A Sala Llena

La Chica del Dragón Tatuado, según Nuria Alvarez Silva

No leí el libro de Stieg Larsson. No por falta de interés sino porque simplemente estuve leyendo otras obras. Por otra parte veo o intento ver mucho cine, ya sea por derecha o por izquierda, y fue así como llegué hace un buen tiempo y vía internet, a una película de origen sueco llamada Los Hombres que no Amaban a las Mujeres, dirigida por Niels Arden Oplev.

Un filme sombrío con una trama compleja y repleta de giros, protagonizada por dos personajes antagónicos a la vez que semejantes, el periodista Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander (en este caso Michael Nyqvist y Noomi Rapace respectivamente). La película me sorprendió gratamente, y al enterarme del inminente estreno de La Chica del Dragón Tatuado temí una remake, como sucediera con la maravillosa Criatura de la Noche (Let The Right One In) de Tomas Alfredson. Pero no fue así y, retomando lo expresado al comienzo, el filme de David Fincher me pareció más una readaptación del libro original que una remake de la película de Oplev, y estas son buenas noticias para aquellos que se encuentran en mi misma posición, aunque no podría afirmar lo mismo para quienes hayan leído el texto de Larsson.

Teniendo en cuenta a su vez que seguro habrá muchos individuos entre el público que no hayan accedido anteriormente a la historia en ninguna de sus formas, he aquí una sinopsis: el periodista Mikael Blomkvist (Daniel Craig) es contratado por para hallar a una mujer desaparecida unos 20 años atrás. Su empleador resulta ser el tío de la joven, Henrik Vagner (Christopher Plummer) quien afirma tener la certeza de que la misma fue asesinada, y señala a la propia familia como la principal sospechosa del misterioso hecho. A su vez los Vagner contratan a Lisbeth Salander (Rooney Mara), una hacker con un pasado oscuro y que fuera recluida a los 12 años dentro de una institución psiquiátrica, para que investigue cada movimiento de Blomkvist.

Quizás los créditos iniciales, con una estética bastante industrial sobre un furioso cover del clásico The Immigrant Song de Led Zeppelin, generen la falsa expectativa de un filme ultra violento, cuando en realidad (y en esto coincide bastante con la primera versión) la violencia se encuentra más implícita que explícita, y considerando la duración de la película, son pocas las escenas de contenido violento y éstas en su mayor parte de índole sexual. La puesta en escena es efectivamente sombría pero lo que resalta aún más esta característica es el montaje, a cargo de Kirk Baxter y Angus Wall (quienes ya trabajaran con Fincher en películas como El Curioso Caso de Benjamin Button y La Red Social) acompañada por una música compuesta por el integrante de Nine Inch Nails, Trent Reznor, autoridad máxima de la música industrial, que termina de completar esta maquinal estética y rítmica que en el fondo respira aún más viva que la versión sueca.

Las diferencias que podríamos notar entre una versión y otra es que quizás Fincher, fiel a su estilo, nos presenta una versión algo más visceral de la historia, tanto en sus puntos oscuros como en sus puntos más sensibles. El director pareciera querer resaltar las emocionalidades de los personajes, y aunque con esto no quiero decir que Los Hombres que no Amaban a las Mujeres sea fría, en este caso pareciera haberse puesto una lupa sobre aspectos que en aquella no. De hecho, la versión de Oplev me resultó más elíptica, incluso con la ausencia de algunos personajes que forman parte importante en la trama de la recién estrenada.

Los personajes principales se presentan mucho más emocionales, lo que los contrasta aún más con el resto de las figuras. Daniel Craig como Blomkvist se muestra algo más iracundo o irrisible, además de explotar su costado de sex symbol maduro, algo que no ocurre en absoluto con Michael Nyqvist (o al menos yo no me enteré). Rooney Mara, la nueva Lisbeth, tiene una estética mucho más marginal como también así todo su entorno, sin embargo en este caso creo que funciona mucho más la interpretación de Noomi Rapace, con una Salander más temerosa que agresiva y más retraída que provocadora. Con esto no quiero desmerecer el trabajo hecho por Mara, pero evidentemente algunos cambios en la imagen, sobre todo en la mirada que originalmente se trataba de unos espléndidos ojos negros resaltados constantemente por una luz de ojos que les otorgaba cierto aire de inocencia, ahora son claros, fríos y de cejas decoloradas, modificando el espíritu del personaje, aunque no podría afirmar cuál de las dos se acerca más a la Lisbeth del libro.

La relación entre ambos protagonistas también está mucho más explotada en La Chica del Dragón Tatuado, y esto podría afirmarlo tomando en cuenta un final que se extiende (quizás un poquito de más) para cerrar con un plano que hace hincapié en el sentimiento que los une. Para ir cerrando considero que ambas versiones son muy recomendables, que aquellos que hayan visto la versión sueca no se van a sentir defraudados por la versión americana, y que lo más positivo que he sacado de la experiencia son las ganas que me dieron de leer de una buena vez el libro.

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