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CRÍTICAS - STREAMING

La gran noche del pop (The Greatest Night in Pop)

GENTE TRABAJANDO
La gran noche del pop es un documental sobre la grabación de la canción “We are the world”. O más específicamente sobre su preparación, grabación en estudio y repercusión posterior. Caminar por ese terreno puede tener sus trampas y sus beneficios. Del lado de los beneficios el más obvio es la excepcionalidad de su evento, sobre todo si se cuenta con el material de archivo interesantísimo que tiene esta película. Estamos después de todo en la década del 80 y un día increíble donde estuvieron en un solo estudio de grabación, concentrados todos, leyendas vivas de la música como Michael Jackson, Paul Simon, Ray Charles, Bruce Springsteen, Stevie Wonder, Quincy Jones, Tina Turner, Diana Ross y Bob Dylan. Pero también entramos en el terreno donde puede llegar a filtrarse cierta tentación por una exaltación de la bondad o -lo que es peor- o la pornomiseria que puede llegar a resultar irritante y hasta desagradable.

Lo señaló en algún momento Serge Daney, en su célebre artículo “El travelling de Kapó”, donde se mostraba horrorizado por el montaje paralelo del videoclip que pasaba de cantantes millonarios a imágenes de chicos desnutridos en África. Con más capacidad de síntesis y espíritu sarcástico, Frank Zappa decía que la letra de “We are the world” le parecía mucho más ofensiva que cualquier lírica grosera de la música punk y heavy metal por tratarse de una celebración asquerosamente autocomplaciente.
Es tentador pensar que “We are the world”, como tantos otros conciertos a beneficio, tiene un costado aberrante. Series como South Park o algunas películas de Buñuel criticaron más de una vez las trampas que pueden esconder los espíritus solidarios y la bondad impostada. Pero en algún punto esas miradas no tienen que ser tomadas como una verdad revelada y pueden también relativizarse.
Hay una escena de La gran noche del pop que puede funcionar como respuesta a este tipo de acusaciones. Se trata del momento en el que Bob Geldof, conocido por ser uno de los organizadores del Live Aid, comienza a hablarle a los cantantes sobre la importancia de esta canción y las condiciones de precariedad en la que viven las personas de África. Hasta ese momento los músicos estaban charlando plácidamente, algunos de ellos incluso sorprendidos de encontrarse frente a frente con colegas que admiran (la parte de la firma mutua de autógrafos es extraordinaria). Sin embargo, cuando Geldof habla del tema que los convoca, estos mismos artistas lucen un rostro serio, incluso avergonzados por haberse tomado las cosas hasta ese momento tan a la ligera.
Hay que mirar la escena con demasiado cinismo para pensar que hay allí algo de impostura, y que la intención de esos artistas era pura y exclusivamente la autocelebración de la bondad. Más bien parece algo tan sencillo como un grupo de seres humanos sintiendo empatía por una situación terrible y convencidos de que su condición de celebridad puede hacer algo para solucionar, aunque sea levemente, esa situación alarmante. Lo que ayuda también a que lleguemos a esa conclusión sencilla es que el enfoque que da el documental consiste en despojar a estas celebridades de todo divismo.
En este sentido una de las cuestiones más curiosas de “We are the world” es la insistencia en remarcarnos que en el fondo lo que vemos acá no son más que profesionales tratando de hacer su trabajo lo mejor posible. De hecho, los picos más altos de esta película están en los registros de los cantantes viendo si pueden alcanzar tal o cual tono, o temerosos ser opacados por tal o cual cantante, o agotados tras horas y horas de sesiones. Son momentos extraordinarios donde la película muestra una fascinación por ver a gente tener una necesidad tan sencilla como la de hacer bien su trabajo.
Uno de los casos más notorios de esto sucede en las escenas referentes a Bob Dylan. Es conocida (de hecho es una imagen viral), su expresión ida y poco entusiasta durante la grabación de “We are the world”. Sobre esto hay todo tipo de especulaciones. Desde uso de drogas, hasta un desinterés real por el proyecto (años después por ejemplo, Dylan diría que la letra de “We are the world” no lo convencía porque proponía que la gente podía salvarse sola).
Lo que la película insinúa de esta expresión es que esto pudo deberse  a un sentimiento de intimidación por estar rodeado de voces extraordinarias mientras él es un caso rarísimo de un cantante extraordinario con una voz fea.
Esta propia inseguridad de Bob Dylan se cristaliza en el notable registro del momento en el que tenía que cantar frente a un micrófono solo. Allí puede verse al cantante trastabillar por no saber como decir su línea primero, y ayudado por Stevie Wonder a encontrar el registro después.
No deja de ser impresionante ver al que quizás sea el más legendario e importante músico de ese grupo necesitando ayuda y comportándose tímidamente frente a sus colegas. Pero justamente parte de la gracia de “We are the world” está en mostrarnos a estas superestrellas mostrando falencias de lo más esperables en cualquier otra persona.
En algún punto es como si La gran noche del pop jugara con el propio concepto de “We are the world”. Si Daney decía que el videoclip mostraba groseramente la diferencia entre los multimillonarios y los desnutridos, este documental se encarga de mostrar que estas superestrellas son al fin y al cabo parte del mundo, sintiéndose ni más ni menos que cualquier otro mortal.
Por supuesto que para llegar a esas conclusiones quizás haya habido más recortes de lo que a uno le gustaría admitir. Es complicado pensar que haya habido tanta abundancia de humildad en tantas superestrellas conviviendo juntas.
Después de todo, La gran noche del pop no quiere dejar de ser una película celebratoria de una canción y una propuesta solidaria. De ahí que omita algunos factores que podrían haber opacado esta celebración (nada dice aquí Cindy Lauper, por ejemplo, de que la canción le parecía propia de un comercial de una gaseosa). Pero quizás estas mismas omisiones nos hacen ver la astucia de este film.
Quizás, aún sin ser ningún hallazgo en el terreno documental , hay más inteligencia en La gran noche del pop de lo que uno cree.

(Estados Unidos, 2024)

Dirección: Bao Nguyen. Con la participación de: Lionel Richie, Harry Belafonte, Quincy Jones, Cyndi Lauper, Bruce Springsteen, Kenny Loggins, Huey Lewis, Dionne Warwick, David Byrne, Dan Aykroid, Ray Charles, Bob Dylan, Michael Jackson, Madonna, Bette Midler. Producción: Bruce Eskowitz, George Hencken, Laary Klein, Lionel Richie, Julia Notthingham, Harriet Sternberg. Duración: 96 minutos.

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