SIN AIRE PARA TERMINAR LA CARRERA
El sobreviviente es todo lo que se espera de un tanque de su estilo; humor, acción, “crítica social”. En el mal sentido, cumple con todos los requisitos: personajes genéricos de reparto, la ausencia de suspense reemplazada por estímulos constantes y la certeza de un final feliz predecible. Incluye hasta un CEO genérico interpretado por un actor de prestigio como Josh Brolin como villano principal, chato, pura y cínicamente malvado porque sí; en fin, un cliché dentro de un guion con muchos lugares comunes.
Ubicada en una distopía de extrema subyugación social sostenida por una tecnocracia violenta y autoritaria, Ben Richards pierde su empleo y para salvar a su hija enferma y sacar a su familia de la pobreza, decide anotarse en un reality show donde los participantes son sujetos de una cacería humana con un único objetivo: aniquilarlos en vivo para las masas.
Ese universo está vagamente definido como un mundo extremo y maniqueo, donde los poderosos son constantemente y de burda forma malvados y agresivos, sostenidos por la manipulación y la distribución de la ira y el resentimiento social como mecanismo de control. Básicamente un apartheid actualizado a la contemporaneidad globalizada, la masa civil es una pieza central en el film dado que son invitados a participar de la cacería jugando el papel de buchones, así como también existe la posibilidad de estar del otro lado de la mecha y guardar silencio. La cuestión es el dinero, porque al haber recompensas en un mundo tan dispar y radical, el sentido común dicta buchonear, y gran parte de la masa tiene placer en participar del juego y expresar su encono con un sistema del que no se saben engranaje.
La película trabaja entonces en este universo a través de Richards, y serán sus acciones y su forma de sobrevivir las que imbuirán de moral a sus alrededores. La tecnocracia construye imágenes falsas, televisa constantemente las persecuciones, inventa noticias y de esta manera mantiene al público ávido de basura alimentado. Presentan a Richards como un criminal, a su familia como una especie de parásito, y el público lo cree. Ahora, la manera en la que están escenificados estos elementos del film, a saber: el público, el CEO, el presentador interpretado por Colman Domingo, todo lo que es la institución de propaganda tecnocrática…la manera en que estos elementos están tratados es vaga, grosera, genérica, poco definida a través de los personajes y muy pobre a la hora de elaborar una mirada y una posición sólidas respecto de la masa recalcitrante y el ejercicio del control y el poder.
Es decir, operando de esta manera, la película no usurpa los elementos de género (ciencia ficción, acción) para ocupar su lugar de tanque y proceder con un film operativamente crítico y funcional. Pretende ser eso pero se queda, meramente, en la forma y los elementos dados de un tanque de su género, características de producción, época (muy importante; películas que ingresan en esta misma fallida representación crítica de la tecnocracia: Alien: Romulus (2024), Depredador: Tierras salvajes (2025), Jurassic World: Renace (2025), Camina o muere (2025), esta última también sobre un libro de King). Y lamentablemente así ocurre también con la figura del autor y Edgar Wright. Son muy pocos los reconocibles momentos en que se imprime el sello tanto en la dirección como en el guión de un director con un estilo reconocible y que ya realizó con éxito múltiples films de los géneros aquí presentes.
Ahora, ¿qué salva a El sobreviviente de ser una película únicamente mala, como su CEO berreta? El mismo Edgar Wright. Los momentos en que su mano es clara son las intervenciones y aspectos destacables de un film que en otro caso sería olvidable, un bien de canje de poca vida útil.
Un ejemplo de esto es la manera en que aprovecha a Glen Powell y su carisma para sacar una interpretación emotiva pero socarrona del protagonista Ben Richards. Es un tipo entrañable, y uno desea que de inmediato empiece a repartir tiros y venganza contra los artífices de semejante atrocidad. Por supuesto, queda un tanto relegado a mera parodia el rol del público y específicamente el del espectador, estupidizado, parte del sistema, personificados en los civiles que lo ven correr y deciden llamar o acusarlo; no hay profundidad en un aspecto muy relevante para la película. Así y todo, Richards va formándose como héroe de manera entretenida, con algunas situaciones más interesantes y mejor construidas que otras. El personaje de Michael Cera es un ejemplo de esto; aporta a la trama de forma paródica pero tomándose en serio la importancia en su accionar a una persona que investiga, un poco obsesivamente, y está listo para ayudarlo a escapar. El estilo construido por los diálogos, la actuación y el rostro particular de Cera, el dinamismo de la secuencia que comparten como dúo heróico por un rato son claros retornos a elementos del cine de Wright, que hacen propia una película en donde todos los demás aspectos son, sí, entretenidos pero no mucho más que eso, y en repetidas ocasiones resulta en cliché y una predecibilidad tolerable, excepto por el final: Richards, de forma innecesaria y para mantener contenta a la masa menos avispada, aparece de la nada, no habiendo sido sacrificado realmente para ser el mártir que empuje una lucha de independencia. Asesina al CEO malvado, la gente se despertó, y el héroe… se marcha vivo.
Una entrada irregular en la filmografía de Wright, amplificada por ecos de su marca autoral y por la actuación de Powell, su apariencia, su actitud, sus gestos y su delivery de líneas con los que compra al público y empuja la película adelante. Intenta ser “anti”, pero traiciona el principio por el cual invoca una mirada activa y un llamado a la acción, tanto en su tratamiento del sacrificio de Powell como del rol de los que se alimentan y alimentan a la máquina; el mal parece claro pero es en realidad tratado de forma muy abstracta y superficial, dejando chueco el balance del bien, el mal, la acción y lo moral.
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(Reino Unido, Estados Unidos, 2025)
Dirección: Edgar Wright. Guion: Michael Bacall, Edgar Wright. Basada en la novela de Stephen King. Elenco: Glen Powell, Alyssa Benn, Sienna Benn, David Zayas, Josh Brolin. Producción: Simon Kinberg, Nira Park, Edgar Wright. Duración: 133 minutos.








