora –cuando no– de voces como Roberta Flack, Donna Summer, Barry White, entre otros. A no olvidar que el realizador aparte de cineasta es fotógrafo, pintor y músico, casi un artista del Renacimiento.
Es así que se presenta una mirada entre intimista y documental sobre un hecho de reclamo social, junto a la violencia y la impotencia de la sociedad norteamericana ante los atropellos del sistema capitalista. O como, con todo tipo de vericuetos legales, una corporación puede destruir al “Little man”, el hombre pequeño. Pasándolo por encima y dejándolo en la ruina. Es por ello la desesperación de Tony a que le pidan disculpas.
Pero ¿que ocurre cuando una sociedad está corrompida? Cuando son épocas de recesión y una persona ¿ya no tiene nada que perder?
Por ahí estas cuestiones no difieren mucho de un Western, solo que aquí existe la nieve, el frío y la desesperación. Y los caballos son reemplazados por autos y patrulleros robados.
El guiño del pequeño pero fundamental personaje siniestro del presidente de la compañía y padre del secuestrado es interpretado por Al Pacino, que en el filme “Tarde de Perros” –otro caso real- de 1975 de Sydney Lumet, representa al hombre enfrentado a su destino por una causa.
Finalmente: “la revolución no será televisada” –tema musical de Gil Scott-Heron– que también el director incluye, aunque en muy pocos casos esto sí puede pasar, y hasta logra llegar a la gran pantalla. Y con artistas como Van Sant que hurgan en estas historias del pasado, como una llamada de atención para el presente.
![]()
(Estados Unidos, 2025)
Dirección: Gus Van Sant. Elenco: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Colman Domingo, Al Pacino. Guion: Austin Kolodney. Fotografía: Arnaud Potier. Edición: Saar Klein. Música: Danny Elfman. Duración: 105 minutos.



