A Sala Llena

El Refugio

 

El Refugio (Le Refuge, Francia, 2009)

Dirección: Francois Ozon. Guión: Francois Ozon, Mathieu Hippeau Producción: Chris Bolzli, Claudie Ossard. Elenco: Isabelle Carré, Louis-Ronan Choisy, Pierre Louis-Calixte, Melvil Poupaud, Claire Vernet. Distribución: Distribution Company. Duración: 88 minutos.

La ecléctica e irregular filmografía del francés Francois Ozon, provoca que sea difícil analizar en conjunto; encontrar los matices que unen las obras de este realizador provocador, cinéfilo, que en poco más de diez años ha sabido construir clubes de fervientes admiradores y detractores por igual.

Particularmente, solo he visto la mitad de su obra, por lo tanto no puedo generar una completa comparación entre El Refugio, su última película estrenada, y el resto de su filmografía, más que justificar que esta obra cumple con la principal característica que une narrativamente a todos los films: la desestructuración del núcleo familiar, cuestionar cuál es el rol social que cumple la institución familia en el mundo, en Francia.

A diferencia de películas como La Piscina o Ricky, esta vez la fantasía no interfiere con el mundo “real”. Tampoco se encuentra esa faceta más excéntrica y kitsch de Ozón, la que la relaciona con su perfil más cinéfilo, amante de los melodramas de Fassbinder o los musicales de Hollywood como Gotas que Caen sobre Rocas Calientes u 8 Mujeres.

Estructuralmente El Refugio ni siquiera se anima a ser “innovadora temporalmente” (estilo Irreversible) como era Vida en Pareja (la vida de una pareja empezando por el divorcio y terminando cuando se conocen).

Tampoco contiene un misterio abierto, ni juega manipulando la información de los personajes o espectadores como hacía en Bajo la Arena.

Justamente, lo que hace a El Refugio, la obra más madura, soberbia y profunda de la cinematografía de Ozon son sus bajas pretensiones, su sutileza y sencillez.

Todo comienza con una pareja joven, adicta a la heroína, en un departamento desnudo. Ozon nos presenta con menor locura videoclipera, una situación a lo Requiem por un Sueño, pero el efecto será efímero. Cuando la aristocrática madre del muchacho entra al departamento, encuentra a su hijo muerto y a su novia, Mousse, en estado de coma. Cuando despierta, le notifican que está embarazada de 8 semanas.

Los padres del novio, miembros de la clase alta francesa, la discriminan y le piden que aborte. Ella no quiere y se escapa a un pueblo en las afueras de París, típica campiña francesa, parando en la casa de un ex amante que ha quedado ciego.

Su tranquilidad se verá afectada, cuando reciba la compañía de paso, de Paul, el hermano de su novio fallecido, con quien empezará una relación, aún cuando este es homosexual.

Retrato de personajes que deciden aislarse y marginalizarse, Ozon logra una obra soberbia gracias a que decide centrar su cámara en la evolución de los personajes, en la forma en la que deciden abrirse sentimentalmente, moverse por impulsos y no por racionalismo. Pone el peso de la película, no en la estética, la fama de sus actores, la estructura, los giros narrativos, los temas tabú, sino en las actuaciones en sí, de un elenco joven y sólido.

Tanto Isabel Carré (Corazones) como Louis Ronan – Choisy, hacen un trabajo extraordinario, sutil. Ella, con su aspereza e inseguridad, luchando contra los fantasmas del pasado. Él, simbolizando la esperanza, el nuevo camino.

La naturalidad con la que ambos llevan las interpretaciones son el punto más fuerte de esta película que se llevó el premio especial del jurado en el Festival de San Sebastián.

Al igual que en Bajo la Arena, la playa y el mar son esenciales para delimitar a los personajes, pero a la vez para potenciarlos. Sin apelar a golpes bajos forzados, Ozon construye su mejor opus, basándose en un relato fluido, un cuento bien contado, dinámico, contemplativo, donde los personajes no son juzgados, y donde ciertas acciones tienen una respuesta coherente, necesaria.

Otro tema recurrente que ya expuso en Gotas que Caen… y El Tiempo que Queda, son los dilemas morales de la comunidad homosexual dentro de la sociedad, y la familia. En El Refugio, el mayor dilema es la capacidad que puede tener un hombre para suplantar a una mujer en el rol materno. Ningún estreno comercial está aislado de su contexto político, y la películas podría ser exhibida como buen ejemplo en el Congreso Nacional a propósito de la ley que aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adoptar chicos.

Bellamente fotografiada, pero nunca en un exceso de meticulosidad en la puesta en escena, el director logra conciliarse con seguidores y detractores, gracias a la austeridad, y la sencillez del discurso narrativo.

¿Estaremos frente a un nuevo cineasta, que ha crecido, que ha pasado los tiempos de rebeldía y adolescencia para reflexionar sobre las consecuencias de traer una criatura al mundo, pero sin temer a que la misma salga volando por encima de los tejados parisinos?

Habrá que juzgarlo a partir de sus próximos trabajos. Por ahora, El Refugio demuestra lo mejor de Ozon, lo más puro y obsesivo. 

 

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