A Sala Llena

Éxodo: Dioses y Reyes, según Emiliano Fernández

La revolución monoteísta.

La primera incursión de Ridley Scott en el terreno de los relatos bíblicos en realidad posee muchos puntos en común con sus otras epopeyas de época, léase Gladiador (Gladiator, 2000), Cruzada (Kingdom of Heaven, 2005) y hasta Robin Hood (2010): hablamos de obras caracterizadas por un anclaje preciosista, una construcción formalmente tradicional, la relectura respetuosa de motivos clásicos del cine de aventuras y una severidad narrativa que parece maldecir en cada fotograma la estupidez del Hollywood contemporáneo y su dependencia para con mamarrachos individualistas basados en los CGI. Así las cosas, tanta ambición funciona como un bálsamo que inyecta vitalidad a una industria empobrecida.

Sin dudas uno de los elementos determinantes en el rejuvenecimiento del señor pasó por la estrategia de distanciarse de Russell Crowe, en lo que fue una sociedad relativamente eficaz aunque agotada en su última etapa. La propuesta es el eslabón final de un tríptico que nos retrotrae a los mejores momentos de su carrera y que comenzó con las maravillosas Prometeo (Prometheus, 2012), su gran regreso al horror de ciencia ficción, y El Abogado del Crimen (The Counselor, 2013), un film noir irreverente y de una enorme riqueza conceptual. Éxodo: Dioses y Reyes (Exodus: Gods and Kings, 2014) es de alguna manera la culminación de un periplo glorioso orientado a garantizar continuas sorpresas expositivas.

No obstante esta imprevisibilidad hoy está un poco atenuada porque desde el vamos todos sabemos que estamos ante una crónica centrada en Moisés (interpretado por un impecable Christian Bale): el título de por sí establece el “tope” de la trama, sólo restaría aclarar que la historia comienza cuando el susodicho aún es príncipe tácito de Egipto, a la par de su hermanastro Ramsés (Joel Edgerton). Más allá de las libertades del guión de Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steven Zaillian, aquí lo verdaderamente fascinante es la tesitura -tan paciente como meditabunda- a partir de la cual Scott traduce en imágenes la lógica del destierro, las revelaciones, la lucha fraternal y el lúgubre azote de las diez plagas.

El proceso de humanización de Moisés y Ramsés, alejado de las caricaturas del mainstream de nuestros días, hace posible el apuntalamiento de personajes contradictorios que parecen prisioneros de su contexto inmediato y el cúmulo de acontecimientos sociales. Éxodo: Dioses y Reyes iguala en crueldad a las huestes del Faraón y Jehová, emparejando sin pudor un sistema esclavista con la locura homicida de la divinidad hebrea. De hecho, otro de los factores principales en lo que respecta al éxito del convite abarca el haber comprendido que el objetivo por antonomasia de la fábula bíblica del peregrinaje es ilustrar la triste victoria del monoteísmo y su arrogancia por sobre la multiplicidad religiosa de la Antigüedad…

calificacion_4

Por Emiliano Fernández

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