NO FUI HECHO PARA ESTOS TIEMPOS
Es realmente increíble el desprecio con el que tanto crítica como público recibieron Ella McCay, la primera película de James L. Brooks en 15 años. De hecho, fue de aquellas películas que llegan malditas desde el vamos: cada tanto Hollywood decide que una película es mala antes de haber sido vista por nadie, y algo así sucedió con Ella McCay. Luego, la crítica la trató bastante mal, el público la tomó de punto e incluso hubo un challenge en Internet que consistía en sacarse una foto reproduciendo la pose de Emma Mackey en el afiche de la película. Algo más bien inofensivo, sí, pero basta con entrar a las reseñas de esta película en Letterboxd para leer las cosas más insólitas (la última gran película que tuvo este tipo de recibimiento, al que se le sumó un boicot muy pero muy ridículo, fue Scream 7). Hubo una reseña que me llamó especialmente la atención, y es la segunda con más likes en aquella red social. La escribe un tal “Jake”, que le pone una estrellita y media, y en un momento dice que “está ambientada en 2008 sin motivo aparente”, lo cual denota que la gente ya no presta atención a las películas, porque si hay algo no solo aparente, sino directamente obvio, es la razón por la cual la película transcurre en el año 2008. Diablos, hasta la narradora de la película (la espectacular Julie Kavner con su inconfundible voz de Marge Simpson; ¡vean Los Simpson en idioma original que es lo más grande que hay!), mano derecha de la protagonista, explica el porqué de esa decisión apenas empieza la película: si bien lo que narra Ella McCay es una utopía, no habría manera de que lo que sucede en la película fuera siquiera mínimamente factible en un presente como el nuestro; hay que ir un poquito al pasado (hacia “una época en la que no nos odiábamos unos a otros”, dice Kavner en su narración) por cuestiones de verosímil.
Pero este presente que nos toca vivir volvió a todo el mundo más cínico que de costumbre, y tal vez sea por eso que una película como esta es rechazada de plano. El hecho de que se trate de una película sobre una persona que quiere hacer las cosas bien desde la política pareciera ser, para muchos, hasta risible. También el tono de la película, que es capriana en su espíritu y sus tópicos y lubitschiana en sus formas, y todo el tiempo remite a ese Hollywood de los años ‘30, pareciera resultar demasiado para el espectador actual. Pero vaya si la película funciona: Brooks construye grandes personajes, acompaña a quienes cree que merecen ser acompañados (la propia Ella, claro, pero también su tía Helen -una extraordinaria Jamie Lee Curtis-, su hermano Casey, a quien le reserva una subcomedia romántica dentro de esta gran comedia que tiene su clímax una bellísima escena en el departamento de la chica que le gusta) y no hace concesiones con otros (hay un par de apuntes brillantes sobre lo sano de no perdonar que destruyen la idea de que se trata de una película ingenua). Brooks expone una mirada sobre el mundo que, justamente en tiempos como este, resulta más oportuna que nunca. Ella McCay es una comedia brillante (hay un gag perfecto y extrañísimo que incluye a varios personajes dormidos ante un discurso de Ella McCay y, entre ellos, a una mujer a quien se le cae un hilo de baba espectacular) pero, a la hora del dolor, también demuestra ser sabia: en uno de los varios flashbacks que incluye la película vemos a Ella y Casey, quien en esa época era un niño, llorando por su madre en su velatorio, encerrados en una habitación. La escena logra reflejar ese duelo y transmitir emoción genuina a pura sutileza, sin los chantajes emocionales a los que nos tienen acostumbrados las películas buscapremios.
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(Estados Unidos, 2025)
Guion, dirección: James L. Brooks. Elenco: Emma Mackey, Jamie Lee Curtis, Albert Brooks, Spike Fearn, Woody Harrelson, Rebecca Hall, Julie Kavner. Producción: Julie Ansell, James L. Brooks, Richard Sakai, Jennifer, Simchowitz. Duración: 115 minutos.


