A Sala Llena

Defensa de la remake

Ayer vi la nueva versión de Carrie. Si claro, es horrible y no
precisamente en el buen sentido en el que podría aplicarse
a una película de terror. Filmada
con pereza, abusando de unos efectos digitales espantosos en todo el metraje en
general y en la parte de la masacre final en particular, con un “momento de
esperanza” (
¡esa noticia del embarazo!) llegando sobre el final que da vergüenza
ajena, la película se vuelve triste si encima se la compara con la versión de
De Palma en los 70. La historia de hecho es prácticamente la misma (hasta
tuvieron el tupé de copiar la parte del chico de la bicicleta) pero sin el
humor, ni la osadía –que la
versión del siglo XXI sea mucho menos oscura y sexualmente
gráfica que
la
de los 70 es penoso-, ni el virtuosismo de la
película de
la obra maestra depalmiana. Casi se diría que los
dos largometrajes deberían pasarse juntos
en cualquier escuela de cine para
ver como un contenido prácticamente idéntico puede ser una obra maestra en un
caso y una basura en el otro por una diferencia notable de ejecución de puesta
en escena.

Y claro, acá es donde uno
podría también afirmar algo en contra de la idea de remake en general,
enumerando los lugares más comunes que existen a la hora de hablar de este tipo
de adaptación. Sin embargo y a raíz de Carrie
voy a tratar de hacer todo lo contrario y defender la idea de la remake contra
las ideas más absurdas que se hacen sobre el tema. De vez en cuando se lee esto
de que “la remake es síntoma de la decadencia por la que está pasando
Hollywood”. Esta es una de las afirmaciones más comunes y sostiene la idea de
que una remake es un fenómeno actual. Totalmente falso. Por decir ejemplos
sencillos: Ayuno de Amor, la obra
maestra de Howard Hawks, se hizo en los 40 y es una remake en clave de comedia
romántica de Primera Plana, hecha
diez años antes. Al mismo tiempo Primera
Plana
tendría otra versión en los 70, dirigida por Billy Wilder, que está
muy bien. Dos de las mejores películas de Douglas Sirk –el nombre más
importante del melodrama en el período clásico- son Imitación a la Vida y
Sublime Obsesión, obras maestras mayores que son reversiones de otras dos
películas dirigidas por John M, Stahl. En los 70 Bogdanovich dirige una remake
de La Adorable Revoltosa llamada ¿Qué pasa Doctor?. Ben-Hur es una remake de una película muda. Hitchcock hizo una
remake de una película suya (El Hombre
que Sabía Demasiado
) en los 50 que resulta muy superior a la primera
versión. El mencionado Hawks también hizo reversiones no oficiales de su propia
obra maestra Río Bravo en Rio Lobo y El Dorado.

También de vez en cuando se
lee esto de que la remake es señal de falta de creatividad, de la imposibilidad
de hacer algo nuevo. A ver, en términos estrictos la remake es una forma de
adaptación de una obra previa que toma como modelo otra película. Si utilizamos
sólo sentido común nos vamos a dar cuenta que no hay mucha diferencia entre eso
y tomar como modelo una novela, un cuento, una historieta y demás cosas que
cuando se trasladan a la pantalla ni nos quejamos si no se tratan de creaciones
totalmente genuinas. Pensar que es más complejo adaptar una novela a una
pantalla que readaptar una película y que es más respetable la traslación
personal que hace Jean Renoir de Un día
de Campo
de Maupassant que la que puede hacer Cronenberg de La Mosca de los 50 es absurdo. En todo
caso, lo que nos molesta de muchas remakes que no nos gustan es que parecen
copias baratas de la original. Digamos, remakes que se apoyan sobre el
prestigio de la obra previa y no producen algo nuevo con eso. Es lo mismo que
sucedía con esas adaptaciones fieles que tanto detestaban los cahieristas en
los 50 que funcionaban como resúmenes impersonales de novelas clásicas. Creo
que fue Alexandre Astruc quien dijo que el problema de readaptar un libro con
excesiva fidelidad era que terminaba siendo un insulto a la propia obra
literaria, ya que cualquier persona que siente pasión genuina por un texto X
debería de recorrerlo de manera personal, a veces incluso cambiándole cosas que
le gustaría que sean diferentes en el texto. Digamos entonces que la paradoja
de este asunto es que en cualquier buena adaptación el realizador tiene que apropiarse
de esa novela, y al hacer esto tiene si o 
si que traicionarla. De ahí por ejemplo que el Halloween de Rob Zombie se vuelva tan interesante en su primera
parte (cuando se reapropia del personaje Michael Myers dándole un origen social
al monstruo) y tan poco atrayente al final, cuando simplemente decide calcar la
versión de Carpenter.

Pero hay algo además
interesante en la idea de la remake, cierta nobleza si se quiere en la
confesión de su fuente. Después de todo no hay que ser un genio para darse cuenta
que cualquier realizador tiene un padre artístico y cualquier obra de arte por
lo menos un antecedente. Eastwood ha absorbido de cineastas como Ford o Don
Siegel (o a veces hasta Douglas Sirk: véase Los Puentes de Madison y véase Siempre
hay un Mañana
) o Spielberg del cine de Truffaut, o el de Bela Tarr con el
de Tarkovsky. Si hasta un fundador de todo un lenguaje cinematográfico como
Griffith basó su estética en la mezcla de técnicas que vió de otros cineastas
sumado a su conocimiento de la narrativa de Charles Dickens. Del mismo modo, si
uno se pusiera a ver una película y a relacionarla con anteriores se daría
cuenta que hay cantidad de remakes indirectas: Intriga Internacional es fuertemente deudora de Los 39 Escalones, El Resplandor es mucho menos deudora de la novela original de King
que de Bigger than Life de Nicholas
Ray (de hecho las cosas en común que tienen las dos películas son notorias y si
vamos al caso el propio Kubrick era admirador de Nicholas Ray en general y el
actor James Mason en particular), ¿Quién
Puede Matar un Niño?
, acaso la mayor película de terror ibérica que se haya
realizado, es tan deudora de Los Pájaros
de Hitchcock como cualquier remake convencional, lo mismo podría decirse de Misión Imposible 2 y otra obra de
Hitchcock como Notorious. Varias de
ellas pudieron haberse llamado como el film del que fueron influenciados, no lo
hicieron. Nada que recriminar, parte de la historia del arte es también la
historia de su disimulo, la remake sin embargo tiene la nobleza de no querer disimular
sus orígenes y confesar abiertamente su fuente. No la hace estéticamente más
loable pero si le da al menos una nobleza a priori.

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