A Sala Llena

Soul

A Leia Samantha

Usualmente ya a los cinco años de vida nos hacemos preguntas existenciales sobre el alma y la muerte con mayor claridad que como lo haremos después de adultos. Entonces qué significa que una película sea para niños y dónde quedamos en ese juicio las personas mayores. ¿Es nuestro lado pueril el que debe hablar frente a estas obras o solo aquellos podrán valorarlas con más precisión? 

Tal vez en este sentido cueste ver Soul (2020) como una película infantil. No hay protagonistas niños a diferencia de Boo, Riley o Russell presentes en las tres anteriores de Pete Docter. Como cada tanto se dice que Pixar no hace películas comprensibles para tales edades, partamos de este juicio también para diferenciarla en la trayectoria del director.

Aquí Joe (Jamie Foxx) es un profesor de música que busca tocar el piano en la banda de jazz de la afamada Dorothea Williams (Angela Bassett) y 22 (Tina Fey) es un alma indiferente hacia la vida terrenal. Ambos se encuentran en El Gran Antes, espacio de las almas previo a su viaje a la Tierra. Los guionistas Docter, Kemp Power y Mike Jones conjugan a través de estos personajes disímiles un reencuentro entre la música, el ingenio, la intuición y el espíritu. 

Es cierto que en general el departamento de animación en Pixar apela a la ternura. Los personajes y ambientaciones tienen rostros ovalados. Además priman la circularidad de los espacios, las texturas esponjosas o porosas, y las gradaciones de azul en medio de colores brillantes. Por este lado Soul se mantiene fiel con el alma 22 que recuerda al diseño de Tristeza, y la delgadez terrenal de Joe a la de Alegría, emociones protagonistas de Inside Out (2014). De todas maneras, tal amabilidad visual es el revés de temas hondos donde los matices sonoros y narrativos rebaten el razonamiento de que la ternura sea solo infantil o que la crueldad es exclusiva de la adultez. 

Además aquí la memoria consiste en una curaduría de museo y ya no en esferas traslúcidas como en la mencionada Inside Out. El desarrollo de la segunda escena con la madre de Joe también transforma un tema recurrente. Si bien el enredo del body swap cuando ellos caen a Tierra puede verse como lugar común de películas más vulgares, el encuentro maternal acentúa la sintonía entre los protagonistas. El discurso de 22 en el cuerpo de Joe y este en el cuerpo felino ejemplifica una humanidad que nada tiene que ver al final con el éxito o la fama conseguidos. Lo fundamental es haber encontrado “el agua sin necesidad de ver el océano”, como le dice la cantante Dorothea Williams a Joe cuando salen del concierto. 

Docter y su equipo suelen detenerse en que sus personajes hablen o callen en momentos cruciales. Up (2009) muestra esto cuando Muntz busca que la naturaleza hable a través de sus avances tecnológicos mientras que Ellie y Karl se entienden mejor sin palabras. En esta ocasión, Joe compone música de los objetos recopilados por 22 ya cuando ella se obsesiona y se convierte en un alma perdida. Ambas maneras de hacer alma no se deben confundir con las oportunas etiquetas de un manual de psicología. Y si en algo se afianzan los guionistas es que sentido de vida, éxito y propósito son simultáneos, nunca unívocos. Por lo tanto, no pueden leerse en la linealidad gráfica ni teórica de un libro; sí en una película donde escuchar y ver van a la par.

En esa simultaneidad la caída como forma de llegar a ciertos aprendizajes se acentúa aquí con una conciencia espacial diferente a la de Up e Inside Out. La caída de Joe y 22 hacia la Tierra es menos dramática e igual de liberadora. Se sueltan de las manos sin lágrimas y aceptando lo sagrado de lograr que un alma viva en un cuerpo terrícola. Un superfluo ejercicio de memoria haría recordar que otros directores de la compañía como Lasseter o Stanton plantean lo espacial en relación indirecta con lo humano. Para el primero en la saga de Toy Story, solo los juguetes caen y para el segundo, personajes acuáticos como en Finding Nemo o robóticos como Wall•E suelen flotar sea en agua o en el espacio sideral. En cambio para Docter, son los humanos quienes caen en cuenta y deben soltar objetos para salir a flote anímico y por lo tanto visual. En este sentido, entender sus planteamientos literalmente es tan problemático como exagerar las conveniencias narrativas. Esto dejaría a un lado la riqueza aural y polícroma de elementos claves en una compañía como Pixar donde casi siempre hay un dejo de simpleza no solo en el guion.

Al final, si solo los niños son los espectadores ideales para estas obras, entonces que valgan las atinadas preguntas y el wao de admiración de la niña sentada a mi lado la segunda vez que vi Soul. Con semejante asombro pueril confirmamos que la sencillez del final es una aseveración: el alma consiste en un eterno retorno a lo cotidiano y no un juicio de si está bien o mal que Joe insista en huir de la muerte. Así con el trabajo de Atticus Ross y Trent Reznor para las escenas de El Gran Antes, y la animación citadina para las ambientadas en la Tierra, se acentúan las dualidades entre enfrentar y huir, tópicos recurrentes en las películas de Docter. 

calificacion_4

 

 

 

(Estados Unidos, 2020)

Dirección: Pete Docter, Kemp Powers. Guion: Pete Docter, Mike Jones, Kemp Powers. Voces de: Jamie Foxx, Tina Fey, Alice Braga, Angela Bassett. Producción: Dana Murray. Duración: 100 minutos.

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