A Sala Llena

Espejos Circulares

 

Espejos Circulares

Dirección: Javier Daulte. Dramaturgia: Federico González Del Pino, Fernando Masllorens basada en el texto de Annie Baker. Producción: Pablo Kompel. Escenografía: Alicia Leloutre. Vestuario: Mariana Polski. Elenco: Soledad Silveyra, Boy Olmi, Victoria Almeida, Andrea Pietra, Jorge Suárez. Prensa: SMW.

Terapia Compartida

No siempre la pasión artística es el motivo para empezar a estudiar teatro. Cuando uno comienza un curso de actuación, la meta no es la representación, sino hacer un tipo de catarsis a través de ejercicios, juegos, interpretaciones.

De hecho, generalmente, el primer año, las primeras clases teatrales no difieren demasiado de una sesión de psicodrama.

Espejos Circulares, la nueva obra de Daulte, que salta definitivamente del teatro alternativo al teatro comercial de la calle Corrientes nos mete dentro un taller de actuación de 6 semanas, donde los personajes deben dejar salir sus miedos, sus secretos, sus penas, sus ideas más radicales a través de ejercicios de actuación que desnundan su ideología, sus más oscuras fantasías, rencores y reproches.

De esta forma tenemos a un matrimonio compuesto por Soledad Silveyra y Boy Olmi, que simbolizan la pareja perfecta: ella da las clases, él es un alumno más. Por otro lado la tenemos a Teresa, (Andrea Pietra), a un hombre histérico (Jorge Suárez) y la joven adolescente (Victoria Almeida).

Este abanico de personaje permite analizar la dicotomía de los seres humanos, la hipocresía, el deseo oculto y como afloran los sentimientos, contradicciones a través de representaciones escénicas, dentro de la representación escénica en general.

El texto proviene de “Circle Mirrors Transformation” de Annie Baker, una joven dramaturga de Broadway que en poco tiempo se ha convertido en una de las sensaciones del nuevo teatro estadounidense.

La estructura por supuesto, es circular y ahonda en como los seres humanos somos personas de costumbres, un poco previsibles, pero a la vez necesitados de respuestas básicas: por ejemplo, ¿qué somos? ¿por qué estamos aquí? ¿con quien compartimos nuestras vidas?

Daulte incorpora al espectador a la clase de Susy, gracias a un gran despliegue de los personajes en escena, diálogos fluídos y naturales, dinamismo en las entradas y salidas, una puesta escenográfica realista, llena de elementos y objetos circulares.

Los personajes provocan empatían, generan aun con sus contradicciones, cierto cariño, relacionado con la forma en que nos identificamos con los miedos infantiles que representan, con el pasado que deben dejar salir, en la forma en que dirigen esas manifestaciones y las ven proyectadas en los otros personajes.

Es una obra simpática, honesta, inteligente. Soledad Silveyra logra transmitir una calidez y una frialdad magnífica. Conserva una energía envidiable y un magnetismo escénico absoluto. A la vez, también vale la pena destacar la versatilidad de Jorge Suárez, la velocidad en que cambia sus actitudes, la gracia innata, y la facilidad con que lleva a su personaje a extremos impredecibles. La más joven del elenco, Victoria Almeida es una revelación increible. Enfrenta a verdaderos monstruos de la escena con sutilezas de gestos, expresividad contenida, pero también con actitud. Su personaje va ganando protagonismo a medida que avanza la obra, permitiendo que vayamos conociéndola paulatinamente.

Andrea Pietra, deja atrás los personajes más oscuros y duros que ha interpretado en el pasado en cine y televisión, encarando a esta Teresa en forma dulce, sensual, pero a la vez con una inocencia maliciosa que genera momentos hilarantes. Por último Boy Olmi, quien le tocó en suerte, quizás el personaje menos trascendental de la obra, consigue una interpretación natural, sencilla, pero adecuada.

Sin dudas, es el elenco el mayor soporte de la obra, y la fascinante magia y experiencia que le transmiten a sus personajes, la pasión para actuar, y seguramente por haber vivido situaciones similares.

Quizás la obra peca de abusar de algunos recursos como los apagones escénicos y de tener una estructura previsible, pero el final es tan soberbio, que estos aspectos más técnicos quedan olvidados.

Divertida y dinámica, son 100 minutos que se pasan a toda la velocidad. Para reíse de uno mismo, reflexionar acerca de la manera en que uno representa el papel que le tocó en la vida cotidianamente, y de cómo la expocisión artística es un espejo de nuestros sentimientos.

Teatro: Paseo La Plaza – Sala Pablo Picasso – Corrientes 1660

Funciones: Domingos, Miércoles y Jueves 20:30 hs – Viernes 21 hs – Sábados 20 y 22 Hs

Entrada: Desde $100

 

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